Siete nombres para una plaza santiaguerísima
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Siete nombres para una plaza santiaguerísima

Siete nombres para una plaza santiaguerísima

Quizás haya otra plaza en Cuba que la iguale o supere en cantidad de nombres. No puedo ni afirmarlo ni negarlo. Pero sí resulta curioso que nuestro Parque Céspedes muestre siete identificaciones a lo largo de su existencia como sitio entrañable para santiagueras y santiagueros, escenario de la Fiesta a la Bandera y donde a la medianoche de cada 31 de diciembre o en los instantes iniciales de cada 1. de enero, las personas aun sin conocerse se abrazan y se desean lo mejor del mundo.

Esta plaza es parte esencial de la historia de Santiago de Cuba desde su inicio como villa: en su entorno juró Hernán Cortés, como primer Alcalde, en el verano de 1515, ante los poderes eclesiástico y militar, pobladores oriundos… como lo refleja el pintor santiaguero Rodolfo Hernández Giro en un enorme lienzo que atesora el Museo Emilio Bacardí Moreau. Y así ha sido a lo largo de más de cinco siglos: una parte muy importante de los acontecimientos en la villa y en la ciudad a partir de 1523, casi siempre han estado relacionados con el hoy Parque Céspedes.

Como síntesis de la etapa más reciente: allí celebró el pueblo junto a Fidel, el triunfo de la Revolución; allí estuvo el pueblo cuando el Líder Histórico de la Revolución agradeció a la ciudad su aporte a la gesta libertaria…

Con poco menos de 50 kilómetros cuadrados de superficie y casi medio millón de habitantes, la urbe santiaguera es la segunda en importancia del país, y tiene un centro histórico de unos poco más de tres kilómetros cuadrados con unos 90 000 habitantes y ¿cuál es el corazón urbano de la localidad? El Parque Céspedes.

Más curiosidades, por el lado norte del “Céspedes” pasa la calle Aguilera, que era Marina; es la vía más larga de la ciudad, pues comienza en Cristina (Jesús Menéndez o Lorraine) y finaliza en la carretera que va a Siboney, a unas dos cuadras antes de llegar al Parque Zoológico.

Bien cerca del Parque Céspedes, a una cuadra a lo sumo, se levantaba el Fuerte San Francisco y el Convento de los Franciscanos. Hasta ahí llegaba la calle Marina. Todo fue demolido y la vía continuó su trazado al este, hasta el entronque señalado.

Y otra pincelada: se llama Aguilera la calle, por Vicente Aguilera (hay una estatua de él en la Plaza Dolores que pasa a llamarse Plaza Aguilera. Vicente vivió en lo que es hoy el Bodegón, frente al Parque Dolores y a la sala de conciertos.

El “Céspedes” no pudo escapar de la tradición y los hombres se paseaban en un sentido y las mujeres al contrario, con sus abanicos a la altura del busto. Según la disposición de esos adminículos para refrescar era el mensae que enviaba la fémina.

Eso desapareció del “Céspedes” pero no las retretas que se han mantenido a lo largo de las épocas, amenizadas por grupos musicales, especialmente por la Banda Municipal hoy Banda Provincial de Conciertos.

En 1943, el arquitecto Francisco Ravelo Repilado ideó un proyecto para reconstruir la plaza, que entonces adquirió la disposición actual como un cuadro casi perfecto con un lugar ideal para el busto del Padre de la Patria dominando la glorieta para la orquesta.

La Oficina del Conservador de la Ciudad, dirigida por el arquitecto Omar López, en los últimos tiempos ha intervenido en la plaza, para retoques en las zonas verdes y el piso, y algunas mejoras en los accesos para eliminar barreras arquitectónicas. Pero el parque como se ideó en 1943 se conserva.

Con sus cambios lógicos atemperados a las épocas, la plaza está ahí desde hace más de cinco siglos; siguió entre el Ayuntamiento y la Catedral; con la casa del Adelantado Diego Velázquez en una esquina y otras edificaciones y mansiones de familias importantes durante la Colonia.

!Ah, los nombres! Desde 1515 hasta la actualidad: Plaza de Armas, Plaza Mayor, Plaza Principal, Plaza de la Constitución, Plaza de la Reina, Plaza de Isabel II, y cuando vencido el coloniaje español, están don Emilio Bacardí Moreau y otros patriotas en la Alcaldía, se decide cambiar los nombres a las calles y a las plazas y ponerles de patriotas de la independencia. Entonces la plaza más visitada por los habitantes de la urbe, la que encariñó al Comandante Juan Almeida para sus encuentros con el pueblo santiaguero, se llamará desde entonces, y para siempre, como el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes.

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