Para los cubanos la religión es arte, tradición e identidad ancestral, y en septiembre todo parece intensificarse.
“El que no tiene de congo, tiene de carabalí”, reza un proverbio popular surgido de la tradición oral para subrayar la profunda herencia africana en la identidad nacional, para significar que todo cubano, de una forma u otra, tiene raíces africanas, ya fuera de las conocidas etnias congas o carabalíes, de donde se alimentó durante siglos la inhumana trata de seres humanos convertidos en esclavos.
No importa si eres santero, católico; si fuiste alguna vez a la iglesia o si le prendiste una vela a una santa: en este mes se celebra la cultura afrocubana y su fusión con las creencias traídas por los españoles a finales del siglo XV desde los inicios de la colonización.
Los días 7, 8 y 24, la Iglesia católica —apostólica y romana— celebra, respectivamente, a la Virgen de la Caridad del Cobre, a la Virgen de Regla y a la Virgen de las Mercedes.
Pero esto no queda ahí: la alta tradición católica de los hacendados, impuesta a los esclavos traídos de África, los obligaba a adoptar prácticas religiosas a escondidas de sus amos o, simplemente, a fusionar creencias e identidades religiosas, de tal forma que en esas tres fechas se celebraran los días de Oshún, Yemayá y Obatalá, en ese orden.
De ahí que en la mayor de las Antillas, católicos y santeros —practicantes de la religión afrocubana conocida como Regla de Osha—, no se separan; por el contrario, se entrelazan y fusionan hasta conformar una unidad cultural única.
Por eso septiembre es mucho más que un mes de fe: es un reencuentro con la memoria y un altar donde África y España se abrazan.
Es también la prueba de que lo cubano se reza, se canta y se baila con muchos nombres, pero con un mismo corazón, no importa el credo ni el camino elegido: en septiembre, Cuba celebra su alma diversa, hecha de raíces, sincretismo y resistencia.


