Demasiado convulsos eran los tiempos que dictaban las dinámicas de 1961. La naciente Revolución cubana era mirada con lupa desde todos sus puntos y por todos los ojos. La intelectualidad, ávida de crear y con la capacidad de hallar, cuestionar y predecir, precisaba brújula, unión, guía.
Lo reconoció así Fidel Castro. Entre tantas urgencias de un país en constante ebullición, se sentó a dialogar con varias de sus voces — noveles y consagradas—, en junio de ese año. En la Biblioteca Nacional escuchó y fue escuchado. Desde allí, presentó al mundo Palabras a los Intelectuales, tan vigente 65 años después como en aquellas jornadas.
Fue esa la mejor de las antesalas para que, a los pocos días, sesionara en acalorados intercambios lo que se registra como el I Congreso de Escritores y Artistas. Tomó vida, en medio de aquellos análisis, la organización que, desde el 22 de agosto de 1965, le permite a su membresía intervenir en la construcción del país.

“Es la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) la primera organización que nace con la Revolución —comenta Carlo Figueroa, presidente del Comité Provincial de Sancti Spíritus—. Que haya ocurrido después de aquellos diálogos con Fidel establece un compromiso importante de nuestro gremio con el compromiso de hacer una obra en Revolución”.
Como los fundadores de la Uneac: Nicolás Guillén, su presidente por 25 años, Roberto Fernández Retamar, Lisandro Otero, José Lezama Lima, Argeliers León, Juan Blanco, Pablo Armando Fernández, José A. Baragaño, Alejo Carpentier, Harold Gramatges, Fayad Jamís, Luis Martínez Pedro, hoy el reto es darle vida a un
espacio de convergencia para la intelectualidad cubana que contribuye a solidificar la identidad cultural y nacional.
“Tiene que ajustarse —de hecho, lo hace cada vez más— a los tiempos de la Cuba actual, dinámica y en plena transformación, en medio de un sufrimiento colectivo por las huellas del genocidio por parte de Estados Unidos y de sus aliados”.
Y es que, desde su propia raíz, la membresía de la Uneac es faro de toda una nación. Acompaña procesos, alerta, media…
“Estamos en un momento de inflexión, de transformación, de crecimiento desde la raíz misma de la nación, de mirarnos hacia adentro, de hacer desde nuestras propias capacidades, y por supuesto, la organización no está ajena a eso. Por tal motivo, estamos en el proceso de crecimiento para el ingreso de nuevos artistas. Se le dedica al centenario de Fidel Castro y ese proceso nos va a permitir contar con creadores que hacen este país. Es un honor para la Uneac que formen parte de sus filas. Por supuesto, se vive desde el principio de la organización que es voluntaria, pero también selectiva y con rigor.
“Entre nuestras proyecciones, además de parecernos a la sociedad cubana, donde son necesarias las alianzas con el sector no estatal, tenemos una alta responsabilidad ya que nos corresponde velar por el cumplimiento de la política cultural”.
De la pequeña organización en 1961 hoy están las esencias, las ganas, el empuje y, sobre todo, el compromiso con los preceptos de Palabras a los Intelectuales.
“Formamos parte de las organizaciones que mantienen el espíritu de la nación. Hay que establecer más diálogos, más intercambios. La Uneac tiene que ser más proactiva, formadora y acercarnos a todos, no solamente al sector de la cultura, sino a todo el entramado social cubano.
“Quedó claro en el X Congreso de nuestra organización: la frase de ‘La cultura es la Patria’, de Fernando Ortiz, sigue siendo nuestra máxima y lo que nos acompaña en estos días”, concluyó Carlo Figueroa.

