El 30 de septiembre de 1954, en el lugar donde cayó asesinado el líder estudiantil Rafael Trejo, Fructuoso Rodríguez dio a conocer que José Antonio Echeverría Bianchi pasaba a ocupar la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Echeverría accedió al cargo tras la renuncia del vicepresidente y la graduación del presidente en funciones, Benigno Arbezú. Desde la máxima dirección estudiantil, el joven líder de Arquitectura fortaleció la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista y promovió la solidaridad con las causas sociales y políticas de Latinoamérica. Su gestión también impulsó la vida cultural en la Universidad de La Habana, con la organización de la Semana Sinfónica Universitaria, exposiciones de artistas como Wifredo Lam y ciclos de conferencias. Echeverría mantuvo la presidencia de la FEU hasta el 13 de marzo de 1957, cuando cayó en combate durante el asalto al Palacio Presidencial.
La fecha del 30 de septiembre quedó grabada en la memoria del movimiento estudiantil cubano. Cada año, la FEU escoge ese día para el ingreso masivo de los jóvenes que comienzan sus estudios superiores, en un acto que rinde tributo simultáneo a Rafael Trejo y a José Antonio Echeverría.
La historia de la Federación se renueva así con cada generación que se suma a sus filas, manteniendo vivo el legado de quienes, desde las aulas, apostaron por una Cuba más justa. Ese gesto de asumir la presidencia estudiantil en medio de la represión no fue un simple trámite organizativo: fue una decisión política que marcó el rumbo de la juventud universitaria y demostró que la Universidad podía ser un frente de combate por la dignidad nacional.
Para la Cuba de hoy, esa lección sigue interpelando a los jóvenes, la participación estudiantil no se agota en lo académico, sino que se extiende a la defensa de las causas justas, la solidaridad y el compromiso con la patria.



