El voto de millones de brasileños que no votaron en la primera vuelta y el cambio sensato de parecer de otros muchos contribuyeron a la victoria de Luiz Inacio Lula da Silva en el balotaje presidencial efectuado este domingo, propinando así una derrota a la ola derechista promovida espuriamente por el Imperio en Latinoamérica, promovida personalmente por el presidente norteamericano, Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, que en el caso de Brasil utilizó como marioneta a Flavio Bolsonaro.
Lula obtuvo 51,7% de los votos válidos contra 48,2% del derechista Flavio Bolsonaro con la totalidad del escrutinio completado, un resultado que le otorga un cuarto mandato que muchos estimaban improbable hace días.
Bolsonaro parecía favorito luego de ganar por casi dos puntos porcentuales la primera vuelta a inicios de este mes y recibir el apoyo de dos de los tres candidatos eliminados con más votos (el otro evitó pronunciarse, pero al ser también de derecha se creía que sus seguidores se inclinarían por el opositor).
Tras una campaña tibia y la derrota en la primera vuelta, Lula llegó al domingo decisivo con posibilidades de victoria para un cuarto mandato. La reacción del candidato del Partido de los Trabajadores fue impulsada por una brigada de estudiantes en las calles, aliada a un ejército digital que se propuso vencer a los algoritmos de la gran tecnológica Meta en las redes sociales, un campo de batalla ampliamente favorable a la ultraderecha de Flavio (Partido Liberal).
Durante la campaña, el candidato del PL, hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2023), recibió abiertamente el apoyo del presidente de EE.UU., Donald Trump.
Tras la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta presidencial del 4 de octubre, el mandatario estadounidense calificó el resultado como «una gran victoria».
Ante esta circunstancia, el pasado 20 de octubre, Lula señaló que lo que estaba en juego en el balotaje era definir qué tipo de Brasil querían: «Un Brasil que bese la bandera brasileña o uno que se ponga ‘a cuatro patas’ ante la bandera estadounidense».
El terror que representaría un segundo mandato bolsonarista movilizó a una parte de la sociedad brasileña que había permanecido indiferente a las elecciones hasta la votación del 4 de octubre. Al día siguiente de la derrota, una marcha de miles de estudiantes de la Universidad Federal Fluminense, en Niterói, ciudad vecina a Río de Janeiro, marcó el inicio de una rebelión que podría propiciar una remontada a favor de Lula. El riesgo de perder la educación pública y gratuita reavivó la campaña.
A partir de entonces, el frente amplio que reúne a la izquierda, al centro y a parte de la derecha que teme la destrucción de la democracia ocupó diariamente las calles de ciudades como Brasilia, São Paulo, Recife, Salvador, Fortaleza, Río de Janeiro, Belo Horizonte y Porto Alegre.
La señal de alerta de los estudiantes, alarmados ante la posible debacle de la educación pública, se sumó a otros temores denunciados por los trabajadores, como, por ejemplo, el fin de la política de revalorización del salario mínimo del Gobierno de Lula, que combina la compensación de la inflación con el índice de crecimiento de la economía y garantiza así aumentos reales todos los años. El programa del hijo de Bolsonaro no contempla esta ventaja.
Los probables daños de una victoria de la ultraderecha, con recortes en los programas de protección social implementados por la izquierda, tuvieron un símbolo contundente en las propias manos de Flavio Bolsonaro: el candidato adoptó unas tijeras como imagen central de la campaña electoral. Las utilizó por primera vez en junio de este año, junto al presidente argentino Javier Milei —el hombre de la motosierra—, durante la convención del Partido Liberal en São Paulo.
El temor a un segundo Gobierno bolsonarista quedó representado, durante una manifestación estudiantil en Recife, capital de Pernambuco, en un cartel con la portada del libro considerado la mayor distopía de la literatura brasileña: Não verás país nenhum (No verás ningún país), publicado en 1981 por el escritor Ignácio de Loyola Brandão. La novela cuenta la historia de un país sin árboles —la Amazonia y todos los bosques habrán sido destruidos— y sin democracia.
Para ayudar a la brigada de vanguardia de los estudiantes, Lula contó también con el ejército digital coordinado por el diputado federal André Janones, aliado del partido Rede Sustentabilidade. Por primera vez en Brasil, la izquierda, pese a sus quejas por las manipulaciones de Meta, consiguió construir una red de apoyo en Internet tan poderosa como la histeria digital de la ultraderecha.
Después de una campaña de estilo tradicional en la primera vuelta, los soldados de la izquierda, como se los llamaba, consiguieron presentar a un presidente Lula más conectado con las redes sociales y en combate constante contra el bolsonarismo.
El mando del ejército llevó al presidente Lula incluso a utilizar por primera vez un teléfono móvil para grabar vídeos en modo selfi, lo que contribuyó a las movilizaciones callejeras de los partidos aliados. Un encuentro en formato de live, celebrado el jueves por la noche, también fue importante en la recta final de la carrera electoral, con la participación de 1,5 millones de personas.

