Economía

Santiago de Cuba recibe apenas dos horas de servicio eléctrico y ni eso garantizan


La Empresa Eléctrica de Santiago de Cuba admitió que ya no puede sostener ni la programación de apagones que anunció hace dos días y que, en la práctica, solo podrá ir reponiendo el servicio a los circuitos más castigados con “hasta dos horas de servicio”. Ni siquiera ese mínimo queda asegurado.

El reconocimiento desnuda el punto en que ha caído el sistema eléctrico en la provincia y, por extensión, en el país. La propia empresa explicó que la reducción de la demanda autorizada por el Despacho Nacional de Carga y la caída de la generación disponible dentro del Sistema Electroenergético Nacional hacen imposible cumplir el plan previsto. En lenguaje llano: el régimen ya no controla ni el reparto del poco corriente que queda.

La advertencia tiene más peso porque apenas el martes 16 de junio la misma empresa había reorganizado los apagones en nueve bloques, con ocho circuitos residenciales y uno para centros vitales como hospitales y bombeos de agua. Ese esquema dejaba a los santiagueros con apenas una o dos horas de electricidad al día por zona, entre el 16, el 17 y el 18 de junio. Ahora ni esa limosna energética está garantizada.

La consecuencia inmediata es brutal. Si antes la provincia quedaba 22 horas o más sin luz cada jornada, el nuevo anuncio abre la puerta a cortes todavía más largos, incluso por encima de 24 horas consecutivas. Para familias que cocinan, conservan alimentos, bombean agua o dependen de la electricidad para cualquier rutina básica, la promesa oficial se convirtió en una burla administrativa.

Los números del sistema respaldan el derrumbe. Este jueves a las 6:00 a.m., el SEN tenía solo 970 MW disponibles frente a una demanda de 2,650 MW, con 1,650 MW ya afectados. Para el pico nocturno, la Unión Eléctrica proyectó 1,015 MW de disponibilidad contra una demanda de 3,050 MW, con un déficit de 2,035 MW y una afectación prevista de 2,075 MW.

El deterioro viene de atrás. El 31 de mayo, el director del despacho de la Empresa Eléctrica provincial, Lester Salvador Cedeño, ya había admitido que podían llegar a “ni dos horas de servicio”, con entregas reales de apenas una hora y 30 minutos o una hora y 45 minutos por bloque. Lo que hoy confirma Santiago de Cuba es que esa admisión quedó corta frente al colapso real.

La crisis energética ha sacado a la calle a vecinos hartos de los apagones. En la madrugada del miércoles al jueves se reportaron cacerolazos en varios repartos de Santiago de Cuba y durante el día también se registraron nuevas salidas a la calle. El domingo 15 de junio, vecinos de San Ricardo ya habían protestado tras varios días sin electricidad, y el jueves 12 el Centro Urbano José Martí vivió una manifestación con consignas de electricidad, comida y libertad.

El cuadro tiene raíces estructurales. En octubre de 2024, la empresa ya hablaba de solo tres horas de luz y 21 de apagón; en noviembre prometió garantizar al menos cinco horas diarias, y tampoco pudo sostenerlo. Cada anuncio oficial termina rebajado por la realidad, y cada rebaja confirma el fracaso de un modelo incapaz de sostener un servicio básico.

La ONU llegó a calificar en abril de 2026 la crisis energética cubana como de impacto humanitario sistémico, con efectos sobre salud, agua, saneamiento, alimentos, educación, transporte y telecomunicaciones. Santiago de Cuba, una vez más, aparece como el rostro más duro de ese derrumbe: una provincia donde el régimen reparte apagones, incumple su propia programación y deja a la población sometida a una vida de oscuridad, atraso y protesta.

La Empresa Eléctrica de Santiago admitió que ni dos horas de corriente puede asegurar. El derrumbe del SEN agrava los apagones y empuja a más protestas.

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