Paneles solares sobre los cultivos: ¿una alianza perfecta?
Cuba Si Portada

Paneles solares sobre los cultivos: ¿una alianza perfecta?

Tradicionalmente, los parques solares son lugares silenciosos, salvo por el leve zumbido de los inversores. Pero en aproximadamente uno de cada diez parques solares de Estados Unidos, un nuevo sonido resuena entre los campos: «beeee».

Dejar que las ovejas pasten bajo los paneles solares es solo una de las muchas formas que adopta una estrategia en auge conocida como agrivoltaica, en la que los cultivos crecen o el ganado pasta junto a instalaciones de energías renovables.

Esto no solo puede beneficiar a los animales, que disponen de más sombra. Los paneles también pueden proteger los cultivos de las condiciones meteorológicas y canalizar agua hacia ellos, creando condiciones más frescas y húmedas que incluso pueden aumentar el rendimiento.

Y hasta los propios paneles solares suelen beneficiarse de esta convivencia: cuanto más fríos se mantienen, más electricidad producen por cada vatio de luz solar.

«Si debajo de los paneles solares hay concreto u otro material similar, la eficiencia será menor que si hay, por ejemplo, plantas que transpiran y enfrían la superficie del terreno», dice a DW Carl Bernacchi, profesor de Biología Vegetal y Ciencias de los Cultivos de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign.

Aunque el potencial es enorme, especialmente a medida que el cambio climático somete a la agricultura a un estrés térmico cada vez mayor, esta práctica todavía está en sus comienzos. En Europa, si la agrivoltaica se implementara en apenas el 1 % de las tierras agrícolas disponibles, el continente podría superar sus objetivos de energía solar para 2030.

Sin embargo, su adopción ha sido lenta: a mediados de 2025, la agrivoltaica representaba apenas 18,4 gigavatios de energía en todo el mundo, menos del 1 % de la capacidad solar global.

Qué prospera bajo los paneles
La idea de la agrivoltaica se remonta a 1981, cuando dos científicos alemanes publicaron un artículo titulado «Kartoffeln unter dem Kollektor» («Papas bajo el colector»). Pero el primer proyecto piloto no comenzó hasta 2004 en Japón, un país con limitaciones de espacio donde existe especial preocupación por encontrar un equilibrio entre la expansión de la energía solar y la protección de las tierras agrícolas.

Existen tres tipos principales de agrivoltaica: horizontal, en la que los paneles están orientados directamente hacia el cielo; vertical, en la que se disponen en largas filas perpendiculares al suelo; e integrada, que suele instalarse sobre invernaderos.

Las investigaciones indican que los cultivos tolerantes a la sombra pueden beneficiarse. Entre ellos se encuentran las bayas, las uvas y los tomates —para los que las estructuras de acero de los paneles suelen servir también como soportes—, además de duraznos y pimientos.

Los paneles también pueden evitar que el agua se evapore por completo, creando un microclima más húmedo que beneficia al suelo. Sin embargo, la humedad es un arma de doble filo, ya que en ocasiones puede favorecer la aparición de enfermedades en las plantas.

Las ovejas también han demostrado ser especialmente compatibles con este sistema. En comparación con el ganado vacuno o las cabras, por lo general, son más fáciles de manejar alrededor de la infraestructura solar, tienen menos probabilidades de dañar los equipos y son lo suficientemente pequeñas como para desplazarse cómodamente bajo los paneles. Esta práctica también ofrece otras ventajas en términos de sostenibilidad: el estiércol de las ovejas fertiliza el suelo y se necesitan menos herbicidas en los terrenos.

«Si observamos la industria ovina, esto ha supuesto un verdadero cambio de paradigma: en lugar de tener que pagar para alquilar tierras donde puedan pastar sus animales, ahora les pagan por hacerlo», dice Kinzer. «Esto invierte por completo la lógica económica y representa una enorme oportunidad para la industria ovina, que atraviesa grandes dificultades en Estados Unidos, prácticamente desde la Segunda Guerra Mundial».

Un doble beneficio para el clima
La agrivoltaica se encuentra en una poco habitual intersección entre la mitigación del cambio climático —la reducción de emisiones— y la adaptación —el ajuste a un planeta que se calienta—.

«Es ambas cosas, algo bastante excepcional entre las soluciones climáticas», afirma Kinzer.

Esta práctica ofrece una respuesta a la pregunta de dónde instalar los paneles solares, ya que contribuye a producir energía más barata y eficiente y, al mismo tiempo, beneficia a cultivos que podrían verse afectados por el aumento de las temperaturas o por condiciones meteorológicas inestables.

Contar con dos fuentes de ingresos también puede ofrecer cierta protección a los agricultores, si las temperaturas o las condiciones meteorológicas arruinan los cultivos de una temporada.

«Poder contar con esa fuente alternativa de ingresos es enormemente importante para quienes dependen del clima para ganarse la vida, en momentos en que este se vuelve cada vez más extremo y variable», resume Kinzer.
 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *