Puerto Esperanza, el pueblo pesquero de Pinar del Río donde solo hay dos horas de luz y salir al mar cuesta 11.000 pesos al día

En Puerto Esperanza, un pueblo costero de apenas 5.000 habitantes en Pinar del Río, la pesca ha dejado de ser sinónimo de sustento para convertirse en una lucha diaria por sobrevivir: sus pescadores salen al mar de madrugada sin saber siquiera si la captura alcanzará para cubrir el combustible de la jornada, según un reportaje de EFE publicado este miércoles.
El pueblo, a unos 200 kilómetros al occidente de La Habana, recibe apenas unas dos horas diarias de electricidad, lo que hace imposible conservar el pescado en frío y obliga a venderlo en el momento de la captura o perderlo.
El reporte menciona el caso de Alexis González, de 45 años, quien llegó a la pesca después de que la crisis económica lo forzara a cerrar su carpintería.
Ahora invierte en promedio 11.000 pesos cubanos —unos 14 dólares al cambio informal— cada vez que sale a trabajar, porque el litro de diésel en el mercado negro ronda los dos dólares y su bote consume entre cinco y ocho litros por jornada.
«Hay que salir a pescar todos los días para poder subsistir y hacer algún dinerito, pero el combustible vale mucho y es más la inversión de lo que pescas», declaró González a EFE.
«A veces no se pesca nada, y viras vacío, y hay veces que ni el petróleo pagas. Y otras, llegas y no tienes cómo vender el producto por el tema de la corriente», subraya.
Eusebio Pérez, de 70 años, lleva ocho años dedicado a la pesca deportiva en el mismo puerto. Tras una noche capturando pargos, cuberas y peces pluma, reconoce que el oficio es «dura, muy difícil», aunque dice que le permite mantener a su familia y vivir «normal».
La paradoja más cruel del lugar es que en un pueblo cuya identidad gira en torno al mar, el pescado se ha convertido en un artículo de lujo inalcanzable para sus propios vecinos.
Ningún pescado baja de los cinco dólares, mientras el médico del pueblo, José Machado, cobra un salario mensual de 8.880 pesos cubanos, equivalentes a unos 11 dólares.
Con ese ingreso, Machado no puede comprar ni dos pescados al mes. «Para un simple trabajador es imposible llegarle por lo alto que están los precios», afirmó a la agencia de noticias.
Esa brecha entre salarios estatales y precios reales es el resultado de décadas de control estatal sobre la economía y de una política pesquera que prioriza la exportación sobre el abastecimiento interno.
Las exportaciones de langosta y camarón superaban el 95% del plan a mediados de 2024, mientras la producción destinada al consumo popular apenas alcanzaba el 53%.
El colapso es también estadístico: la captura bruta de productos pesqueros en Cuba cayó de 46.386 toneladas en 2020 a 22.330 en 2024, una reducción del 51,9% en cuatro años, según el Anuario Estadístico de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información.
La crisis energética agrava el panorama de los residentes en cualquier parte de la isla. El déficit eléctrico nacional superó los 1.800 MW el martes, y Pinar del Río ha sido una de las provincias más golpeadas a lo largo de 2026. En agosto, una desconexión del sistema eléctrico occidental dejó sin luz a unos 4,5 millones de personas durante casi siete horas.
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