
Foto: Portada del disco
Hace pocos días pude reincorporar a mi colección personal un disco del año 1983 de la extraordinaria cantante Miriam Ramos. El LD –siglas que significan Larga Duración, la categorización latina de los antiguos discos de acetato o vinilo cuyo equivalente en inglés son los denominados Long Play, LP–, fue parte de los fonogramas que atesoraban mis padres, y en cierto momento se extravió; pero luego de un tiempo pude encontrar una copia y restañar así un vínculo afectivo con mi propio pasado.
Esta entrega discográfica posee varios ribetes dignos de analizar y difundir, especialmente para quienes apenas conocen la gran variedad sonora de la Cuba de otros tiempos, cuando la Egrem constituía la única firma fonográfica nacional; gracias a sus registros musicales, hoy revisitamos una época interesante de esos aportes.
El LD está estructurado en torno a varias canciones de la reconocida compositora Marta Valdés, y toma su título precisamente de una de sus más complejas obras: Canción desde otro mundo; comienza así esta travesía musical que emprendió Miriam hace más de 40 años.
La manera en que fueron insertadas estas diez canciones de Marta constituye en sí misma una verdadera clase magistral de buen gusto, por los contrastes entre cada una de ellas; aunque podemos afirmar que son contemporáneas en su mayoría: cuatro fueron compuestas en 1968, tres en 1970 y el resto en etapas circundantes como 1969 y 1978.
La más fresca o cercana a la fecha de salida del disco se titula Trini y data de 1981; por tal motivo cronológico es que este trabajo supone una disección extraordinaria de una etapa muy fértil en la producción musical de Marta Valdés.
Esos temas se mueven por estilos afines, específicamente por la canción. Es imperativo señalar que es ese el recurso expresivo más importante y conocido de la obra de Marta; si bien, como sabemos, su universo armónico y su sed de experimentación la llevaron a componer bajo otros mantos creativos y algunos de ellos fueron plasmados en este LD, en el que se incluyen las obras Aves de madera, habanera y Aunque no te vi llegar, criolla.
Claro, esa denominación formal no significa que estemos ante una ortodoxia morfológica de esos géneros, recordemos lo transgresor del lenguaje musical de Marta Valdés y su constante movimiento renovador al respecto; por el contrario, estas dos aproximaciones comulgan fervientemente con todo lo que conocemos de su complejidad compositiva.
Debemos destacar otro aspecto muy interesante y que concierne a la producción musical del disco, a cargo del reconocido pianista Hilario Durán. Para esta grabación fueron convocados dos arreglistas: el propio Hilario y Lucía Huergo, los cuales además asumirían todos los pianos y los sintetizadores (hoy les llamamos teclados) del LD y Lucía además interpretaría las flautas.
Como un dato singular y un hecho histórico dentro del panorama musical nacional, hay que señalar la presencia de Adolfo Pichardo al frente de la Orquesta Egrem, un sello inconfundible de exquisitez orquestal y solidez en todo sentido. Otros nombres que figuran en este viaje son Jorge Reyes (bajo), Ahmed Barroso (guitarra eléctrica), Demetrio Muñiz (trombón) y músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.
La seguridad vocal con la que Miriam asumió este disco con apenas 37 años sigue sorprendiendo hoy día por la complejidad de la cancionística de Marta y sus constantes reacomodos melódicos, aunque no debemos pasar por alto que ya en esta etapa Miriam venía consolidándose como una intérprete de porte e hidalguía inconfundibles, atributos que ha mantenido en su carrera.
Y si cree usted que todo ha sido dicho, he de agregar un último detalle: las notas discográficas, algo poco usual en los LD cubanos de la época, fueron escritas con honda sabiduría por Silvio Rodríguez.
Que sirva esta breve reseña para agasajar a Miriam Ramos –premio nacional de Música 2024– por su 80 cumpleaños, celebrado el pasado mes de mayo.
