Los libros y la lectura
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Los libros y la lectura

A través de ejemplos prácticos se invita a los lectores a apreciar la riqueza del lenguaje y a reflexionar sobre cómo nuestras palabras pueden influir en nuestras relaciones y en la forma en que percibimos el mundo

Por. / María Luisa García Moreno


Acaba de concluir la Feria del Libro de La Habana –pospuesta desde febrero– y los libros, junto a todo el personal con ellos relacionados, se disponen a tomar el camino de las provincias para demostrar que, pese a las inmensas dificultades que enfrentamos, hay libros –en papel y digitales– y, sobre todo, hay gente ansiosa de disfrutar esa manifestación de la cultura.

En esta Feria del Libro celebrada en el Año del centenario del natalicio de Fidel, por supuesto que el líder de la Revolución fue protagonista y muchos de los textos presentados se refirieron a su vida y obra; sin embargo, no debemos olvidar que el próximo 18 de noviembre conmemoraremos el 90 aniversario del natalicio de Máximo Gómez Báez, un hombre –al igual que Fidel– sin el que no se puede contar la historia de Cuba: sobre esta también extraordinaria figura de nuestra historia hay muy interesantes libros.

Leer proviene del verbo legere que significa “recoger, cosechar o recolectar”, recogemos información y cosechamos, de una u otra forma, aprendizaje. En la actualidad, el Diccionario de la lengua española recoge dos acepciones: “pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados” y “comprender el sentido de cualquier tipo de representación gráfica”. Si analizamos la primera, se queda corta: leer no es solo decodificar un texto, entender el sentido de cada palabra; leer es comprender, interpretar el sentido de lo que expresa el autor y contrastarlo con nuestras propias ideas y conocimientos.

La segunda, amplía el espectro de lo que es leer; además introduce la lectura de un mapa, un plano, un afiche, una caricatura… cualquier manifestación gráfica. De mis tiempos de maestra recuerdo una ocasión en que llevé a clase un afiche que mostraba una bomba que caía sobre una flor y les pedí a mis alumnos que leyeran. Resultaron diversas lecturas. Todos tenían razón y el intercambio fue enriquecedor. Si bien la descodificación es imprescindible, sin comprensión no hay lectura.

Con una hermosa idea poética describió nuestro Martí la lectura: “La lectura estimula, enciende, aviva, y es como el soplo de aire fresco sobre la hoguera resguardada, que se lleva las cenizas, y deja al aire el fuego”.

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