La adquisición de una segunda lengua puede producir cambios observables en el funcionamiento y la organización del cerebro, incluso en adultos
A veces, una palabra conocida se resiste a aparecer en la memoria justo cuando más la necesitamos. Buscamos entre lo aprendido, ensayamos una traducción mental o intentamos reconstruir una frase. Con la práctica, sin embargo, algunas expresiones empiezan a surgir con mayor facilidad. Aprender otro idioma es un proceso lleno de avances, vacilaciones y descubrimientos vinculados tanto al uso de las palabras como a la manera de procesarlas.
¿Cuáles son algunos de los cambios en el cerebro mientras aprendemos una lengua nueva?
Una de las evidencias más concretas procede de un estudio publicado en enero de 2024 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Un equipo del Instituto Max Planck de Leipzig, en Alemania, examinó a un grupo de adultos cuya lengua materna era el árabe mientras aprendían alemán de forma intensiva durante seis meses.
Mediante imágenes por resonancia magnética, los investigadores observaron cambios en la conectividad de la sustancia blanca, formada principalmente por fibras nerviosas que comunican distintas regiones del cerebro. Algunas conexiones se fortalecieron en redes relacionadas con el procesamiento de los sonidos y los significados, mientras, la conectividad entre ambos hemisferios disminuyó.
La capacidad del sistema nervioso de modificar su estructura y su funcionamiento como respuesta a la experiencia se llama neuroplasticidad. Gracias a ella, el cerebro puede adaptarse mientras aprendemos nuevas habilidades. En el caso de los idiomas, este proceso implica reconocer sonidos, incorporar vocabulario, comprender estructuras gramaticales y recuperar información para construir mensajes.
Sin embargo, todas estas habilidades no se desarrollan al mismo ritmo. Una persona puede comprender muchas palabras y, aun así, tener dificultades al pronunciarlas. Otra puede comunicarse con soltura en situaciones cotidianas, pero necesitar más tiempo con la finalidad de comprender textos complejos.
Aprender un sistema lingüístico, por tanto, no consiste en adquirir una única habilidad, sino en desarrollar varias capacidades que trabajan de manera coordinada y se apoyan en redes cerebrales interrelacionadas.
La edad límite

Aunque las investigaciones muestran ventajas asociadas al aprendizaje temprano, el cerebro adulto conserva su capacidad de adaptación.
Una investigación realizada en 2024 por un equipo internacional de las universidades de Zaragoza (España), McGill (Canadá) y Ottawa (Canadá), comparó la organización funcional del cerebro de 151 personas monolingües y bilingües con una segunda lengua adquirida en distintas etapas de la vida. Quienes habían estado expuestos a dos idiomas desde la infancia o la adolescencia temprana mostraron una mayor eficiencia global en sus redes cerebrales. En cambio, las diferencias entre quienes comenzaron más tarde y las personas monolingües no alcanzaron significación estadística.
Estos resultados deben interpretarse con cautela: el análisis comparó grupos, pero no siguió a adultos desde el inicio de su aprendizaje. Por tanto, no permite atribuir las diferencias únicamente a la exposición temprana ni concluir una ausencia de efectos durante la adultez.
Una revisión de 14 estudios de neuroimagen, publicada en agosto de 2026 en Frontiers in Human Neuroscience, encontró indicios de cambios estructurales y funcionales en adultos. No obstante, los resultados variaban según la edad, la intensidad de la formación y los métodos empleados. Las modificaciones funcionales en personas mayores fueron más consistentes que las estructurales. La revisión también destacó la necesidad de investigar la posible contribución del aprendizaje de idiomas a la reserva cognitiva, es decir, la capacidad cerebral para afrontar el envejecimiento y ciertas alteraciones neurológicas.
La edad influye, pero no determina por sí sola el resultado. También cuentan el tiempo dedicado al aprendizaje, la exposición, las oportunidades de uso y las características individuales.
¿Cómo conviven en un mismo cerebro?
Los distintos sistemas lingüísticos conocidos por una persona no se guardan en compartimentos cerebrales completamente separados. Según la ciencia, comparten en buena medida una misma red de regiones, sobre todo en las áreas frontal y temporal del hemisferio izquierdo, implicadas en la comprensión y la producción del lenguaje. Esa red contribuye a almacenar conocimientos lingüísticos y a recuperar palabras y estructuras con el objetivo de construir mensajes.
Publicado en marzo de 2024 en Cerebral Cortex, un estudio internacional examinó, mediante resonancia magnética funcional, a 34 políglotas; 16 de ellos conocían 10 idiomas o más. Todas las lenguas activaron la misma red cerebral, aunque con distinta intensidad. En general, las mejor dominadas provocaron respuestas más fuertes; sin embargo, la materna no siempre generó la mayor actividad.
Estos resultados sugieren un uso de circuitos compartidos y una respuesta cerebral adaptada a los conocimientos y las exigencias de cada idioma, sin necesidad de crear una red independiente para cada uno.
El proceso también implica el aprovechamiento de los conocimientos previos. En el mismo estudio, algunas lenguas desconocidas provocaron respuestas más intensas al compartir semejanzas lingüísticas con idiomas dominados por los participantes, posiblemente porque estos podían reconocer patrones familiares.
El cerebro no aprende en silencio. Cada nueva lengua asimilada reorganiza su arquitectura, redefine sus redes y reescribe, en parte, su forma de procesar el mundo.
El mapa trazado por la neurociencia sigue hoy en plena exploración. Edad de inicio, intensidad del uso y grado de dominio final conforman un paisaje vivo bajo observación constante. Y aunque el dato central se sostiene sólido desde hace tiempo (aprender otro sistema de comunicación es, literalmente, transformar el cerebro aprendiz), la investigación activa confirma un terreno fértil, abierto a futuros descubrimientos.
La entrada ¿Qué cambia cuando aprendemos otro idioma? se publicó primero en Revista Bohemia.
