Oficialismo cubano sale al rescate de Díaz-Canel tras polémica entrevista: «El enemigo la distorsionó»

La polémica entrevista de Miguel Díaz-Canel con la periodista brasileña Mônica Bergamo parece haber activado uno de esos reflejos que el aparato oficial cubano conoce de memoria: cuando el gobernante queda expuesto a preguntas incómodas, aparecen después los voceros dispuestos a explicar que el problema no fueron sus respuestas, sino quienes las escucharon, las analizaron o las publicaron.
Desde este martes, perfiles vinculados al oficialismo han salido en defensa de Díaz-Canel y contra la cobertura que medios y periodistas independientes hicieron de la conversación publicada por Folha de S.Paulo.
Uno de los mensajes más explícitos fue publicado por Humberto López, conocido presentador de la televisión estatal y habitual defensor de las posiciones del régimen, bajo un título que prácticamente resume toda la tesis: «LA ENTREVISTA QUE EL ENEMIGO DISTORSIONÓ».
Según López, «los medios enemigos» tergiversaron las palabras del gobernante para fabricar una falsa «derrota» y utilizaron «titulares sensacionalistas», «descontextualización» y «juicios editoriales como noticia».
El vocero mencionó específicamente a CubitaNOW y al periodista Magdiel Jorge Castro, a quien reprochó haber calificado a Díaz-Canel de «descolocado» y «mentiroso».
«La entrevista del presidente no fue una “derrota”. Fue una defensa firme de la soberanía cubana frente a una periodista que intentaba imponer su narrativa», sostuvo López.
De la televisión estatal a la diplomacia
El mensaje encontró eco en Luis Mariano Fernández Rodríguez, embajador de Cuba en Siria, quien lo reprodujo en su perfil de Facebook.
El diplomático no se limitó a compartir la defensa elaborada por López. Poco después publicó un mensaje propio acompañado de una fotografía de Díaz-Canel cuando era joven, al que presentó como un hombre de «principios» y con «la dignidad de un patriota».
«Yo sigo a mí [sic] presidente», escribió Fernández Rodríguez.
El embajador aprovechó además la defensa de Díaz-Canel para arremeter contra el presidente estadounidense Donald Trump, al que llamó «estúpido dictador» y acusó de tener «al mundo al borde de la desaparición» y de creerse «el dueño del universo».
El lenguaje resulta especialmente llamativo por proceder de un representante diplomático cubano en ejercicio, aunque encaja con el tono de confrontación contra Washington que atravesó buena parte de las propias respuestas de Díaz-Canel a Bergamo.
«El clúster de la contrarrevolución»
La página oficialista Razones de Cuba también dedicó este martes su espacio «Amanecer Cubano» a reinterpretar la repercusión de la entrevista.
Su tesis fue similar: lo problemático no habría sido lo dicho por Díaz-Canel, sino aquello en lo que decidieron fijarse quienes cubrieron la conversación.
«El clúster de la contrarrevolución decidió que lo noticioso no era eso», afirmó la publicación, que reprochó la atención prestada a «la cara del Presidente», sus silencios, los primeros planos y el momento en que Lis Cuesta le acomoda el cabello con saliva antes de la entrevista.
«Cuando no se puede rebatir el argumento, se ataca el gesto. Cuando la respuesta política incomoda, se editorializa el rostro que la dice», añadió el texto, para concluir que ese tratamiento «no es periodismo».
El razonamiento permite una curiosa inversión: las respuestas del gobernante pueden ser analizadas únicamente en los términos que el oficialismo considera relevantes; detenerse en sus contradicciones, evasivas, gestos o momentos de tensión pasa a formar parte de una narrativa enemiga.
Pero las preguntas y las respuestas están ahí
La cobertura de CiberCuba sobre la entrevista no se limitó a gestos ni primeros planos. Recogió extensamente las propias declaraciones del gobernante sobre algunos de los asuntos centrales de la realidad cubana.
Díaz-Canel defendió, por ejemplo, el sistema de partido único y rechazó que el pluralismo político sea un requisito de una democracia. Llegó a preguntar a Bergamo si realmente creía que tener muchos partidos significa más democracia y sostuvo que el Partido Comunista existe para «dirigir la Revolución», aunque no sea formalmente un partido electoral.
También negó que Cuba se encuentre al borde del colapso, pese a reconocer una situación extremadamente grave: apagones prolongados, falta de combustible, escasez de medicamentos y enormes dificultades económicas. Ante la mención del llamado «bloqueo interno», volvió a situar la causa fundamental de la crisis fuera de la Isla.
En materia económica, Díaz-Canel negó que las medidas que amplían el espacio de los negocios privados representen reformas capitalistas. Esa explicación también generó respuestas críticas, entre ellas la del humorista Ulises Toirac, quien cuestionó que la utilidad de una política económica deba medirse por su etiqueta ideológica y no por sus resultados.
Son declaraciones y posiciones políticas del propio gobernante. Que periodistas y medios las contrasten con la realidad cubana o cuestionen sus argumentos no requiere alterar la entrevista: basta con escucharla.
Hasta el Ejército salió a respaldarlo
A las defensas mediáticas se sumó este martes el Ejército Central de Cuba, que aseguró públicamente que las Fuerzas Armadas «asumen esas declaraciones como propias».
El mando militar compartió una imagen del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias con una fotografía de Díaz-Canel y la consigna «Estamos de pie, luchando sin rendirnos».
«La posición asumida por el compañero Miguel Díaz-Canel Bermúdez no es un gesto aislado: es la ratificación de que Cuba no negocia su dignidad ni su autodeterminación», afirmó el Ejército Central.
El mensaje militar no atacó directamente a los medios que cubrieron la entrevista, pero completó una jornada en la que distintas voces del aparato estatal y oficialista consideraron necesario reivindicar públicamente la actuación del gobernante.
El viejo reflejo
No hay elementos suficientes para afirmar que estas publicaciones formen parte de una acción coordinada, ni es necesario hacerlo para observar el fenómeno.
Lo comprobable es más sencillo: después de que una entrevista realizada por una periodista extranjera generara titulares incómodos para Díaz-Canel, aparecieron mensajes de un conocido vocero de la televisión estatal, una plataforma propagandística, un embajador y una estructura de las Fuerzas Armadas defendiendo al gobernante o sus declaraciones.
Y buena parte de la defensa vuelve a una fórmula conocida: Estados Unidos como responsable fundamental de la crisis, los medios independientes convertidos en «enemigos» y las críticas al gobernante presentadas como manipulación.
Quizás ahí esté una de las paradojas de toda esta reacción. Si la entrevista fue realmente la demostración de firmeza y claridad que ahora describen sus defensores, no debería necesitar demasiados intérpretes posteriores.
La conversación con Mônica Bergamo está publicada. Las preguntas están ahí. Las respuestas de Díaz-Canel también.
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