¿Quién es Anna Bensi? La creadora de contenido cuyo caso sacude a Cuba
Con solo 21 años, la creadora de contenido cubana pasó de publicar videos en redes sociales a enfrentar un proceso judicial tras difundir imágenes de un agente del régimen.
La activista y creadora de contenido cubana Anna Bensi y su madre, Caridad Silvente, fueron encontradas culpables este jueves 1 de octubre en el Tribunal Municipal Popular de La Habana del Este.
Con 21 años, Anna Sofía Benítez Silvente, conocida en redes sociales como Anna Bensi, pasó de publicar videos de humor y música a convertirse en una de las jóvenes voces críticas más visibles dentro de Cuba. Este jueves fue declarada culpable junto a su madre por difundir imágenes de un agente del Ministerio del interior cubano. Ambas recibieron una condena de dos años de limitación de libertad.
Madre e hija protagonizan uno de los procesos que más atención ha despertado en las últimas semanas alrededor de la libertad de expresión en Cuba: el de Anna Bensi, y Caridad Silvente.
Este jueves 1 de octubre, un tribunal de La Habana del Este declaró culpables a ambas y les impuso dos años de limitación de libertad a cada una. Su abogado, Roberto Ortega, explicó que a partir de esa notificación comenzará el plazo para presentar una eventual apelación.
La jornada estuvo marcada por un fuerte dispositivo policial alrededor de la vivienda de Bensi y del tribunal, según denunciaron la propia joven y organizaciones independientes. Decenas de personas acudieron para mostrar su apoyo a madre e hija. Entre quienes intentaron acompañarlas había representantes de comunidades religiosas.
Bensi también denunció la detención de uno de los activistas cristianos que pretendía asistir al juicio. Su hermana, Elmis Rivero Silvente, afirmó posteriormente que solo uno de los tres testigos previstos por la defensa pudo entrar a la sala. También denunció una diferencia entre los testigos aceptados para la defensa y los presentados por la acusación. El proceso fue celebrado a puerta cerrada.
Antes de entrar al tribunal este jueves, Bensi resumió su posición con una frase que rápidamente comenzó a circular en redes: “No va a ser justo el juicio, pero yo tengo un Dios justo”. Después pidió que triunfara la verdad y reclamó una Cuba libre.
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De videos de humor a denuncias contra el Gobierno
Anna Bensi tiene 21 años y vive en Alamar, un vecindario de la capital cubana. Antes de convertirse en activista digital, utilizaba sus redes principalmente para publicar contenidos relacionados con música, humor y entretenimiento.
Pero en 2025 publicó un video sobre las dificultades que enfrentaba para recibir su título como Técnico Superior en Prótesis Estomatológica y el contenido tuvo una repercusión inesperada.
A partir de entonces comenzó a utilizar sus plataformas para hablar de problemas cotidianos de los cubanos: apagones, salarios bajos, dificultades laborales, escasez y restricciones que, según ella, forman parte de la realidad que vive la población.
En una entrevista concedida a CubaNet, Bensi explicó que decidió utilizar su presencia en redes para hablar a otros jóvenes. Su fórmula es sencilla: escribe los guiones, graba, interpreta y edita sus propios videos.
Su creciente exposición también tuvo consecuencias. La joven ha denunciado interrupciones de internet y telefonía, vigilancia cerca de su vivienda y presiones que terminaron afectando su empleo. Según relató, su antigua jefa recibió una llamada de un funcionario de la Seguridad del Estado preguntando por ella, tras lo cual decidió abandonar el trabajo. Su mensaje fue haciéndose cada vez más directo y también aumentó la atención de las autoridades.
Ella misma ha explicado que su decisión de continuar publicando responde a una convicción personal y religiosa. En entrevistas ha contado que es cristiana y que su fe ocupa un lugar central en su vida. Su presencia en redes creció precisamente mientras aumentaban las presiones que denunciaba.
En julio, por ejemplo, permaneció durante casi 12 horas en una estación policial durante un interrogatorio. Según su relato, las preguntas incluyeron sus publicaciones, las sanciones estadounidenses y sus críticas al Gobierno cubano. Y, pese al proceso judicial, no ha abandonado su actividad.
El video que cambió todo
La historia de Bensi tiene un componente generacional pues no comenzó su actividad pública como dirigente política ni como integrante de una organización opositora. Comenzó haciendo videos. Su transformación en una figura crítica ocurrió a medida que empezó a hablar de problemas que veía a su alrededor.
El episodio que desencadenó el proceso judicial ocurrió el 10 de marzo de 2026. Ese día, dos hombres llegaron al edificio donde viven Anna y su madre. Uno de ellos era un suboficial del Ministerio del Interior, identificado posteriormente como Yoel Leodán Rabaza Ramos. Vestido de civil, acudió para entregar a Caridad Silvente una citación relacionada con la Seguridad del Estado.
La escena fue grabada por Anna y su madre quienes decidieron posteriormente publicar las imágenes en redes sociales. Ellas sostienen que lo hicieron como una medida de protección ante una visita que consideraban irregular y porque querían dejar constancia de lo ocurrido.
El agente presentó una querella alegando que la difusión del material vulneró su intimidad y expuso su identidad lo que se convirtió en el punto central del caso. La acusación no se construyó sobre la grabación en sí, sino sobre su posterior difusión.
El Ministerio del Interior defendió precisamente esa interpretación durante la jornada del juicio: en un mensaje difundido por medios estatales sostuvo que grabar no constituye por sí mismo el delito, mientras que la difusión de imágenes sin consentimiento puede ser sancionada cuando afecta la intimidad.
La defensa de Bensi mantiene una posición distinta. Sus abogados y organizaciones independientes como Cubalex sostienen que documentar la actuación de un funcionario durante una diligencia oficial no debería convertirse en un delito contra la intimidad.
¿Por qué fueron condenadas?
El proceso se apoyó en el artículo 393 del Código Penal cubano, relativo a actos contra la intimidad personal y familiar, incluida la propia imagen, voz e identidad.
La legislación contempla sanciones para determinados supuestos de divulgación de contenidos sin consentimiento, especialmente cuando se utilizan redes sociales.
En este caso, el tribunal consideró responsables a Anna Bensi y a su madre por la publicación del video del agente. Ambas recibieron dos años de limitación de libertad.
Antes del juicio, madre e hija ya estaban sometidas a medidas cautelares, entre ellas la prohibición de salir del país.
El caso había tenido además un recorrido poco habitual. La Fiscalía había archivado inicialmente las actuaciones en abril. Posteriormente, el agente presentó una querella por vía judicial y el procedimiento volvió a avanzar.
El debate va más allá de Anna Bensi
El caso de Bensi plantea una pregunta que puede tener consecuencias para otros ciudadanos que utilizan teléfonos celulares para documentar actuaciones de funcionarios del régimen: ¿dónde termina el derecho a la privacidad de una persona y dónde comienza el derecho ciudadano a registrar y difundir una actuación oficial?
El Gobierno cubano insiste en que el caso no debe interpretarse como un juicio por grabar a un policía. Sus críticos sostienen que la aplicación de las normas de privacidad en este contexto termina castigando una forma de expresión y fiscalización ciudadana. Son dos interpretaciones enfrentadas del mismo proceso.
Otro elemento que ha colocado el proceso bajo los reflectores es el nombre de la magistrada que presidió el tribunal: Zamira Marrero Morgado, presidenta del Tribunal Municipal Popular de La Habana del Este.
La controversia alrededor de Marrero no surgió con el caso Bensi. Su nombre ya había aparecido en investigaciones de organizaciones independientes relacionadas con los procesos judiciales derivados de las protestas contra el régimen del 11 de julio de 2021, conocidas como el 11J.
También se ha informado que la jueza rechazó previamente una solicitud de la defensa para que el proceso fuera anulado. La defensa argumentaba que los hechos descritos en la querella no constituían delito.
La condena de Bensi y su madre ha provocado reacciones dentro y fuera de Cuba. Organizaciones de derechos humanos y libertad de expresión consideran que el proceso puede sentar un precedente para quienes utilizan las redes sociales para documentar actuaciones de funcionarios en Cuba. La discusión, por tanto, no termina con la sentencia de este jueves.
Mientras tanto, una joven que comenzó grabando videos desde su habitación se ha convertido en el rostro de una discusión mucho mayor: qué espacio existe en Cuba para las voces críticas que utilizan un teléfono, una cámara y las redes sociales para contar lo que ocurre a su alrededor.
Y esa es precisamente la razón por la que el caso de Anna Bensi ha dejado de ser solamente la historia de un video.



