Cuando Méyer, el poblado empotrado en el lomerío trinitario, era todo su mundo, Niurkivis Venegas León plasmó los primeros versos en las hojas que dejaba a la deriva por los rincones de la humilde casa familiar. Brotaban espontáneos. Así, verso a verso y sin percatarse, escribir se volvió necesidad.
“Escribía entonces poesía libre. Pero, una vez que descubrí la décima, quedé profundamente enamorada de la estrofa de 10 versos octosílabos”, expresa como carta de presentación o para que no me adelante a la típica pregunta de por qué esa expresión literaria.
Del asentamiento empinado y de escasas sombras a la Ciudad Museo del Caribe, no abandonó esa fascinación. Ni siquiera las jornadas en que el control y venta de medicamentos le robaban casi las 24 horas del día le impidieron crear.
“Tengo que escribir. A veces voy por la calle y algo me toca el corazón, tenga vínculos o no conmigo y me siento donde sea. No puedo dejarlo pasar. Nunca permito que se me escape un verso porque si sucede no llega después igual.
“La verdad es esa porque me enamoré, sin dudas, de la décima. Y si aparece de madrugada mientras duermo, me levanto sin problemas. Si no respondo así, me atormento”.
Luego de concientizar que la décima forma parte de su vida, apostó por compartir esa pasión con quienes tienen como el más seguro de los techos la literatura.

“Concebí el proyecto Las musas de Naborí. El último jueves de cada mes nos damos cita en mi casa para compartir nuestros propios textos y el de otros”.
Se refiere a la reunión con carácter familiar que toma asiento al final del hogar. Escritoras y todo amante de la poesía que se anime a asistir encuentra una verdadera cofradía.
“Ya no puedo hablar de mi proyecto, sino de equipo. De hecho, nos llamamos hermanas de fe porque decimos que la décima va con nosotros y ese día es como una religión. No importa si hay otra cosa en las agendas. Se detiene, nos encontramos y, luego, se retoma lo que se deja pendiente.
“Vivir esos instantes en mi casa es algo que adoro. Resulta inviolable. Somos muy unidas las escritoras de Trinidad. De ahí que decidiéramos llamamos Las musas de Naborí”.
Entre tantas ideas forjadas en esos últimos jueves de cada mes, ausentes de protocolos, decidió visitar una institución educativa de la tercera villa de Cuba. Frente a una parte del alumnado lanzó unos versos y todavía al recordar las respuestas se estremece.

“Me di cuenta de que amaban la poesía y eso me llenó de orgullo y alegría. Los sumé al proyecto. Siempre van. Incluso, cuando les coincide con una prueba u otra actividad docente, buscamos la manera de acomodarnos”.
Ya los pequeños de Las musas de Naborí son conocidos en casi toda la geografía citadina de Trinidad. No hay evento literario en el que no se les descubra.
“Hemos hecho encuentros en el parque y los museos, donde escribimos y hacemos públicos los textos. Adoramos hacerlo porque son adolescentes con potencial. Sé que van a llegar bien lejos. Algunos escriben de una manera que tú te quedas asombrada y te preguntas cómo es esto, de dónde sale toda esa maravilla.
“Son lectores empedernidos. Han leído una cantidad de libros impresionante. Tienen mucho talento. Hace poco fuimos invitados a un evento. Desde que llegaron se robaron el show. Les hicieron muchas preguntas ante la sorpresa de lo que leían.
“Por esa experiencia, queremos visitar el preuniversitario para compartir con esos públicos los textos de quienes ya están en esa enseñanza. Así hacemos extensivo nuestro amor por el arte”.
Como mismo no se percató que había nacido con el don de escribir, Niurkivis Venegas León es una promotora cultural por naturaleza. Tanto así que le cuesta emprender proyectos, sueños propios. Asegura sentirse como pez en el agua cuando aviva la realización de otros.

“Sayli Alba Álvarez, además de ser mi amiga, nos motiva mucho. Nos insiste en que participemos en concursos como vía segura para darnos a conocer. Te confieso que eso nunca me ha robado el sueño”.
Tanto insistió que la hija de Méyer envió uno de sus textos a la XXI edición del evento nacional Décima al Filo, con sede en Guáimaro, Camagüey
“Me pareció interesante que el tema era libre. Esa posibilidad fue realmente la causa de que enviara Pueblo mío. El título lo deja claro: Méyer fue la inspiración. Ese asentamiento es poco conocido porque después de ahí no hay mucho más que encontrar. Para llegar hasta allá antes la vía más fácil era el ferrocarril. Eso se perdió.
“Hace poco visité esa maravillosa tierra y lo que encontré me dio tanto dolor que no pude evitar que naciera una décima. Aunque te cuento que no nació en el mismo instante, quizá por la inmensa tristeza. Hallé demasiada soledad, personas que ya no están, en fin, un cambio para mal. Cuando leí la convocatoria del certamen dije: es mi momento para escribirle al pueblo mío”.
Y todavía se sorprende al volver sobre el mensaje virtual que le anunció una noticia estremecedora: “Niurkivis Venegas León, mención honorífica en el apartado de Identidad y Tradición: «Por su arraigo cultural y campesino, evocando el terruño perdido, las imágenes guajiras y la nostalgia del pueblo natal. La obra conecta con la tradición del punto cubano y la memoria popular, defendiendo la identidad desde la raíz”.
“Sí estoy muy feliz —insiste con humildad—. No sé si soy la única, pero cuando escribo no vuelvo a leerme. En esa décima entregué mi corazón porque con cada letra volvía a sentir lo que viví en aquella visita. Siempre me siento así cuando la décima, en sentido general, se reconoce. Aunque no esperaba ese resultado”.

Similar sensación se mostró en su rostro el último sábado de agosto pasado, cuando su décima Rostro, pez y ala dio la bienvenida a quienes cruzaron el umbral de la Galería de Arte Oscar Fernández para disfrutar con maestría el abrazo entre literatura y artes visuales. Nació inspirado de una obra de su coterránea Yudit Vidal Faife, quien, tras aunar versos de otros muchos escritores, apostó por compartir con los públicos una muestra exquisita: La pintura se hizo poema.
“Quiero seguir escribiendo hasta el cansancio. Leer mucho, seguir participando en eventos y, si llega un libro por ahí, sería mi sueño. Estaré con los niños del proyecto y le abriré los brazos a todo aquel que quiera y ame, como yo, la décima”, enfatiza como su más cercano futuro y más fiel presente.

