
Foto: Tomada de Internet
Desde su infancia, Yayoi Kusama (1929-2026) experimentó extrañas visiones y alucinaciones que, quizá, resultaron incomprensibles para otros, pero en las que encontró una vía para sanar sus afecciones y comprender mejor el mundo. Fallecida este 14 de agosto en Tokio –aunque la noticia no trascendió hasta el 27 de agosto–, fue considerada una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo y de su país. De su trayectoria, también se destacan las incursiones en el performance, la ficción, la moda y la poesía.
Sus primeras obras reflejaron el caótico estado de Japón tras la Segunda Guerra Mundial, donde destacó el uso improvisado de los materiales. En aquella época, dada la imposibilidad de conseguir pinturas y óleos, Kusama experimentó con materiales corrientes mezclados con arena, y sacos de semillas en sustitución de los óleos. A principios de los años 50, desarrolló obras sobre papel con técnicas como tinta, pastel, acuarela y témpera; variaban en su contenido, pero a menudo incluían formas abstractas que remitían a elementos de la naturaleza: huevos, semillas, árboles, flores.
Hacia 1958 se trasladó a Nueva York, abriéndose camino como una figura clave de la vanguardia, aunque no exenta de las dificultades que implicó emigrar a un nuevo país, con una cultura y hábitos diferentes. Su carrera, marcada por la constante experimentación y ruptura de esquemas, alcanzó la fama mundial con sus Infinity Nets (Redes infinitas): inmensas telas abstractas compuestas por miles de pinceladas diminutas que simulaban mallas perforadas.
Otra de sus obsesiones fue la representación del espacio infinito. En 1965 creó la primera de sus Infinity Mirror Rooms, titulada Infinity Mirror Room-Phalli’s Field, que se presentó en la exposición Floor Show en la Castellane Gallery de Nueva York. La instalación, una habitación forrada de espejos que reflejaban cientos de figuras fálicas de tela, fue un punto de inflexión en su carrera. A lo largo de su vida, creó más de 20 salas de espejos, convirtiéndolas en uno de los sellos más reconocibles de su obra.
En esa década, desarrolló performances provocadores que combinaban el activismo contra la Guerra de Vietnam con el desnudo y la pintura corporal con lunares. En 1966 presentó
Narcissus Garden en la Bienal de Venecia, una instalación de cientos de esferas espejadas que vendía a los visitantes y que se convertiría en una de sus intervenciones más míticas. No es hasta 1973 cuando regresó a Japón; años antes, experimentó allí el fracaso de sus performances desnudos ante el conservador público de Tokio.
Dificultades económicas y la agudización de sus trastornos mentales la llevaron a internarse voluntariamente en 1977 en el hospital siquiátrico Seiwa, en la capital japonesa, que se convirtió en su hogar permanente. La calma de esta nueva vida le permitió lanzarse a la producción literaria, y publicó numerosas novelas, colecciones de poesía y una autobiografía. En ese paréntesis de casi 30 años –pues no volvió a crear grandes instalaciones hasta finales de los 90– se dedicó a pintar con renovado vigor y a la creación escultórica.
Los bríos del siglo xxi le otorgaron el reconocimiento mundial: una de sus pinturas llegó a venderse por 10,5 millones de dólares en 2022; bajo un acuerdo de colaboración con Louis Vuitton, sus diseños adornaron bolsos y accesorios de lujo. La colaboración, que se concretó en una colección lanzada en enero de 2023, fue la segunda entre la artista y la maison francesa, que ya habían trabajado juntos una década antes. Hoy, sus obras se exhiben en los museos más importantes del mundo y, desde 2017, cuenta con su propio museo en Tokio.
El próximo 11 de septiembre se inaugurará una retrospectiva histórica en el Stedelijk Museum de Ámsterdam, que reunirá más de siete décadas de su producción artística. La exposición, que estará abierta hasta el 17 de enero de 2027, incluirá pintura, escultura, instalaciones, dibujo, moda, collages y happenings. Concebida originalmente como una muestra en vida de la artista, tras su fallecimiento se ha convertido en un homenaje póstumo. La retrospectiva, que ya se presentó en la Fondation Beyeler de Basilea y en el Museum Ludwig de Colonia, incluirá obras históricas nunca antes vistas en Europa junto a algunas de sus piezas más célebres y obras creadas específicamente para la ocasión.


