Entre los juegos de la infancia Mariselys Font Monteagudo siempre eligió el de ser la maestra. Se colocaba al centro de sus amigos, impartía lecciones y asumía posturas propias de un pedagogo. Mas, en su vocación por el magisterio no solo influyeron los aires de la niñez, sino también la herencia familiar. Dos de sus tías, algunas primas y su hermana eligieron este camino y ella decidió seguir sus pasos.
Con el tiempo aquella inspiración tomó fuerza. Bastó adentrarse en la Escuela Pedagógica Rafael María de Mendive para apegarse cada vez más a este oficio. Luego, su tránsito por varios planteles del territorio, como parte de las prácticas docentes, afianzó el amor por los niños y la enseñanza. Al finalizar la etapa de formación, llegó al Seminternado Camilo Cienfuegos, de Yaguajay, para curtirse como una verdadera educadora.
«A pesar de lo aprendido en las escuelas por las que transité, tengo que decir que la Camilo Cienfuegos, con todo su colectivo, me aportó mucho. Comencé con el director Alberto Marichal Brito, puntal en mi formación, junto a otros excepcionales maestros que me supieron guiar. Al terminar el cuarto año de la formación como maestra inicié la licenciatura en Maestro Primario.
«En este centro me desempeñé varios años y formé parte de la vida pedagógica del lugar. Recuerdo que al principio impartí Ciencias en sexto grado. Desde entonces, me enamoré de este nivel, aun cuando siempre soñé con dar clases a los alumnos de primer grado. Fueron años excepcionales, con estudiantes maravillosos que, hoy por hoy, pasan y me siguen llamando profe, maestra del alma…, y eso me hace sentir orgullosa.
“La experiencia en la Camilo Cienfuegos fue muy importante para mí. Siempre llego aquí, ya sea como parte de las visitas a la escuela o para saludar a muchas personas con las que comencé a trabajar, cuenta Font Monteagudo.
Mariselys ha pasado la mayor parte de su vida ligada al sector educacional, aunque también transitó por la Unión de Jóvenes Comunistas como funcionaria y presidenta de la Organización de Pioneros José Martí. Además, cumplió misión internacionalista en la hermana República de Venezuela.
«Asumí esta tarea y tuve que separarme de mi familia y de mi hija, que era muy pequeña en aquel entonces. No obstante, conté con el apoyo incondicional de mis padres y de todos en la casa”, refiere.
De regreso a Cuba, retorna al magisterio. Tras su llegada a Yaguajay, se desempeñó como jefa del Departamento Agroindustrial y de Contabilidad en la Dirección Municipal de Educación hasta que asumió la secretaría del Consejo de Atención a Menores, actividad que, poco más tarde, se convirtió en Trabajo Preventivo, y que ella se encargó de liderar hasta los días de hoy.
Aunque el nombre de la ocupación cambió, el trabajo seguía siendo el mismo: atención a las familias, a los niños, a la educación, a la formación integral de la personalidad.
«En esta especialidad he hecho una familia. Todo Yaguajay me conoce como la muchacha de Trabajo Preventivo en la Dirección General de Educación. No dejo de visitar los centros educativos, ni de asistir a las reuniones, ni a los intercambios con los trabajadores sociales, con organizaciones sociales y de masas y, sobre todo, con la escuela.
«Me gusta llegar a las instalaciones educativas y que me digan todos los problemas que existen y, a la vez, sentarnos para buscarles una solución. No hacemos nada con saber las dificultades y no encontrar respuestas. Por ejemplo, si tenemos niños que no asisten a la escuela, hay que indagar las causas.
“He enfrentado momentos duros: juicios a familias que no entienden que deben cumplir con lo establecido como responsables de sus hijos, además de trasladar a centros de conducta a alumnos con comportamientos desajustados. No obstante, esas situaciones me han fortalecido, me han dado experiencia, sentido y amor en la vida para seguir luchando y lograr resultados favorables en esos pequeños.
«El trabajo preventivo es fundamental en el desarrollo y desempeño del maestro. Si no amamos la escuela, los niños, formar y enseñar a los alumnos, no hablamos de maestro. El trabajo preventivo es amor. Así lo defino”, señala.
Mariselys lleva a cuestas un sinfín de historias de niños y familias que han enderezado el rumbo. Gracias a su labor, no pocos muchachos hoy se erigen como profesionales y personas de bien. Por ello, cada acción preventiva le regala gratas impresiones.
«Sabemos que estamos viviendo momentos complejos, pero no se pueden perder la ternura, el amor y la pasión por salir de los problemas. Las familias tienen que ser, hoy más que nunca, ejes esenciales en la formación de los educandos, recalca.
Por esa voluntad expresa de hacer las cosas bien, por ayudar, por pensar siempre en los niños, Marisleys Font Monteagudo resultó una de las mejores trabajadoras de la Dirección General de Educación en Yaguajay al cierre del curso escolar 2025-2026. Mi vida es ser maestra», concluye, y en esas palabras deja claro el orgullo que siente por la pedagogía.

