Un ajedrez voluntarioso
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Un ajedrez voluntarioso

En el Capablanca de 2026, Cuba también cerró filas en torno a sus cinco olímpicos y la próxima cita de Samarcanda, en un torneo que mezcla tradición, cantera y urgencia competitiva


Hace pocos días, en más de una visita al emblemático Hotel Nacional, pude reencontrarme con la pujanza del ajedrez cubano. Allí se celebraba una nueva edición de los torneos Capablanca.

Quizás a no pocos lectores, como me ocurrió a mí, le hayan venido a la mente recuerdos recientes, incluida una larga entrevista de BOHEMIA (Jaques al comisionado), publicada no hace mucho en nuestra centenaria revista, fundada en el ya muy lejano año 1908.

Este torneo, creado en 1962 por iniciativa del Comandante Ernesto Che Guevara en homenaje a José Raúl Capablanca, es uno de los eventos internacionales más antiguos del continente. Su primera versión se jugó en el Habana Libre, con 22 concursantes de 12 países, y desde entonces ha sido escenario de normas, títulos y anécdotas integrantes de la historia del ajedrez.

Berdayes y el doblete

En esta edición, se creó el grupo Abierto (o Absoluto), en el cual sobresalió el Gran Maestro habanero Dylan Isidro Berdayes Asón. Con 2460 puntos Elo, cerró la prueba en la cima con 7 unidades de 9 posibles, y reafirmó su condición de figura ascendente del equipo nacional.

También se adjudicó el torneo Blitz (modalidad de ajedrez muy rápida, donde cada jugador dispone de 10 minutos o menos para toda la partida) completando un doblete confirmador de su excelente momento competitivo.

Medio punto por debajo, en el Abierto, el también cubano Jorge Roberto Elías Reyes (2508, el de mayor Elo del certamen) ocupó el segundo lugar por mejor desempate, seguido por Luis Lázaro Agüero Jiménez (2475), quien cerró el podio. La tríada nacional volvió a mostrar la solidez de la cantera en un torneo que suele reunir a numerosos jugadores de varios países.

Equipos definidos

En el apartado femenino, la actuación dejó señales alentadoras. La Gran Maestra Maritza Arribas terminó como la mejor ubicada entre todas las mujeres, seguida por las también GM Yaniela Forgas y Yerisbel Miranda, quienes completaron el trío más destacado. Las tres sostienen el núcleo cubano en la antesala olímpica.

Los cinco olímpicos –Lelys Martínez, Jorge Roberto Elías, Dylan Berdayes, Omar Almeida y Ermes Espinosa– se sentaron frente a los tableros con esa mezcla de responsabilidad y terquedad tan nuestra. Todos integran el equipo a la Olimpiada Mundial de Ajedrez, prevista del 15 al 28 de septiembre en Samarcanda.

La conformación de los conjuntos fue anunciada oficialmente a finales de marzo por la Federación Cubana de Ajedrez. En el masculino, el recién coronado campeón nacional Lelys Martínez encabeza la nómina, junto a Jorge Elías, Dylan Berdayes, Omar Almeida y Ermes Espinosa.

En el femenino, la experimentada Maritza Arribas lidera un equipo integrado por Yaniela Forgas, Yerisbel Miranda, Roxángel Obregón e Ineymig Hernández, todas con resultados sólidos.

La decisión de integrar los elencos con tanta antelación responde, según la federación, a las complejas circunstancias económicas del país y al apoyo financiero de la FIDE para asistir a la cita. Intervenir en los campeonatos nacionales es habitualmente un requisito; esta vez solo se pudo convocar el masculino, por lo cual en el femenino se valoraron, entre otros parámetros, las actuaciones en la anterior edición olímpica.

Hace dos años, en Budapest 2024, los equipos cubanos finalizaron con ubicaciones discretas: 46 en el abierto y 55 en el femenino. Hubo destellos individuales, pero el resultado dejó insatisfacciones. Samarcanda abre, por tanto, una nueva oportunidad para medir fuerzas con las principales potencias y recuperar espacios en el mapa olímpico.

Eco de las piezas

El Capablanca, más allá de los lugares, funcionó como un ensayo general. En él, los olímpicos se enfrentaron entre sí y a rivales extranjeros en un ambiente de torneo internacional, con ritmo de juego y presión semejantes a los por venir en Uzbekistán.

Además, el evento mantiene su tradición de abrirse a cientos de jugadores nacionales y foráneos, garantizador de un nivel competitivo alto y la posibilidad de lograr normas de títulos. No es casual que, en ediciones recientes, haya tenido ganadores de varios continentes.

La historia del torneo guarda nombres leyenda. El primer campeón, en 1962, fue el argentino Miguel Najdorf, seguido por el soviético Boris Spassky y el yugoslavo Lev Polugaevsky. Más tarde, el ucraniano Vassily Ivanchuk se convirtió en el gran dominador de la prueba, con seis títulos entre 2005 y 2012.

Esas páginas se escribieron en salones testigos de nuevas generaciones: el Habana Libre, el Riviera, el Nacional, sedes que parecen guardar el eco de las piezas sobre el fieltro.

En el Capablanca 2026, la presencia de los cinco integrantes del equipo olímpico en el Élite no solo elevó el nivel: permitió al público seguir de cerca la química del plantel antes de Samarcanda.

Cada partida fue un pequeño ensayo de la cita mundial: la necesidad de sumar de manera consistente, manejar los tiempos y resistir la presión de un torneo por equipos donde cada resultado pesa.

Hay, además, un simbolismo que trasciende lo deportivo. Capablanca, tercer campeón mundial de la historia, sigue siendo una figura tutelar para el ajedrez cubano y latinoamericano. Su nombre en este torneo no es solo un homenaje: es un recordatorio de una tradición de excelencia que intenta sostenerse a pesar de las dificultades.

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