
La Habana, 1 sep (ACN) Arranca el noveno mes del año y con él inicia un nuevo curso escolar en Cuba.
Con sus matices, sin dejar de tener en cuenta las tensiones actuales, ese hecho debería enmarcarse en mayúsculas.
Mayúsculas del esfuerzo, de la resiliencia que no se limita solo a aguantar el peso de una realidad desafiante sino que encuentra en esta su fórmula para reinventar la dosis justa de maravilla y heroísmo de hacer posible lo improbable.
En resumen: la expresión más palpable de esa voluntad soberana que no se pliega al signo de la adversidad y es capaz de cantar y soñar en ella.
De sobra sabido, este período lectivo no abre sus puertas ajeno al panorama nacional, ese que dista mucho del horizonte ideal que la Patria merece y anhela para sus hijos.
No obstante, en medio de ello se vislumbran destellos de esa fortaleza propia del cubano en su acostumbrada manía de sobreponerse a los avatares propios e impuestos.
Sale a relucir en el docente entregado por completo a la vocación de servir, sin reparar en las dimensiones de la crisis o la inflación que limita el poder de compra de un salario que nunca cubrirá la noble tarea de formar a otros, en las familias que han puesto su empeño cuando el rigor de los tiempos parecen llamar al egoísmo y la apatía, en los niños regresando a clases cuando miles en el planeta no podrán hacerlo asediados por bombas y persecuciones migratorias.
Para Cuba, indistintamente de catalogarlo como bueno, malo o regular, el retorno a las aulas de más de un millón 400 mil infantes y adolescentes en más de 10 mil instituciones educativas a lo largo y ancho de la geografía nacional supone, sin ánimo triunfalista, esa pequeña victoria colectiva de la vida que se impone frente a los cercos, las heridas abiertas del costo cotidiano de la resistencia y la desidia de algunos.
Será este un reencuentro que tampoco estará libre de las contradicciones y brechas que se han ido creando entre unos con todos los frentes cubiertos y otros que sobreviven al día, producto de carencias y penurias de capítulos recientes derivados en la aparición de diferencias sociales cada vez mayores.
Corresponderá una vez más a la escuela, con la participación de la familia, poner su mano ahí donde es más necesario no solo desde lo docente sino el acompañamiento, en el sentido humanista de la palabra, a quién lo requiera, seguros en que la acción temprana y la guía oportuna puede enderezar camino y marcar diferencias.
Y es allí donde radica esa fuerza tan propia de los habitantes del verde caimán: en mantener claro que por duras que sean las circunstancias nada puede arrebatarle la aspiración colectiva de ser mejores.
Recordar que en los acuciantes momentos la resistencia no es de consigna; se extiende también a la inventiva y creatividad infinitas, a la voluntad y al acto de defender la alegría como una trinchera, en una paráfrasis de aquellos versos de Galeano.
Cuando en ocasiones se habla de los problemas de la mayor de las Antillas se alude a que la raíz de todo es que Cuba tiene cubanos.
Justamente por eso este inicio de curso es posible acá cuando rompería toda lógica y razonamiento en cualquier latitud otra.
Es ahí donde surge vigoroso ese poder transgresor que distingue la sangre mestiza, mambisa, inconforme, insumisa… rebelde: la misma que nada ni nadie será capaz de apagar en venas.
Empieza septiembre y Cuba lo sabe: en sus aulas se gesta más allá del mañana. Aunque tortuoso, pero nunca marchito, nace así, junto al retoño, el milagro de la esperanza.
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