Cuba envió a una delegación de avezados diplomáticos a Nueva York, para participar en el octogésimo primer período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, ámbito propicio para exponer los alcances nefastos del bloqueo de Estados Unidos.
La delegación antillana encabezada por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, tuvo una activa labor en foros abiertos, entrevistas con colegas y actividades de cortesía y de solidaridad.
Los encuentros permitieron actualizar al auditorio e interlocutores sobre lo que Rodríguez Parrilla calificó acertadamente de «endurecimiento extremo del bloqueo estadounidense».
Se trata de cerco, intimidación, amenazas de acción armada, sanciones secundarias y una prohibición de llegada de combustible a La Habana.
Una arista de las coerciones radica en las presiones y advertencias para que mercancías vitales para los cubanos permanezcan inmovilizadas en puertos caribeños, cuando tanto se necesitan por una población enfrentada a penurias.
Cuba explicó en Nueva York cómo se dificulta el arribo al archipiélago caribeño de asistencia humanitaria de los organismos especializados de la ONU.
En este sentido fue ilustrativa la entrevista del Ministro cubano de Relaciones Exteriores con Tom Fletcher, secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios y coordinador del Socorro de Emergencia de la ONU.
La comunidad internacional debía conocer que el boicot de Washington ha obligado a la ONU a gestionar el envío aéreo de recursos a la mayor de las Antillas, por los impedimentos y amenazas a las navieras para que trasladen cargas a ese destino.
Entre los suministros bloqueados hay decenas de contenedores de ayuda comprados por agencias de la ONU con medicamentos, insumos de salud y paneles solares.
Estos últimos son vitales para un país con largos apagones, agravados luego de implantar Trump el cerco de combustible.
Las sanciones agravaron drásticamente la ya acentuada crisis de suministros en la nación caribeña, las listas de espera para las intervenciones quirúrgicas en hospitales y las ofertas de alimentos en los mercados.
Las denuncias de la patria de José Martí sobre el asedio encontraron eco en gran parte de los participantes en las sesiones de la Asamblea General.
Destacó la confirmación de la solidaridad de Rusia, a través del canciller Serguei Lavrov.
Mientras tanto, los inquilinos de la Casa Blanca siguen obcecados, como lo evidencian recientes declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio.
El ex congresista lanzó un virulento ataque al decir que si Cuba no ejerce los cambios exigidos por Estados Unidos, el gobierno «aprenderá la lección por las malas».
O sea, el lenguaje de la intervención.



