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Terrorismo inducido

Generalmente esto ha sido bien explotado por la prensa capitalista occidental, que incluso se regodeó cuando terroristas ucranianos asesinaron a centenares de personas que asistían a un concierto en Moscú.

No recuerdo ni un solo nombre de algún dirigente u líder occidental de cualquier nivel asesinado por esos “terroristas islámicos”, pero si abundan los revolucionarios y personas progresistas muertos en disímiles circunstancias por quienes están al servicio de Occidente e Israel.

El Mossad israelí se especializó en dar muerte a dirigentes árabes e iraníes de cualquier nivel y profesión, sea un líder guerrillero o científico generalmente persa.

Se afirma que creó la organización palestina Hamás para que derrotara a la Organización de Liberación Palestina de Yasser Arafat, envenenado en la ciudad cisjordana de Ramallah por agentes sionistas.

Hamás, de una manera u otra se volvió contra su creador, escenificando una fuerte resistencia, incluido un ataque realmente inexplicable -donde predominó el odio-, que motivó la consiguiente  represalia de Tel Aviv y la matanza de decenas de miles de palestinos, además de los bombardeos al Líbano, incluidos barrios residenciales de Beirut, la capital, que aún prosiguen.

Veintiocho agencias de inteligencia occidentales ayudaron a crear al Mossad, que las ha dejado atrás en acciones criminales.

La prensa occidental se lamenta de como entidades creadas por las inteligencias norteamericana y británicas se vuelven contra ellas, específicamente señalando al ISIS, pero esto no es totalmente cierto.

ISIS

Tanto el ISIS como otras entidades terroristas han sido manejadas por elementos que responden a los intereses occidentales, principalmente por su jefatura, con individuos que incluso creen que responden a objetivos estadounidenses, cuando es todo lo contario.

En este contexto se encuentra la manipulación de mujeres y niños que, cargados de explosivos, se hacen detonar en mercados, manifestaciones y otros lugares abarrotados de público.

Dado que el Estado Islámico del Gran Jorasán, también conocido como ISIS-K, se enfrentó a China, Irán y Rusia —en otras palabras, a los principales adversarios del imperio estadounidense—, es necesario revisar los orígenes de su grupo “matriz”.

Surgido aparentemente de la nada hace poco más de una década, antes de dominar los titulares de los principales medios de comunicación y la conciencia pública occidental durante varios años antes de desaparecer de nuevo, en un momento dado el grupo ocupó vastas franjas de territorio iraquí y sirio, declarando un “Estado Islámico”, que emitió su propia moneda, pasaportes y matrículas de vehículos. Devastadoras intervenciones militares lanzadas de forma independiente, principalmente por Rusia, acabaron con el núcleo central del ISIS. Sin duda, la CIA y el MI6 se sintieron inmensamente aliviados.

Después de todo, las preguntas extremadamente incómodas sobre cómo surgió exactamente el ISIS se extinguieron por completo. Como expone el analista Kit Klarenberg, el grupo terrorista y su califato no surgieron a la manera de un relámpago en una noche oscura, sino debido a una política dedicada y decidida urdida en Londres y Washington, implementada por sus agencias de espionaje.

Paradójicamente, Estados Unidos ha utilizado a células sobrevivientes del ISIS para atacar al Talibán en Afganistán, donde se tuvo que retirar luego de 20 años infructuosos de ocupación.

TALIBÁN

Estudiantes afganos del Islam integraron las filas del Talibán utilizados en sus inicios por las inteligencias norteamericana y paquistaní para combatir y hacer salir del país a las tropas soviéticas que habían acudido a apoyar al gobierno de Babrak Karmal.

Triunfante el Talibán, integró un gobierno en una de las naciones más pobres del mundo, manteniendo una actitud independiente de Estados Unidos, que buscó cualquier medio para derrocarlo.

Así, utilizaron como pretexto el aún no esclarecido episodio terrorista del ataque a las Torres Gemelas neoyorquinas y al Pentágono para iniciar un agresión e invasión a Afganistán que resultó infructuosa al cabo de dos décadas, tras lo cual el Talibán volvió a gobernar. El filósofo estadounidense Noam Chomsky, de hecho, solía decir que no creía en las teorías de la conspiración sobre el 11-S porque la versión oficial ya era bastante grave.

El imperialismo ha manejado a células terroristas y a su protegido secretamente Estado Islámico para atacar objetivos civiles y asesinar a dirigentes gubernamentales y militares, sin que los talibanes den un paso atrás.

De hecho, el Talibán afirma que sus creencias prohíben los atentados terroristas y, hasta donde se sabe, nunca se ha podido demostrar lo contrario, como sí ocurre con grupos manejados por Israel y Estados Unidos.

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