¡Qué dimensión la de Ramiro Valdés que en el adiós caben por igual la tristeza y la gloria! Así cabía sobre su pecho la estrella de Héroe de la República… y en su voz el volumen más suave. Mabel Martínez Deulofeu, directora del Mausoleo a los mártires de Artemisa, completa la imagen del Comandante de la Revolución con lo vivido por ella misma.
“Cuando venía al monumento y rendía tributo a sus compañeros, cada vez era como si fuese la primera. Siempre me dejó esa impresión: el dolor renacía nuevamente. Una emoción contenida, con mesura y sobriedad.
“Para él, este fue un lugar especial: Ciro, Julito… eran sus amigos de Artemisa, y sus compañeros de lucha. Conmueve ese no olvidarse de ellos, la preocupación porque el Mausoleo estuviera conservado y fuese un lugar visitado, donde acercarse a la historia de esta tierra.
“No solo lo cuidaba celosamente porque a él correspondieron las palabras inaugurales el 16 de julio de 1977, cuando lo llamó símbolo de la historia combativa de Artemisa y patrimonio revolucionario.
“Lo consideraba ‘un centinela vigilante que nos recuerde siempre que la Revolución es un relevo de hombres y de generaciones, y que, por los ejemplos de los que se sacrificaron ayer, otros cubanos se sacrifican hoy, y habrá otros que deberán sacrificarse mañana’
“Por eso estuvo durante los diferentes momentos de la reconstrucción y los mantenimientos. Casi siempre que visitaba Artemisa, llegaba al mausoleo, con sus flores y el tributo. Nunca se olvidó de ellos ni de su Patria chica”.
A Ramiro le cabía en el corazón Cuba entera, con un espacio enorme para esta tierra de amigos y héroes.
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