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Mortalidad infantil aumenta en Cuba debido a la guerra económica de Estados Unidos – Huella del Sur


Mortalidad infantil aumenta en Cuba debido a la guerra económica de Estados Unidos


  

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El bloqueo energético agravan el sistema de salud y afectan directamente a niños y el acceso a atención básica

Vidas perdidas, sufrimiento familiar y carencias extremas son algunas de las consecuencias que la guerra económica impuesta por Estados Unidos contra Cuba está provocando en el pueblo cubano. Así lo señala un reciente informe publicado por el sitio Cubadebate y divulgado este lunes (15), cuyos datos configuran, de acuerdo con advertencias de Naciones Unidas, un escenario de posible “emergencia humanitaria”.

Uno de los datos más alarmantes es el deterioro de la atención médica infantil. Según el informe, la tasa de supervivencia de los niños con cáncer se redujo del 85 % al 65 %, una caída de 20 puntos porcentuales respecto de los niveles registrados antes del cerco energético. Esto significa que dos de cada diez niños que antes lograban superar la enfermedad mediante un tratamiento adecuado hoy ya no lo consiguen debido a la falta de recursos en los hospitales.

El reporte analiza el impacto de la asfixia energética impuesta a finales de enero, cuando la Casa Blanca emitió una orden ejecutiva que amenaza con sancionar a cualquier país que “venda o suministre petróleo” a la isla. A ello se suma la ampliación de las llamadas “sanciones secundarias”, mediante las cuales Washington amenaza con aplicar medidas coercitivas unilaterales contra cualquier entidad no estadounidense que mantenga relaciones comerciales con el Estado cubano.

Ambas medidas han configurado un escenario inédito de agresión contra Cuba. Sus consecuencias sociales se expresan en el sufrimiento cotidiano de miles de familias que enfrentan crecientes dificultades para acceder a derechos y servicios básicos.

Durante décadas, Cuba construyó un sistema de salud gratuito y universal que le permitió alcanzar resultados impensables para una pequeña isla caribeña. En algunos indicadores, incluso, logró desempeños superiores a los de varios países desarrollados.

Sin embargo, décadas de bloqueo económico, sumadas a la reciente asfixia energética y a la expansión de las sanciones, están provocando un acelerado deterioro del sistema sanitario.

Las consecuencias son dramáticas. Más de 100.000 cubanos permanecen en listas de espera para cirugías electivas o reconstructivas debido a la escasez de energía. Entre ellos se encuentran 5.152 pacientes oncológicos y alrededor de 12.000 niños.

Además, casi 3.000 personas que reciben tratamiento de hemodiálisis por insuficiencia renal crónica enfrentan dificultades para acceder regularmente a sus terapias.

Cada día que pasa, mientras la “comunidad internacional” permite el bloqueo energético impuesto por Estados Unidos, las consecuencias se hacen más visibles: hospitales sin electricidad, donde los médicos se ven obligados a realizar procedimientos con la luz de los teléfonos móviles; vehículos sin combustible para trasladar pacientes a los centros de atención; y miles de personas que no pueden acceder a los tratamientos que necesitan.

Consecuencias sociales y humanitarias

Cuba necesita importar alrededor del 70 % del petróleo que consume para abastecer su sistema eléctrico nacional. Se trata de la energía que permite el funcionamiento de actividades esenciales para la vida cotidiana y la economía del país: desde los sistemas de riego en el campo y la maquinaria en las fábricas, hasta el suministro eléctrico en las universidades y las bombas que garantizan la llegada de agua a los hogares.

En los últimos meses, Cuba se ha visto imposibilitada de acceder a esas importaciones, lo que ha obligado al país a racionalizar de manera drástica la limitada energía que logra producir.

Como consecuencia, amplios sectores de la población enfrentan apagones que superan las 20 horas diarias. La vida cotidiana de millones de cubanos, especialmente de los sectores más humildes, se ha visto profundamente trastocada. La falta de energía se traduce en dificultades para acceder a iluminación, conservar alimentos, garantizar el suministro de agua potable y mantener las comunicaciones y el transporte. Pero también afecta gravemente a la economía, al impedir el funcionamiento normal de numerosas actividades productivas y agravar aún más las serias dificultades que atraviesa el país.

En esta crítica situación se encuentra también la industria farmacéutica nacional. Aunque Cuba ha desarrollado capacidades científicas notables para la producción de medicamentos, la escasez de insumos —derivada de las dificultades para importarlos— ha provocado una situación crítica que mantiene a la industria en un estado de virtual parálisis.

De los 395 medicamentos esenciales que se producen en el país, y que son distribuidos gratuitamente por el Estado, 300 no están disponibles debido a la falta de componentes químicos necesarios para su fabricación.

Las farmacias populares, donde las familias o los ancianos podían recoger los medicamentos que les fueran necesarios, se encuentran prácticamente vacías. Mientras tanto, el mercado negro crece, con quienes hacen negocios con la salud y la vida de las personas.

Asimismo, se encuentra en riesgo el Programa Nacional de Inmunización, uno de los principales logros de la salud pública cubana, que incluye 16 vacunas y protege a millones de niños. Sin embargo, enfrenta crecientes dificultades para obtener materias primas, equipamiento y recursos financieros que permitan sostener la producción nacional.

Se trata de miles de niños a los que no solo el bloqueo les está impidiendo el acceso a la salud o la educación —por las dificultades que enfrenta el sistema educativo para mantener su funcionamiento normal—, sino también su derecho a la alimentación.

Se calcula que más de 100.000 niños cubanos están teniendo dificultades para acceder a la leche que el Estado reparte de manera subsidiada, debido a las dificultades para transportarla desde las unidades productoras hacia las principales ciudades del país.

Producir hambre de manera deliberada es un crimen que ninguna legislación internacional permite. Y ese es uno de los objetivos explícitos de las agresiones económicas derivadas de las políticas del gobierno de Donald Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio.

Luego de condenar las acciones de Washington, Naciones Unidas ha advertido sobre una inminente crisis humanitaria. En marzo, la organización lanzó un llamamiento de emergencia para recaudar fondos destinados a la isla.

Sin embargo, debido a la escasez de combustible —derivada del bloqueo energético—, las agencias involucradas enfrentaban importantes dificultades logísticas para su distribución.

La Organización Panamericana de la Salud reportó retrasos en los envíos de antibióticos y reactivos de laboratorio debido a la cancelación de vuelos, mientras que UNICEF informó que siete cargamentos esenciales de suministros para recién nacidos, valorados en 630.000 dólares, permanecían retenidos en tránsito. Asimismo, el Programa Mundial de Alimentos indicó que 2.900 toneladas métricas de ayuda alimentaria contratada no pudieron ser enviadas a Cuba debido a limitaciones impuestas por las navieras.

Más allá de las cifras, ninguna estadística puede reflejar plenamente el daño humano que se está generando a la vista de toda la comunidad internacional.

Imagen de portada: El Extremo Sur de la Patagonia.

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