Saturnino Lora Torres, a 105 años de su muerte
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Saturnino Lora Torres, a 105 años de su muerte

En la memoria del pueblo cubano se encuentra profundamente arraigado el memorable episodio en que el renombrado patriota sacó su revólver y disparó los primeros seis tiros, a la par que gritaba: “¡Viva la Independencia! ¡Viva Cuba Libre!

Así, con osadía y fervor patriótico, el entonces capitán mambí Saturnino Lora Torres comenzaba en el poblado de Baire la Guerra Necesaria, el 24 de febrero de 1895, en cumplimiento de órdenes casi simultáneas recibidas de los generales Guillermo Moncada (Guillermón) y Bartolomé Masó.

Desde entonces su ilustre nombre creció mucho más, por su acrisolado patriotismo, audacia y lealtad a la causa independentista. Por sus méritos ascendió en el escalafón del Ejército Libertador hasta el grado de general de división.

Ese grande de la patria y la Revolución falleció en la villa de Jiguaní, el 29 de septiembre de 1921, a los  73 años de edad, hace 105 años.

EL ARDOR PATRIÓTICO

Su vida trascurrió en el campo, entre el ganado vacuno y caballar y la producción de melado de caña y azúcar. Cuando nació  el 29 de noviembre de 1858 su padre, Mariano Lora y Fonseca, poseía un pequeño ingenio   llamado El Tropezón, en El Cedro, cerca de Baire.

La vida económica entró en crisis por los abrumadores impuestos españoles y los crack bancarios. Sin solución posible por la vía pacífica, los cubanos amantes de la libertad organizaron la guerra separatista.

La familia Lora-Torres aportó a la patria un amplio linaje para la libertad. Hombres y mujeres se sumaron a la contienda bélica. El adolescente Saturnino Lora, con solo 10 años de vida, ayudaba en el traslado de mensajes. Pero en 1870 le expresó al tío Mariano Torres Mora que no volvía a la casa. La convicción conque habla conmovió a los padres que aceptaron su pedido.

Desde entonces cumplió disímiles tareas como mensajero, enfermero, explorador y combatiente en primera línea. Por su juventud no obtuvo categoría militar. Pero el entonces coronel Mariano Torres lo presentaba como un bravo patriota: “La lucha que libramos, Saturnino ya la conoce bien. Será uno de nuestros grandes jefes”.

El pronóstico se cumplió durante el desarrollo de la llamada Guerra Chiquita, en que de nuevo los jiguaniceros salieron al campo de batalla.

Esta vez Saturnino Lora  mandó una compañía con el grado de capitán y libró varios combates. Sin embargo, el proyecto fracasó por falta de unidad de mando y la tardanza con que el general Calixto García llegó con una pequeña expedición.

Debido al fracaso el mando español detuvo a los principales líderes mambises y los condujo a prisiones en España, Marruecos y las Islas Chafarinas.

Parecía que nunca llegaría el día dorado de libertad. Pero en 1890, le llegó al joven Lora que el general Antonio Maceo estaba en la ciudad de Santiago de Cuba y que habría pelea de nuevo.

A pesar de poseer una fina, La Veguita, y de haber contraído matrimonio y tener varios hijos, viajó a Santiago de Cuba y se entrevistó con el Titán de Bronce.

Recibió  la misión de vertebrar el movimiento librador en Jiguaní y Baire, junto al coronel Jesús Rabí el comandante Florencio Salcedo Torres.

Pero cuando estaba listo, Antonio Maceo fue expulsado de Cuba, con lo que no prosperó el alzamiento.

No obstante, los veteranos de Jiguaní estaban al tanto de los trabajos de los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo en el exterior. DE pronto, comenzaron a llegar emisarios de los generales Guillermo Moncada, en Santiago de Cuba, y Bartolomé Masó, en Manzanillo.

Ellos alentaban la cruzada independentista, en nombre de José Martí, delegado del Partido Revolucionario cubano, donde militaban todos los patriotas dentro y fuera de la Isla.

EN LA GUERRA NECESARIA

La orden de alzamiento le llegó al capitán Saturnio Lora el 22 de febrero de 1895 para ser ejecutada dentro de 48 horas. El consecuente libertador aseguró que los patriotas de Jiguaní, Baire, Maffo y Venta de Casanova no le fallarían a la patria.

En la fecha señalada, en la tarde, salió a las calles de Baire armado con un revólver y un machete. Era seguido por un grupo de adictos fervorosos. En la valla de gallos habló el comandante Florencio Salcedo, invitando a todos a la lucha por la libertad.

De seguido hizo uso de la palabra Saturnino Lora: “Compañeros: ha llegado el momento de marchar a la pelea. A estas horas los buenos cubanos están ya en el monte, arma al brazo. Dentro de pocos días desembarcan José Martí, Máximo Gómez, Antonio Maceo, y demás Generales emigrados”.

Lleno de fervor patriótico muestra su ejemplo personal: “Yo estoy en inteligencia con el general Guillermo Moncada, el cual se ha comprometido en enviarme armas y pertrechos por el camino de Cuba. De todos modos la protesta es a tiros y para demostrarlo, empiezo a disparar los primeros seis tiros de mi revolver…”.

La hueste patriótica formada enseguida dominó el caserío de Baire, de donde salieron emisarios a todos los rincones de Jiguaní.

Había comenzado la tercera y última guerra por la independencia. El nombre de Saturnino Lora aparecía en los partes de guerra con frecuencia, ya que no cesaba de librar combates contra las tropas colonialistas.

Le ascendieron al grado de comandante, con antigüedad del 24 de febrero de 1895. El de teniente coronel llegó el 4 de marzo de 1895 y el de coronel el 10 de abril de 1895. El general Máximo Gómez le entregó las estrella de general de brigada el 10 de agosto de 1896 y el general Calixto García el de general de división  el 29 de noviembre de 1897, tras la rendición de guarnición de Guisa.

Por sus grandes méritos patrióticos y revolucionarios, el pueblo le tributó un inmenso cariño y admiración. Su sepelio fue multitudinario. Las sucesivas generaciones de cubanos le veneran como uno de los grandes de la epopeya libertaria.

FUENTES: Aníbal Escalante Beatón: Calixto García: su campaña en el 95 (1978); Centro de Estudios Militares de las FAR: Diccionario enciclopédico de historia militar de Cuba (2006)

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