Pese a que Cuba cuenta con las condiciones naturales para producir alimentos, importa alrededor del 80% de lo que consume y destina unos USD 2,400 millones anuales a estas compras. Esta dependencia se ha vuelto más grave por la caída de la producción local y una estructura agrícola marcada por problemas históricos, falta de incentivos y escasez de insumos. Entre 2018 y 2023, la producción agrícola nacional sufrió descensos drásticos: la carne de cerdo cayó un 95%, el arroz un 87%, los frijoles un 70% y la leche un 58%, según cifras del Programa Mundial de Alimentos de la ONU. La dieta promedio de los hogares cubanos ya no cubre las necesidades energéticas ni ofrece la variedad y calidad nutricional requeridas. El resultado es visible tanto en los mercados, donde los productos básicos escasean o tienen precios fuera del alcance del ingreso medio, como en la libreta de abastecimiento, incapaz de garantizar una nutrición adecuada a precios subvencionados. De la economía azucarera al colapso soviético El modelo económico cubano centrado en el azúcar está en la raíz de la actual dependencia. El economista agrícola William A. Messina, de la Universidad de Florida, explicó que durante décadas Cuba apostó por exportar azúcar y usar los ingresos para importar alimentos. “Los acuerdos comerciales hacían muy rentable tanto producir y exportar azúcar como importar otros alimentos”, sintetizó Messina. En los años 50, la isla producía cantidades relevantes de carne, leche y arroz, pero ya dependía del exterior para cubrir buena parte de su consumo. En 1958, Estados Unidos proporcionaba 86% de las importaciones agrícolas cubanas. La revolución de 1959 supuso el reemplazo de Estados Unidos por la Unión Soviética como principal socio comercial. Moscú compraba azúcar a precios preferenciales y enviaba insumos esenciales. Los intentos de diversificar la agricultura fueron breves: el país volvió a priorizar el azúcar, logrando un récord de 8.5 millones de toneladas en 1970, aunque no alcanzó la meta oficial de 10 millones. A finales de los años 80, Cuba seguía importando entre 44% y 57% de las calorías necesarias para alimentar a su población. La caída de la Unión Soviética en 1991 dejó a Cuba sin su principal comprador de azúcar y sin acceso a insumos claves. La producción azucarera se desplomó de 8 millones de toneladas en 1989 a menos de 150,000 en la zafra 2024-2025, según cálculos de EFE. El corte del suministro de fertilizantes, combustible y maquinaria provocó una baja del 35% en los principales cultivos no azucareros entre 1989 y 1994. El arroz y las hortalizas fueron especialmente afectados, lo que agravó la escasez interna. Controles estatales, incentivos y estructura agraria Muchos especialistas apuntan a la falta de incentivos y a los controles estatales como obstáculos principales. Pável Vidal, citado por BBC Mundo, considera que “la agricultura es el ejemplo típico de lo que provoca la falta de mecanismos de mercado”. La empresa estatal Acopio fija precios bajos, acumula deudas y limita la autonomía de los productores. El sistema impone cuotas y sanciones; si los agricultores no cumplen, pierden acceso a insumos. Además, los precios controlados y la inflación hacen más rentable revender recursos oficiales que producir alimentos. El 79% de la tierra agrícola es estatal, aunque el sector cooperativo y campesino —con tierras en usufructo— genera más del 80% de la producción. Las restricciones para transferir o arrendar estas tierras limitan aún más la eficiencia productiva. Cuando se permitió la venta de excedentes, la producción aumentó, lo que evidencia, según Messina, el efecto positivo de los incentivos en la agricultura. Inversión, migración y reformas recientes En 2024, solo el 10% del combustible necesario llegó al campo y apenas el 7% de la superficie agrícola contaba con riego. Ese año, el 37.4% de la inversión estatal se destinó al turismo y la hostelería, mientras solo el 2.7% fue para la agricultura, según datos oficiales. La migración masiva de jóvenes redujo la mano de obra disponible, mientras que la obsolescencia del parque de maquinaria, la sobreexplotación pesquera, los fenómenos climáticos y los apagones dificultan aún más la producción y distribución de alimentos. El embargo de Estados Unidos limita el acceso a insumos, tecnología y créditos, y el bloqueo al suministro de petróleo impuesto en 2024 agravó la situación del sector agrícola. El gobierno anunció en junio un paquete de 176 reformas, como la ampliación del usufructo de tierras, la posibilidad de que cooperativas importen y vendan combustible y medidas para atraer capital extranjero. Messina advierte que el éxito depende de su aplicación real; Vidal cree que el usufructo por 99 años podría incentivar la inversión privada. En 2025, una empresa vietnamita en Pinar del Río logró un rendimiento de 7 toneladas de arroz por hectárea, frente al promedio nacional de 1.6. El potencial existe, pero la crisis persiste: el campo cubano enfrenta una contracción del 15% del PIB en seis años, impagos, caída del turismo, inflación y escasez en los hogares.
