La Asamblea General de la ONU designó cada 1º de octubre Día Internacional de las Personas de Edad: ancianos. BOHEMIA trae una cierta mirada, algo polémica, de la realidad cubana
Los entrecejos arrugados dan cierto aire docto de una edad vivida a raudales o en pulsaciones lentas: no necesitan llevar un cartel que diga “Soy un viejo”. Sí, así con plena crudeza, porque -aunque se les nombre también ancianos, adultos mayores, personas en la tercera edad o abuelos-, serlo en Cuba nunca es una lisonja, al contrario.

Aquí, llegar a más de 65 años suele ser un mérito: es cierto; pero a la vez carga los estereotipos de “la última afeitada” o “el último baile”. No nos parecemos ni de lejos a las culturas milenarias de Asia y África donde se reverencia al anciano, efecto de las experiencias del largo vivir.
Incluso allí el capitalismo neoliberal lleva implícito una enajenación tal que ni en las aldeas se libran de las discriminaciones. Solo los templos budistas o hinduistas logran escapar de la segregación etaria. En China o Japón constituyen el comienzo de la introspección culta. Mientras, en el Vaticano es edad para un buen “papado”.
La Revolución cubana vino a colocar las cosas en el lugar honorable correspondiente a todos; los jóvenes como canteras de futuro, ímpetu, alegría; las personas maduras, la fuerza, la persistencia. Los ancianos coadyuvan a la transmisión de valores, al soporte hogareño, la memoria viva o la máxima dirección de nuestro Socialismo.
La sociedad cubana, en la década de los 80 del Siglo XX, llegó a tener una bonanza tal que fue propiciadora de iniciativas de la índole del “Club de los 120 años”, dirigido por el doctor Eugenio Selman; sus organizaciones de bases se componían en filiales de 15 miembros: adultos mayores con el propósito de tener una ancianidad feliz, saludable y poder alcanzar la respetable edad de cien años más 20.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz se enamoró de la idea promoviéndola hasta convertirse en todo un movimiento cultural ramificado en la nación entera, con ancianos en lances de ejercicios físicos, bailables, juegos de dominó, programas televisivos. Después vendría la caída del campo socialista europeo, suceso terrible, por el que Cuba se adentró en el conocido Período Especial. Al recuperarnos, algunas de esas ideas se volvieron a concretar, mas sin el entusiasmo aquel.
Ahora que la multicrisis cubana es muy seria -en lo esencial derivada del bloqueo económico, financiero, comercial y energético de los Estados Unidos-, el gobierno socialista dedica denodados esfuerzos al merecido descanso activo de nuestros viejos, así como a su manutención: Casas de Abuelos, Hogares de Ancianos, Sistema de Atención a la Familia (SAF), cuidadores. Hasta existe un acercamiento de las Brigadas Juveniles de Barrio.
Además, en 2025, se aprobó la Resolución 139 del Primer Ministro, la cual estipula el desarrollo de la Jornada por el Día del Adulto Mayor del 25 de septiembre al 1º de octubre: en ella se involucran el Instituto de Deporte, Cultura Física y Recreación (Inder), las direcciones provinciales y municipales de cultura, los trabajadores sociales, las distintas estructuras de Salud Pública con el fin de realizar distintas actividades con y para los “viejitos”.

También es comprobable la dedicación en muchos hogares, en los que se les celebran cumpleaños sonoros o hay un esmerado cuidado físico y espiritual, permitiéndoles a los ancianos lucirse en toda esa belleza de los años felices.
No obstante, estas verdades tan claras como la luz del sol en pleno verano, lo cierto es una creciente indefensión de nuestros abuelos, rayano en el abandono debido a la pronunciada emigración familiar, unido a cierta pérdida de civismo: se les ve agotados en las colas de los bancos, desesperados en busca del pan u otros víveres, cansados en farmacias o resignados al cuidado de niños, mascotas.
Hoy día, el abuelo le puede dedicar poco tiempo a la socialización y al acicalamiento, sin hablar de cubrir necesidades básicas, si bien los contados Hogares de Ancianos o los espacios en parques son lugares a potenciar. En unos, podrían pasar ratos agradables, discutir, recordar. En otros, llegarían a tener confort, medicinas y seguridad.
Sería acertado, cuando el contexto lo permita, aumentar las actuales insuficientes pensiones tras tantísimos años de “empujar un país”. Somos la nación más envejecida de Latinoamérica, logro de la Revolución gracias a todas las conquistas sociales. ¿Qué pasará en esta coyuntura, se les contempla en la perspectiva inmediata? ¿habrá generosidad de parte de los más beneficiados hacia los más vulnerables? ¿Limosnas o justicia social?
Sirva el pensamiento de José Martí, quien siempre los incluyó en sus respetos. Hagamos de Cuba altar de héroes y heroínas vivos que peinan canas. En una de las reflexiones martianas expresa de los ancianos: “son como ornamentos y la mejor fuente de fuerzas de la vida”.
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