Cuando dentro de varios años, las generaciones posteriores de cubanos estudien la historia del país, este tiempo vivido estará, a no dudarlo, entre los momentos más trascendentales del período revolucionario.
Los debates en el Pleno Extraordinario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, primero, y más recientemente durante las últimas horas, en el Parlamento, han demostrado no solo la capacidad de un país para avanzar en las más difíciles condiciones que se le pueda imponer a una nación, también confirma que cuando hay valores devenidos convicciones, construidos y cimentados por el ejemplo de cientos de miles de compatriotas a lo largo de estos años, no hay fuerza posible como dijera Fidel, de detener a un pueblo.
Las propuestas de transformaciones económicas y sociales aprobadas tienen un alto calado y son de una significativa envergadura.
Entrelazan y abarcan todos los ámbitos que mueven los hilos de nuestra existencia como nación, y deja una enseñanza que ya muchos habíamos advertido, pero faltaba sobre el papel para su implementación necesaria y urgente: desarrollarnos por nosotros mismos, al precio que sea necesario, desafiando poderosas fuerzas dentro y fuera del país. No lo dijimos nosotros. Lo expresó y nos lo legó el Comandante en Jefe en su histórico concepto de Revolución, aquel Primero de Mayo del año 2 000.
Desde la Conceptualización del modelo Económico y Social cubano de Desarrollo Socialista, ya se habían concebido cambios imprescindibles como parte de una Revolución que no es dogmática, y entre sus esencias ha tenido siempre la de combatir el inmovilismo, o sea, que desde el Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba, el pensamiento revolucionario había avizorado la necesidad de continuar perfeccionando nuestro Socialismo para mejor.



Más recientemente, se concibió el Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía que, finalmente, bajo el escrutinio y aporte de millones, fue enriquecido hasta quedar como Programa Económico y Social de Gobierno para el 2026, que definió los ejes claves en los que el país debía centrarse para no solo resistir, sino avanzar sí o sí.
Y ahora se acaban de aprobar las transformaciones económicas y sociales con 23 ejes principales que derivan 176 acciones para su implementación gradual, pero con urgencia, y contribuir a dinamizar la actividad de la nación, articular el funcionamiento de todos los actores económicos de nuestra economía, redimensionar sectores claves, restructurar el aparato financiero, bancario, impactar en la política de precios, la transformación digital en su sentido más amplio, el comercio y la gastronomía, el transporte, entre otros, nada aquí queda fuera.
Lo estamos haciendo soberanamente, sin el mandato de nuestros enemigos, porque como dijo el Presidente, llegó el momento por la capacidad y madurez alcanzada en el devenir del proceso histórico por donde transita el desarrollo de nuestro Socialismo. Lo hacemos porque la Patria lo necesita, asumiendo nuestras propias fuerzas y también los riesgos, mirando al horizonte para proveernos de mayor sostenibilidad en lo que hacemos, mirando más hacia dentro que hacia afuera, aligerando y destrabando lo que corresponda, desencadenando efectivamente la capacidad de innovación del país, aun cuando el bloqueo ha sido el causante principal del drenaje de una parte del recurso profesional, pero aún así, nos toca asumirlo y concretarlo.

Es una Revolución dentro de otra, dirían quienes amamos Cuba, la queremos y sabemos que nuestros compatriotas desean y merecen un país más próspero, pero también sostenible.
No hemos renunciado al Socialismo, ¡no!, es la primera condición. Habrá quienes dirán que los cambios matan nuestras esencias como país ¡no! Porque cuando el ser humano sigue estando en primer lugar, cuando el Estado no renuncia a su responsabilidad social, cuando las transformaciones tienen una especialísima mirada al tratamiento social y laboral, a la atención de las personas en situación de vulnerabilidad, cuando se acota en mayúsculas la responsabilidad social que no puede dejar de acompañar el quehacer de los actores económicos en relación con su entorno y su gente, cuando se vuelve a reiterar la urgencia de subsidiar personas no a productos, y los medios fundamentales de producción y comprometidos con la seguridad nacional siguen estando en la prioridad del Gobierno y su responsabilidad, nada tiene que ver con quienes intentarán desacreditar el importante y significativo paso que ha dado la Revolución, con el respaldo del pueblo.
No solo es aprobar, dijo Raúl en su mensaje al Pleno extraordinario de la militancia del Partido, es su implementación responsable y oportuna, el seguimiento y correcciones necesarias cuando algo se salga del camino, la transparencia en lo que hacemos, la información sistemática y la medición de los impactos.
Hemos comenzado a cambiar lo necesario para mantener lo esencial, lo afirmó Fidel. Seguimos en combate.
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