La muerte de Ramiro Valdés Menéndez fue confirmada este domingo por el mandatario Miguel Díaz-Canel, quien lo despidió públicamente como una de las figuras centrales de la llamada generación histórica del poder cubano. El anuncio llega tras meses de ausencia pública del comandante, cuya salud había sido motivo de rumores desde finales de 2025.
Valdés, nacido en Artemisa el 28 de abril de 1932, tenía 94 años. Fue uno de los sobrevivientes del grupo que participó en el asalto al cuartel Moncada, integró la expedición del yate Granma y combatió en la Sierra Maestra. Tras 1959, ocupó cargos de primer nivel dentro del régimen y quedó estrechamente asociado al Ministerio del Interior, la Seguridad del Estado y los órganos de inteligencia cubanos.
Aunque la prensa oficial lo presenta como “Comandante de la Revolución”, su figura también está marcada por su papel en la construcción del aparato de control político que ha sostenido al castrismo durante más de seis décadas.
Díaz-Canel confirma la muerte y lo despide como “un padre”
Díaz-Canel informó la muerte de Valdés en su cuenta oficial en X, en un hilo de tres publicaciones. En su mensaje, el gobernante cubano escribió: “La partida física del Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez, duele profundamente, como la de un padre. Así lo quise y respeté siempre. Así recordaré su apoyo y consejos, su discreta colaboración y ejemplar consagración al servicio de la Patria”.
El mandatario también resaltó su fidelidad al liderazgo histórico del régimen. “Cada acto de la vida del Comandante Ramiro estuvo signado por su fidelidad absoluta al liderazgo de Fidel y Raúl, a sus compañeros de lucha y al Programa del Moncada”, afirmó Díaz-Canel, antes de cerrar su despedida con la consigna: “¡Hasta la victoria siempre, Comandante!”.
La confirmación oficial ocurrió el Día de los Padres, una fecha que Díaz-Canel vinculó emocionalmente con la muerte del dirigente al afirmar que se “nubla con el dolor de su partida”.
El fundador del MININT y arquitecto de la Seguridad del Estado
Ramiro Valdés fue el primer titular del Ministerio del Interior desde su creación en 1961 y ocupó ese cargo en dos períodos: entre 1961 y 1968, y luego entre 1979 y 1985. También se le atribuye un papel decisivo en la fundación del Departamento de Seguridad del Estado y de la Dirección General de Inteligencia.
Ese tramo de su trayectoria explica el peso político de su muerte. Valdés no fue solo un dirigente histórico envejecido, sino uno de los hombres que ayudó a diseñar las estructuras de vigilancia, inteligencia y represión interna del régimen cubano.
Además del MININT, ocupó cargos como vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, ministro de la Informática y las Comunicaciones, vice primer ministro, miembro fundador del Comité Central y del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.
Durante años siguió apareciendo en recorridos oficiales vinculados a inversiones estatales, construcción, telecomunicaciones y proyectos energéticos, incluso en una edad avanzada.
Meses de ausencia pública y rumores sobre su salud
La muerte de Valdés no tomó por sorpresa a quienes seguían su rastro público. Su ausencia en actos oficiales desde septiembre de 2025 había generado especulaciones sobre su estado de salud. En enero y febrero de 2026 circularon reportes no oficiales sobre una posible hospitalización en estado grave, sin que el Gobierno cubano ofreciera información transparente al respecto.
Uno de los episodios más llamativos ocurrió el 6 de junio, durante el acto por el 65 aniversario del MININT, institución que Valdés ayudó a fundar. Su ausencia fue notoria, especialmente porque se trataba de un homenaje al organismo que marcó buena parte de su carrera política.
Con su muerte, la generación histórica del castrismo queda todavía más reducida. Entre los nombres vivos de mayor peso simbólico permanecen Raúl Castro y Guillermo García Frías, mientras otros comandantes históricos ya habían fallecido en años recientes, incluido el dictador Fidel Castro en 2016.
El fallecimiento de Valdés cierra otro capítulo del núcleo fundacional del régimen cubano, pero también reabre la discusión sobre el legado de una figura asociada tanto al relato épico oficial como al aparato de seguridad que durante décadas persiguió, vigiló y reprimió a opositores, disidentes y ciudadanos críticos dentro de la isla.


















