Septiembre y sus razones
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Septiembre y sus razones

Inicia el último tercio del año. Y sin dudas, como este verano fue entre sol, calor, apagón… demasiado agotador, septiembre llega para poner un poco las cosas en su lugar.

Trae consigo todo cuanto hicimos en los días de vacaciones; incluso, lo que no logramos también. Pero, de seguro no se parece a junio ni a marzo en eso de emocionarse, aventurarse, entregarse al descanso y a la diversión. ¿Entonces? Seguro el noveno mes del año lo puedes calificar como el mayor «cuenta cuentos» del calendario.

¡Claro! No creo que haya tampoco otro mes que mueva tanto, hasta a los seres más inamovibles. Entallar el uniforme escolar, cortar el cabello, alistar los zapatos, escoger los libros, forrar las libretas, buscar cómo presupuestar, desde la mochila, hasta la regla y el cartabón… y decenas de tareas más, involucran a abuelas, tías, padres y demás miembros de cualquier familia, con más que preocupaciones, ocupaciones.

Septiembre llega como el sortilegio de abrir puertas, de aprender mundos desconocidos, de no detenerse ante carencias, de andar por una etapa, que es mejor disfrutarla, porque si algo está claro es que de no aprovechar la lección, el compañero de pupitre, la merienda compartida o el matutino especial… te darás cuenta que son bondades que añorarás siempre, cuando sean solo un recuerdo.

Entonces, quizás con la incertidumbre que nos habita, permítele a septiembre que caiga como otoño refrescante en tus sentimientos; que sus emociones sean aliciente en el hogar, en la familia, la cual está ávida de ello; que tu tiempo libre lo puedas dedicar a la escuela, que es de alguna manera, dedicarlo al futuro.

Y si por suerte del destino y de tu vocación, eres de los que empeñas tus días planeando clases, amaneciendo de camino a un aula, soñando con la pizarra y la tiza nueva, no dejes que muera dentro de ti esa estatura moral de educador, de maestro, de artífice del mañana.

¿Quién sabe si tú que me lees vives a la sombra de un plantel escolar? De ser así, segura estoy que no ponderas a septiembre como un mes más. El bullicio de uniformes y pañoletas también dejará atrás los días de calma, para, de alguna manera, regresarte a esa etapa de pionero, de estudiante, de alumno, que ninguno olvida, sea cual sea la edad que confesemos tener.

Podrán existir otros juicios que conviertan a septiembre en un mes especial, pero lo importante es que intentemos brillar con luz propia en cada nuevo día, a pesar de las presiones externas, y eso no depende de nadie más, sino de ti, depende de que encuentres en septiembre tus propias razones.

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