Fotos: Izet Morales Rodríguez y Raúl Navarro Fuentes
La historia del poblado de Máximo Gómez es, en esencia, la crónica de una identidad férrea que supo elevar sus tradiciones locales a un plano universal. El hilo conductor de toda esta gesta fue Luis Cordero Peguero (1941-2026), pilar fundamental y motor impulsor que dio coherencia y fuerza a cada uno de los proyectos culturales que transformaron nuestra comunidad.

Fue en 1991 cuando conocí a Cordero, un encuentro que marcó el inicio de mi propósito profesional: dedicarme a documentar en video todo lo concerniente a las tradiciones campesinas. Al comenzar esta labor, comprendí que su visión era la brújula que orientaba los pasos del pueblo hacia la trascendencia; él no solo gestionaba cultura, él encarnaba la memoria viva del poblado y yo me convertí en el testigo visual de ese legado.

El alma de su obra se concretó en los «Hogares Cucalambé», viviendas donde la tradición no es un recuerdo, sino un acto cotidiano. En cada uno de estos hogares, declarado oficialmente, destaca un cuadro pintado a mano que muestra un paisaje cubano dominado por la palma real bajo un cielo nublado. Junto a la imagen, descansa una décima del Cucalambé, que funciona como el acta de fundación espiritual de cada familia:
Oh mi hogar!
Yo te saludo,
Yo te ensalzo y te bendigo,
Porque en ti seguro abrigo
Hallar mi familia pudo.
Ojalá el destino crudo
Me niegue golpes impíos,
Y goce yo entre los míos
De vida apacible y larga,
Sin beber el agua amarga
De los extranjeros ríos.

Este poema, enmarcado con orgullo en las paredes de quienes defienden nuestra cultura, fue el sello con el que Luis convirtió cada vivienda en una trinchera de cubanía. Fue él quien, desde 1993 y tras la idea de Pedro Luis Álvarez Denis (Wicho), impulsó la declaración de Máximo Gómez como Primera Villa Cucalambé del país, logrando hitos memorables:
El Premio Memoria Viva: Un reconocimiento otorgado excepcionalmente a toda nuestra comunidad por su entrega a la conservación de sus raíces.

Su trayectoria alcanzó su punto más alto el 31 de enero de 2023, cuando recibió de manos del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez el Premio Nacional de Cultura Comunitaria 2022. Con la sencillez que lo definía, declaró:
«Cuando recibí este reconocimiento y estreché las manos de nuestro presidente, mi primer pensamiento fue para mi pueblo». Aquel honor no era suyo, era de cada campesino que mantenía viva la tradición en su hogar.

Pero más allá de los reconocimientos, lo que definía a Luis era su fe en el mañana. El 14 de abril de 2014, en una conversación que mantuve con él, al preguntarle qué sería de la Décima en Máximo Gómez cuando él ya no estuviera, respondió:

«La Décima tendrá siempre sus continuadores en Máximo Gómez, en la provincia de Matanzas y en Cuba, porque es la raíz principal del folclore hispánico, del cual hemos bebido siempre y nos inspiramos en ella y continuarán inspirándose los que vienen detrás.

«Este 2026, el silencio ha llegado al pueblo. Luis Cordero Peguero cerró los ojos, pero la crónica se niega a terminarse. Porque en Máximo Gómez, cada vez que un guajiro afina la voz al atardecer, o cuando un niño recita una décima aprendida en la escuela, el aire se espesa y parece escucharse el rasguño de su lápiz sobre el papel.

Cordero no se ha ido; se ha quedado para siempre en cada hogar, en cada cuadro que nos recuerda quiénes somos y en cada verso que, como él predijo, seguirá brotando de nuestra tierra para el mundo entero.






