Nadie podrá robarnos la esperanza
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Nadie podrá robarnos la esperanza

curso escolar 2026-2027


Foto: Freddy Pérez Cabrera

Desde hace varios días en la casa de Rujaine González y Niurbis Moya hay un ajetreo inusual. Al alistamiento de los uniformes y el calzado que portarán sus hijos el 1ro de septiembre, se ha unido la compra de nuevas mochilas, el forrado de las libretas y todo lo demás que tenga que ver con los preparativos del nuevo curso escolar.

En medio de su inocencia infantil, los pequeños desconocen el tremendo esfuerzo que han debido realizar los padres, y su abuelita Irene, para que ese no se convierta en un día más, sino en una jornada especial, donde lo más importante sea la alegría de los niños.

Como la inmensa mayoría de las familias cubanas, también sufren las carencias del momento, los duros apagones, la inflación y otras consecuencias del cerco genocida que nos ha impuesto la potencia del norte. No obstante, eso no ha hecho que dejen de preocuparse por todo lo que tiene que ver con la educación de sus hijos.

Atrás han quedado muchos días de desvelo y de búsqueda incesante de los recursos imprescindibles, a lo cual se une la certeza de que este será un curso diferente, marcado por las carencias materiales de todo tipo.

En este contexto, puede que en determinadas circunstancias haya que buscar alternativas, ante la falta de algún maestro, que el uniforme escolar no llegue a tiempo, o que un día la merienda no sea como ellos quisieran, entre otras dificultades. Sin embargo, lo que sí estará seguro será la voluntad de un país, que a pesar de estar exigido al límite de sus posibilidades, jamás dejará de luchar por el futuro de sus hijos.

Por eso, de seguro que este primer día de clases, será de regocijo para Melany, Maikol y los miles y miles de infantes que se reencontrarán con sus amiguitos después de unas vacaciones, también diferentes, y con esos maestros que, dejando atrás los muchos problemas que los laceran, estarán frente a las aulas, para brindar lo mejor de sí.

La proeza que comenzará a escribirse este primer día del noveno mes del año, será un capítulo más en la historia de un país que se niega a rendirse ante el imperio más poderoso de la tierra, muy similar a la lucha librada por el pequeño David contra el gigante Goliat.

Cuando pasen los años, habrá que escribir también la historia de todos los niños y jóvenes que supieron crecerse ante las adversidades para ganar la batalla del saber; la de sus padres que al costo de muchísimos sacrificios, pusieron por delante la formación de sus hijos, y las de los miles de maestros y profesores que no dudaron en cumplir la tarea que les exigió el crucial momento histórico que vive la Patria.

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