
Finalmente se rompió el hechizo, ya vio el Atlántico, “gracias al golfo de México” su primer huracán e intenso por demás. Isaías a pesar de su intensidad, que tuvo un pico de vientos máximos de 195 kilómetros por hora, “disparó” solo ligeramente algunos números de la temporada, por su corta vida. Incluso con este impulso, solamente por la cantidad de ciclones tropicales nombrados es que nos acercamos un poco a las cifras de una temporada normal, el resto de las métricas marchan bien detrás del comportamiento climatológico.
Aunque de seguro profundizaremos más este análisis al cierre del mes actual, basta con analizar las gráficas de Energía Ciclónica Acumulada de esta temporada con el comportamiento medio climatológico, para ver lo tan abajo que va 2026. Aunque se ve el “salto” que impulsó Isaías vamos bien atrás en la intensidad de sistemas.

El Pacifico oriental es otra historia, con la formación de Trudy la decimonovena tormenta con nombre muchos ven cerca el final de la lista, que recuerden que en esta cuenca llega hasta los 24 nombres. Como esta cuenta ciclónica unifica también dicha área con el Pacifico Central hay que añadira la lista otros tres sistemas ciclónicos, aunque sus nombres provengan de otra lista.
Así que de manera conjunta y no solo en la cantidad va muy por encima de los números de una temporada promedio, ya que en algunos casos casi se triplican los valores. Si vemos la gráfica que compara el comportamiento de la Energía Ciclónica Acumulada (ACE) de la presente temporada en el Pacífico Nororiental con el valor promedio, disponible en el sitio de la Universidad de Colorado, vemos que desde el mes de julio se fue muy por encima del valor medio marcado por la línea morada. Un receso en el mes de agosto hizo que ambos recorridos coincidieran, pero a partir de ese punto la actividad ciclónica “separó” definitivamente ambas curvas, trazando la temporada actual un perfil casi vertical por el violento crecimiento.

Aquí curiosamente tuvimos el “embrión” de Nolo, que se formó y estuvo en esa área como la débil depresión tropical Quince-E (E por Pacífico Este para diferenciarlas de aquellas del Atlántico), pero de donde nació este huracán. Un ciclón tropical que luego de más de diez días de una errática trayectoria “viajó al pasado” y cambió su denominación, todo esto por cruzar la Línea Internacional del Cambio de Fecha, convirtiéndose en tifón. Este hito aunque similar no iguala el caso de John que lo hizo no solo una, sino dos veces.
Volvamos al mare nostrum, ya en un mes como octubre considerado de los más peligrosos para Cuba hablando de amenazas ciclónicas, en el que todos enfilan sus miradas al mar Caribe. Sin embargo la génesis de Isaías estuvo en el golfo de México, por lo que vamos a revisar en los archivos la formación ciclónica en dicho golfo. En esta ocasión solo tendremos en cuenta aquellos que se han visto la luz en esa área y no aquellos que han ingresado desde otras.
Como ya hemos visto en otras ocasiones son los primeros meses de la temporada: junio y julio (con primacía del primero de ellos) en los cuales la formación ciclónica ocurre preferentemente en el golfo de México, cuando aún no “despierta” el océano Atlántico. Ya avanzada la temporada crece la actividad en el Atlántico y el mar Caribe a tal punto que cuando se habla de octubre casi es un sinónimo de ciclones “caribeños”. Pero “el golfo nunca duerme” y se mantiene activo hasta los meses centrales de la temporada. Aunque en otras ocasiones hemos decidido solo tomar los datos históricos desde la década de 1960, en esta oportunidad vamos a tener en cuenta todas las tormentas analizadas desde 1851, dado que se trata de un área mucho más pequeña y en la que resulta menos probable que quedaran muchos sistemas sin cuantificar, aunque como ya hemos conversado tiene sus limitantes comparado con décadas más recientes.
Durante el mes de octubre en el golfo de México, con Isaías incluido se han formado 39 ciclones tropicales, con una intensidad máxima promedio de sus vientos de 110 kilómetros por hora. De estos casi 4 de cada 10 han sido huracanes, pero solo Milton (un huracán de récords) había sido de gran intensidad, secundado en este año por Isaías. En el mapa de las trayectorias, en el que no incluimos aun a Isaías vemos como la formación principalmente ocurre hacia el cuadrante suroeste del golfo, en donde precisamente tuvimos la formación de Isaías. Si pusiéramos en estas trayectorias a Isaías veríamos que el camino descrito por su centro se inicia prácticamente en el mismo lugar que lo hizo Milton, ya que el primero se formó a poco más de 50 kilómetros al norte de su antecesor.
El área demarcada por la línea roja discontinua marca aquella que se tuvo en cuenta para contabilizar los ciclones tropicales, abarcando casi en su totalidad el golfo de México.
Vamos a revisar el comportamiento del resto de los meses, comenzando por el mes de junio, en el que desde 1851 se han formado 52 ciclones tropicales de los cuales 13 llegaron a ser huracanes y una intensidad promedio de sus vientos de 95 kilómetros por hora. Solo Audrey de 1957 fue de gran intensidad con 205 kilómetros por hora y el más reciente fue Bonnie hace 40 años. En julio la cifra disminuye a 42 ciclones, así como la intensidad promedio, que es de 90 kilómetros por hora. Solo nueve huracanes tenemos en la lista del séptimo mes del año y el más reciente de ellos, un nombre que suena de esta mima temporada: Hanna pero en 2020, ninguno de los cuales superó la categoría dos en la escala Saffir-Simpson. Si ponemos las trayectorias hasta 2025 de estos dos meses lado a lado vemos semejanzas y diferencias entre ambos. Y solo tocamos los que “nacieron” ahí, porque muchos son “adoptados” desde el mar Caribe y el Atlántico y alcanzan su madurez en las aguas cálidas del golfo de México.
En agosto la cifra es ligeramente superior a junio, con 55 ciclones tropicales y una intensidad promedio de 100 kilómetros por hora, apoyada por la presencia en la lista de siete huracanes de gran intensidad, de ellos Anita de 1977 como el más intenso con 280 kilómetros por hora. Es curioso que la cantidad total de huracanes en agosto es ligeramente inferior a la de junio, aunque las intensidades sigan una tendencia contraria.
En septiembre se han formado en el golfo de México 86 ciclones tropicales, el valor más alto de toda la temporada, respondiendo al pico climatológico. Poco más de un tercio de ellos llegaron a ser huracanes, sin embargo solamente el Huracán de Texas de 1941 y Ethel de 1960 llegaron a ser de gran intensidad. La intensidad máxima promedio es la más elevada de la temporada con 105 kilómetros por hora.
Cerrando con noviembre no tenemos ninguna sorpresa pues es un mes tan poco activo en el golfo de México y en general, en el que solo se han formado dos ciclones tropicales separados por 100 años. El primero de ellos y único huracán (aunque alcanzó su intensidad sobre el océano Atlántico luego de atravesar la península de la Florida) fue el octavo ciclón tropical de 1861. Si observa el comienzo de su trayectoria fue próximo a la Florida, porque en realidad por los datos disponibles en esa época se desconoce su lugar exacto de formación ya que fue posible reconocerlo ya al aproximarse a tierra. El “más reciente” fue la tormenta tropical Inga en 1961 que se formó y desplazó por el sur del área. La diferencia con el mes que le antecede es abismal.
Como vemos octubre aunque es un mes “caribeño” tiene un golfo de México que casi sin grandes huracanes y siendo incluso el segundo menos activo, es aquel en que los ciclones formados ahí adquieren como promedio una mayor intensidad y llegan a ser huracanes con mayor frecuencia. Septiembre se lleva las palmas como el de mayor formación y un promedio de huracanes también altos y agosto es el que tiene más huracanes intensos con siete de un total de doce.
Sigue avanzando una temporada polémica en la que todavía nos quedará más por decir faltando mes y medio para su cierre, aunque El Niño continuará imponiéndose, ya queda estampada en los libros de récords.
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