
Foto: tomada del libro por siempre vilma

Normal
0
false
false
false
EN-US
X-NONE
X-NONE
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:»Tabla normal»;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-priority:99;
mso-style-parent:»»;
mso-padding-alt:0in 5.4pt 0in 5.4pt;
mso-para-margin-top:0in;
mso-para-margin-right:0in;
mso-para-margin-bottom:8.0pt;
mso-para-margin-left:0in;
line-height:107%;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:11.0pt;
font-family:»Calibri»,sans-serif;
mso-ascii-font-family:Calibri;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-hansi-font-family:Calibri;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;
mso-bidi-font-family:»Times New Roman»;
mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}
Cada 18 de junio, la memoria de Cuba se inclina ante la partida física de Vilma Espín Guillois, ocurrida en 2007.
Nuestro pueblo evoca su legado. ¿Cómo olvidar a aquella mujer, nacida en la indómita Santiago, una de las dos primeras cubanas en graduarse como ingeniera química, clandestina, guerrillera del Segundo Frente Oriental, fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas (fmc), promotora de empleos y creadora de los círculos infantiles?
Su trayectoria basta para reconocer que Vilma no fue una heroína que habló desde la palabra vacía, sino con los hechos, desde la empuñadura del fusil hasta la ternura más honda. No solo redactó documentos y repartió abrazos: coordinó apoyos para la Sierra desde una casa convertida en cuartel general y, luego, presidió comisiones de atención social desde la Asamblea Nacional. Por eso, Vilma Espín –eterna combatiente del llano y la montaña– sigue más viva que nunca en cada batalla que las cubanas libramos por la igualdad.
Hoy, cuando la Patria enfrenta un contexto económico feroz, agravado por el bloqueo genocida de Estados Unidos, los retos de la mujer cubana adquieren nuevas dimensiones.
Vilma lo sabía: la emancipación no era un punto de llegada, sino una marcha ininterrumpida.
Nos enseñó que proteger la infancia es proteger el futuro. Impulsó los círculos infantiles para liberar nuestro tiempo; hoy urge también profundizar en la corresponsabilidad familiar, derribar estereotipos machistas y aliviar la fatiga que impone una economía de guerra. «La Revolución dentro de la Revolución», como llamó Fidel a la obra de Vilma, no ha terminado.
Vilma nos legó la audacia de ocupar todos los espacios. Desde la ciencia hasta el sector privado, pasando por el activismo comunitario. Era del criterio de que la mujer cubana debía tomar la posta sin pedir permiso.
Tampoco, en materia de violencia de género, todo está resuelto. El acoso, el micromachismo y la violencia doméstica duelen en una sociedad que se quiere justa. Vilma combatió el patriarcado desde la fundación de la fmc. Hoy sus herederas exigen leyes más efectivas, educación no sexista desde la infancia y redes de apoyo sólidas.
Aunque el país tiene altos índices de parlamentarias, aún falta presencia femenina en consejos de dirección y en instancias económicas claves. Su ejemplo nos llama a aspirar a todo.
Evocar a Vilma en el aniversario de su muerte es una hoja de ruta que invita a repasar cada conquista y a llevarla a un plano superior. Ella decía que si algún mérito tenía, era haber sido fiel a sus ideales. Por eso, recordarla implica asumir que la emancipación plena –aún incompleta– requiere voluntad política, participación activa y el compromiso de seguir desmontando, día a día, los nudos del patriarcado.
Desde los abriles que la vieron nacer hasta estos junios que la recuerdan, Vilma Espín nos sigue diciendo: «No se puede concebir la Revolución sin la emancipación de la mujer». Los retos son enormes, pero su ejemplo sigue marcando el rumbo.