Una mujer realizada en Pinar del Río
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Una mujer realizada en Pinar del Río

El próximo 23 de agosto, la Heroína del Trabajo de la República de Cuba, Edilia Fuertes Díaz, cumple 89 años. Sirvan estas líneas como felicitación y homenaje de los pinareños a su larga y productiva vida

Cuando entrevistas a una persona de más 80 años no esperas que estudiar figure entre las prioridades, pero la doctora en Ciencias Económicas Edilia Fuertes Díaz es una de las mujeres que deshace convencionalismos, porque para ella la vejez es dejar de hacer lo que ama, y la sed de conocimientos es una constante que ha marcado su existencia.

El próximo primero de septiembre arribará a 71 años de ejercicio de la docencia, de los cuales 50 han sido en la Escuela Provincial del Partido Abel Santamaría Cuadrado

Jubilada hace cinco años, se reincorporó nuevamente al claustro de la Escuela Provincial del Partido Abel Santamaría Cuadrado, en la que labora hace medio siglo y de la cual es fundadora.

En vez de descansar durante el periodo vacacional, centra sus fuerzas en preparase para los nuevos retos que enfrentará en septiembre con el reinicio de la actividad docente.

Asegura que las 176 Transformaciones Económicas y Sociales tienen ahora toda su atención. “Hay explicar eso. No todo el mundo entiende, ni yo tampoco. Como economista hay elementos que estoy buscando, dónde está el razonamiento, la teoría.

“A veces inventan muchas cosas para buscar la solución a los problemas que tenemos, pero se olvidan de que hay una teoría, que no la podemos aplicar como la aplicaron otros países: China, Vietnam. Eso me tiene estudiando.

“¿El pueblo entiende eso?, porque veo algo así como que lo están incrustando. Hay que seguir trabajando más la teoría, no es decir que estamos en socialismo, sino demostrar que estamos construyendo ese socialismo”.

LAS RAZONES

Esta mujer, que vive en un apartamento en un cuarto piso, con filtraciones en el techo que le imponen sacar agua de su casa cuando llueve, que sufre los apagones, aunque el sistema fotovoltaico que le vendieron como Heroína del Trabajo de la República de Cuba, mitiga en algo el impacto de los mismos, se enorgullece de seguir “fiel a mis principios”.

Y es que ella, nacida en el piso de tierra de un bohío de tabla de palma y guano, en una comunidad conocida como “El Cayo”, en el municipio de Candelaria, es la menor de una prole de cuatro hermanos que conocieron de cerca la pobreza. Su padre campesino y la madre analfabeta no generaban los ingresos suficientes para dar prosperidad a la familia.

Recuerda que la mayoría de las veces almorzaban boniato pilado con leche, porque tenían una vaca y los tubérculos los cosechaban ellos mismos. “Ese es el capitalismo que la gente quiere, pero yo no, porque lo viví”, fue en el hogar del progenitor, profundamente ortodoxo y seguidor de Eduardo Chibás, que adquirió sus primeras nociones políticas, esas que después perfiló como integrante del Movimiento 26 de Julio y que posteriormente consolidó como maestra voluntaria, alfabetizadora, integrante de la brigada Frank País y fundadora del Partido Comunista de Cuba.

En tiempos complejos, apuesta por seguir siendo útil. Desde su rol contribuye a la formación de decisores a diferentes instancias: “Cuando tú los ves después médicos, dirigentes, hasta del Comité Central, ministros, viceministros y dices, ese fue alumno mío, es algo que va haciéndote mejor y te estimula para estudiar y saber mucho más.” 

La búsqueda del conocimiento marcó su vida, desde pequeña los maestros sugerían a los padres que hicieran lo posible porque ella se superara. Se graduó como maestra de Primaria en la Escuela Normal de La Habana, sufriendo frecuentes cambios de domicilio y otras peripecias en esa época.

Años más tarde egresó como doctora en Pedagogía de la Universidad de La Habana, luego se licenció en Ciencias Sociales en la extinta Unión Soviética y en ese mismo país hizo su doctorado en Ciencias Económicas.

Confiesa que le gusta estudiar, investigar, buscar el porqué de las cosas, y precisa que solo desde ese entendimiento se pueden trasmitir los saberes.

LAS GRANDES OBRAS

Sin asomo de autosuficiencia, pero sí con gran complacencia, asevera que ha participado en las grandes obras de su tiempo: “Fui técnica municipal de la Campaña de Alfabetización en Candelaria; me casé en plena Campaña, porque todo el mundo no tiene la suerte que tuve yo de tener, durante ese tiempo, una madre como era la mía, analfabeta, pero entregada a sus hijos, y una hermana como la que tuve también. 

“Tengo una sola hija, que trabaja en Salud Pública y ella tuvo hijos por mí, tengo cuatro nietos y cuatro bisnietos. La bisnieta mayor es esa (señala a una ampliación fotográfica colgada en la sala), cuando tenía 15 años, ya tiene 21.

“Pude hacerlo todo porque mi madre y mi hermana, siempre se ocuparon de mi hija, de mí; cuando estaba en la montaña, no podía ir a la casa en siete semanas y ya yo me había divorciado”.

Sobre los amores confiesa que no ha sido muy afortunada, a la pregunta sobre el matrimonio responde “¿oficialmente?, me he casado dos veces, ninguno me duró cinco años” y reconoce “por esa misma vida de estar de un lado al otro, los hombres siempre buscan un acercamiento más…” y deja la idea suspendida en el aire, prefiere hablar de los que la apoyaron incondicionalmente, “mi madre nunca me abandonó”.

Recuerda su tránsito por las estribaciones de la Sierra Maestra en 1959 como maestra voluntaria, específicamente en San Pablo de Yao; la estancia en Mozambique como internacionalista, “en esos dos años no di clases, pero trabajé muy ligada a los compañeros de la embajada cubana, y al Frelimo (Frente de Liberación de Mozambique)”; en esa etapa, escribió dos textos para dejar constancia de la metodología y el proceso de formación, y lamenta no haber traído esos ejemplares consigo.

El magisterio es más que una profesión para esta mujer, es la manera en que concibe su existencia, enseñando; aunque su formación estuvo determinada por la accesibilidad: “Yo solo podía ir a la Normal, tenía 13 años o algo así cuando entré”, confiesa que a lo mejor se hubiese interesado por otra especialidad, pero durante el ejercicio surgió el amor y la vocación, sentencia: “Maestro es más que ser profesor”.

Explica el privilegio de trabajar con mentes jóvenes, de despertarles el ansia por el conocimiento, el amor a la patria, y puntualiza que a los niños hay que saber tratarlos, “como profesora he trabajado con personas mayores, es distinto por completo, tienes que ir en otra forma”. 

UN TÍTULO

Confiesa que, año tras año, sus compañeros y alumnos le vaticinaban que iba a recibir el título honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba “y yo les decía, ¿ustedes han visto los historiales que tienen esa gente? Eso era así, sobre todo en mi escuela”. 

La noticia llegó de forma sorpresiva: “Me llama por teléfono el gerente del Banco, dice, óigame, ¿por qué usted no ha venido por aquí a hacer el contrato? Le digo, ¿el contrato de qué? Dice, de un panel. Digo, si yo no he solicitado ningún panel. Yo no tengo dinero para comprar panel y me responde, como Héroe de la República, y yo: no, yo no soy Héroe de la República, insistió, venga por aquí y vamos a hablar”.

Comenta que llamó a la hija y le contó lo sucedido y ella le respondió “sí, mami. A mí me dijo uno de la CTC que tú eres Héroe”, pero Edilia es una mujer de hechos “eso nadie me lo ha dicho a mí, no puede ser”.

Ahora reconoce que eso la fue preparando. El acto de imposición lo define como algo muy emocionante, “allí no lloré, soy dura para llorar, pero antes, cuando confirmé, porque me dijeron, vas para La Habana, vas para hacer esto, te van a entregar esto, me provocó muchos sentimientos de alegría, pero al mismo tiempo de bienestar, de, no sé, de sentirme bien. Es verdad que tengo muchos años, pero me he sentido realizada. Esa es la realidad”.

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