Con el presente artículo damos continuidad al tema anterior como parte de las acciones conmemorativas por el centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
En el año 1962 se realizó la Reforma Universitaria y comenzó a tener vigencia el principio rector del vínculo estudio-trabajo. Su implementación revolucionó la educación cubana. Desde 1963 hasta 1965 se logró la integración de las diferentes organizaciones gestoras del proceso revolucionario en el Partido Comunista de Cuba y la selección de Fidel como primer secretario.
En el ámbito intelectual, se desarrollaron polémicas teóricas en diferentes temas en relación con la construcción del socialismo entre las que pueden destacarse: a) la realizada entre los años 1963-1964 sobre los diversos modos de gestión socialista, y la vigencia o no de la ley del valor en una sociedad en transición. Sus principales protagonistas fueron el Che Guevara, Fidel Castro, Carlos Rafael Rodríguez, Alberto Mora, Marcelo Fernández Font, Luis Álvarez Rom, Miguel Cossío, Charles Bettelheim y Ernest Mandel, entre otros; b) la campaña contra el burocratismo, y el enfrentamiento de Fidel con el sectarismo y con la microfracción de Aníbal Escalante, entre otras.
En el año 1964, la necesidad práctico revolucionaria de calificar y aumentar el nivel científico técnico de la fuerza de trabajo, es la causa que propició las ideas referidas a las transformaciones del concepto de universidad, el líder revolucionario definió:
“Cada vez comprendemos mejor que una universidad tiene que ser algo más que un centro donde unos van a enseñar y otros van a aprender… que el concepto de Universidad tiene que ampliarse… Es que el concepto de Universidad tiene que entrañar la investigación; pero no la… que se hace solamente en un aula o en un laboratorio, sino… a lo ancho y largo de la isla… la que hay que realizar en la calle…Aspiramos en el futuro no al estudiante que comparte el estudio con el trabajo como una actividad profesional… –agregó– tendrá que llegar la oportunidad… en que en la Universidad se aplique también ese concepto de que el estudiante trabaja no como medio de vida sino que trabaja como parte de su formación”.
Reflexionó sobre la necesidad de transformar la vieja concepción de la universidad. Para él no debía ser entendida como la institución o ciudad universitaria, debía vincularse teoría y praxis, acercar la universidad a los centros productivos y de servicios, hacia los lugares donde ejercerían los futuros profesionales, hacer efectivo el principio estudio-trabajo, afirmó:
“Luego, la universidad tiene que proyectarse hacia los problemas, la universidad debe realizar sus actividades en la calle, de investigación, sobre todo.
“Luego, la universidad es una institución cuyo concepto se amplía más y más, y de hecho la universidad tiene que abarcar todo el territorio nacional”.
Estas ideas constituyen los cimientos del proceso de universalización de la educación que se ha desarrollado al calor de la Batalla de Ideas.
Hacia la década del setenta se profundizó la revolución educacional en su estructura, organización, funcionamiento e institucionalización. Entre sus principales logros se encuentra la aplicación del Plan de Perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación y la creación del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech.
En este contexto quedarían explícitas las aspiraciones y fines de la Revolución en la formación de la conciencia del nuevo hombre: formar una conciencia económica, donde el hombre fuese partícipe del desarrollo de la economía del país, conocedor de las dificultades de la nación, de sus medios de producción, con el objetivo de elevar el nivel de vida y afianzar el poder de la clase obrera ahora poseedora de los medios de producción.
Insistió, en 1979, en que los mayores esfuerzos de la educación debían estar orientados en el orden cualitativo, dijo: “Cualitativo en el contenido de la enseñanza y en la calidad de la enseñanza, cualitativo en la organización, cualitativo en la formación de la personalidad y la conciencia de los estudiantes, cualitativo en la disciplina, cualitativo en el cumplimiento de los deberes de los cuadros de la educación”.
Su concepción de los fines de la educación se formó en la dialéctica de la praxis transformadora revolucionaria, en correspondencia con las necesidades del contexto histórico concreto. Estableció la unidad entre fines y tipo de Formación Económico Social a partir de la crítica del sistema precedente y las necesidades del nuevo tipo de sociedad en proceso de tránsito.
En el análisis dialéctico que realizó sobre la construcción de la nueva sociedad socialista tomó en cuenta la relación hombre y medio. Ser revolucionario implicaba la transformación de la realidad y a sí mismo en el proceso de construcción de la nueva sociedad. Además, es consciente de que la determinación de los fines de la educación responde también a estos factores.
Planteó que en la educación del hombre se debían utilizar todos los medios disponibles en la sociedad, con el objetivo de consolidar una cultura encaminada a formar una conciencia revolucionaria. En el proceso educativo intervendrían todos los agentes y agencias de socialización.
La formación y educación del hombre tendrá en cuenta las características histórico-culturales, demográficas, psicológicas y la idiosincrasia del país, criterio que a su vez se correspondía con el ideal martiano y marxista-leninista de la formación del hombre, en 1967, afirmó:
”Si un hombre va a vivir en una sociedad, es necesario saber primero para qué sociedad se va a preparar a ese hombre. Y lógicamente en una sociedad en que rija la ley del más fuerte, del más astuto, del más vivo; en una sociedad donde prevaleciera el individualismo, el egoísmo y cada hombre abandonado a su suerte, no se podía enseñar a nadie a vivir –argumentó–. Se puede aspirar a establecer una educación para la vida en una sociedad fundada en otras bases muy distintas, muy diferentes… se puede desarrollar el sentido de la fraternidad humana, de la solidaridad humana en su más vasto alcance, en una sociedad que tenga por base y solo pueda tener por base la solidaridad y la fraternidad entre los seres humanos, donde los seres humanos se ayudan unos a otros, donde los hombres juntan sus fuerzas para crear la riqueza, donde los hombres juntan sus fuerzas para explotar los recursos de la naturaleza: la tierra, el agua; donde los hombres juntan sus fuerzas para aplicar la técnica, para aplicar la inteligencia, para aplicar las máquinas, para lograr todo esto”.
Resaltó que uno de los fines de la educación era educar para el trabajo desde la más temprana edad, el cual se concretó en la concepción de las escuelas al campo y en el campo y significó una novedosa creación revolucionaria y una contribución de Fidel a la filosofía de la educación, que obligó a transformaciones en las concepciones pedagógicas tradicionales y exigió de la interrelación con la estructura social.
La formación del hombre nuevo requirió de un concepto renovador de la escuela, expresó: “Nosotros marchamos hacia un concepto: la combinación del estudio y del trabajo en todos los niveles: en la secundaria, en la media superior y en la universidad. Y ya estamos haciendo escuelas primarias donde desde cuarto grado se empiezan a desarrollar tareas productivas”.
Educar en el amor al trabajo tiene para él una connotación política y no atender adecuadamente la educación de los jóvenes desde edades tempranas, alertó, podía traer consecuencias negativas para la Revolución, destacó: “Nosotros corremos un riesgo, y es una Revolución socialista, la primera Revolución socialista de América Latina, todas esas cosas que a ustedes les admira y por las cuales han expresado su simpatía a la Revolución cubana. Pero la Revolución cubana tiene sus riesgos. Y si nosotros no descubrimos todos estos fenómenos a tiempo, bien puede ocurrir que nosotros eduquemos una juventud burguesa”.
Confirió al Estado la máxima responsabilidad de corregir los errores en la educación de los jóvenes desde edades tempranas, sobre todo, en el amor al trabajo debía concentrase todos los esfuerzos enfatizó: “Y estábamos corriendo el riesgo ese: que nosotros perdiéramos los mejores hábitos y las mejores virtudes de la clase obrera. ¿Por qué saben lo que creó las mejores virtudes de la clase obrera?. La lucha, el sufrimiento, el sacrificio. Creemos que el Estado revolucionario debe velar por esas virtudes y seguirlas desarrollando”.
Se estableció en el sistema educativo cubano la necesaria relación dialéctica de la escuela y la vida, la teoría y la práctica con resultados satisfactorios para el desarrollo de las potencialidades humanas, la transmisión de la experiencia histórico-social intergeneracional y para el desarrollo ético, cognitivo y valorativo de los sujetos.
Fidel defendió la idea del vínculo estudio trabajo en las escuelas en el campo, frente a lo que él denominó “falso pedagogismo”, como esencial para la educación del hombre nuevo, por la connotación que tenía en la conciencia de clases de la nueva generación. Para él ha sido prioridad formar ciudadanos mejores y no técnicos neoburgueses alejados del pueblo, expresó:
“A veces, en nombre de un falso pedagogismo, en nombre de ciertos perfeccionismos, hay mentes alérgicas al trabajo de los estudiantes alegando que reduce sus niveles. A estos superpedagogistas —que de pedagogía conocen bien poco, porque ignoran aquellas cosas esenciales que forman al ciudadano— habría que recordarles que lo que nos interesa no es solo formar técnicos, sino técnicos integrales, ciudadanos mejores. Y que si tenemos urgencia de técnicos, ¡siempre será más urgente formar hombres verdaderos, formar patriotas, formar revolucionarios!“.
Esta idea conllevó a la valoración de la necesidad de educar a la juventud vinculada a las realidades del contexto del desarrollo sociopolítico cubano, como premisa para la formación del hombre nuevo, planteó:
“No formemos una juventud desconectada de las realidades, desconectada del trabajo (…) no formemos neoburgueses en medio de una revolución, gentes que no tengan la menor idea del esfuerzo del pueblo, del trabajo del pueblo, gentes que no tengan la menor idea de lo que costó la liberación del pueblo, de lo que costó el derecho de este pueblo a construir su futuro, de lo que costó el derecho de este pueblo a liberar el trabajo de la explotación, a liberar al hombre de la esclavitud. Y esta Revolución tendrá que preocuparse por eso”.
La responsabilidad –orientó– debía recaer en las universidades como los centros rectores de los procesos de cambio en el sector de la educación.
Defendió la idea martiana de educar para la vida como fin de la educación y principio de la pedagogía socialista, argumentó: “Nosotros consideramos esa educación para la vida y para el trabajo algo absolutamente esencial de la pedagogía revolucionaria, en un concepto inseparable de la pedagogía revolucionaria: el hábito de trabajar como algo natural, normal”.
En su concepción parte de la lucha por un poder hegemónico alternativo de carácter desenajenador, donde los valores y normas sociales se asuman como valores autónomos. Para lograrlo, el sujeto debe colocarse como productor de ideología y de saber, capaz de subvertir toda concepción o práctica autoritaria del poder.
Fidel defendió el desarrollo de una genuina filosofía no circunscrita a élites, sino que se divulgue entre las masas y se retroalimente de ellas, que enseñe y aprenda en la interacción con las masas, desde objetivos ideológicos identificados con los intereses del pueblo cubano. Enfatizó en la necesidad de la preparación y dominio del marxismo dado que su conocimiento por el pueblo era vital para la Revolución.
Estudiosos y especialistas en el tema coinciden en que la difusión del marxismo se acrecentó masivamente en la población cubana a partir de 1961, luego de los sucesos de Playa Girón y la declaración del carácter socialista de la Revolución.
La riqueza de los fines de la educación se interrelacionó con el concepto de justicia y con el papel del trabajo en la construcción del socialismo. La necesidad de combinar estudio y trabajo respondía a una necesidad de la praxis y al sentido de la justicia.
Fidel valoró que dar oportunidades a unos en detrimento del desarrollo de otros, no sería justo, ni moral, ni revolucionario, “la aplicación del principio del estudio universal sólo puede existir (…) en la medida en que se universalice también el trabajo”.
La profesión de maestro no debía ser sólo un medio de vida, lo concibió como un deber social honroso cuya misión es educar al hombre. Llega a la síntesis de que la “cultura hay que crearla, forjarla y transmitirla de generación en generación: la cultura del estudio, (…) de la disciplina, (…) del trabajo, (…) del deber social, (…) de nuestras obligaciones con los demás, de nuestra conducta como seres humanos (…) Es la escuela y es la educación el único instrumento para la formación de hombres racionales, que garanticen con hechos y no con palabras, con hechos y no con buenas intenciones, con realidades y no con consignas, lo que es una revolución, lo que puede ser una vida mejor, lo que puede ser una sociedad más humana, una sociedad más justa”.
Actuar de manera consciente y organizada para crear una nueva realidad es el paso decisivo del capitalismo al socialismo.
La década del setenta marcó el inicio de la segunda revolución educacional. La creación del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Doménech constituyó un momento cualitativamente superior.
En el país se había producido una explosión demográfica como resultado de los cambios revolucionarios que permitieron un incremento de la calidad de vida y de las condiciones económico-sociales de la población a fines de la década de sesenta y principios de los años setenta, se necesitó una fuerza profesoral con la que el país no contaba.
La comunicación entre el líder de la Revolución con las masas había sido una regularidad en la estrategia revolucionaria desde sus inicios. Su carisma y autoridad moral le otorgaron el derecho de buscar en el pueblo las respuestas a los problemas de la praxis.
Convocó a los jóvenes de todo el país, los cuales se integraron al destacamento pedagógico que posibilitó combinar en el sector educacional el estudio con el trabajo, teniendo el décimo grado vencido, se formarían como maestros teniendo este principio como base. De esta forma el país tendría los profesores de Secundaria Básica para continuar la universalización de la educación.
Convocatorias similares se desarrollarían posteriormente con la creación del Destacamento Pedagógico Internacionalista Ernesto Che Guevara, creado para ayudar en el desarrollo educacional en Angola, junto a otros que llevaron el saber a varias regiones del mundo.

