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Liz López García, la bella joven de la eterna sonrisa, es archiconocida en Cienfuegos por su rol de periodista y conductora de espacios televisivos y radiales. Todos la identifican como la habitual cara de la Revista Contexto y la cartelera El Semanal de Perlavisión, así como del canal en streaming Jagua TV, del Ministerio de Cultura en el territorio.
Pero pocos conocen que esta muchacha es amante de la aventura, los deportes extremos y el riesgo, así que desde hace un tiempo les debía esta entrevista.
¿Cómo comienza la historia de Liz paracaidista?
“Al paracaidismo llego casi que por azar. Yo veía esa posibilidad como algo inalcanzable e inaccesible en Cuba, y entonces, hace unos tres años y medio, me tropiezo con una imagen en las redes sociales. Se trataba de un post de Niuvis Roque, también locutora de los medios de comunicación en Cienfuegos, que se encontraba en el Centro Internacional de Paracaidismo de Varadero. Al instante me comuniqué con ella y le dije ‘¿qué haces ahí?, me interesa mucho, quiero saber si puedo entrar’… Me cuenta que estaban por refundar el Club de Paracaidismo de Cienfuegos y que ella sería la única mujer miembro. El resto fue fácil, enseguida me acerqué y comencé a formar parte de esa nueva familia.
“Estuve en los entrenamientos para los primeros saltos, que fueron alrededor del mes de mayo de hace tres años, pero por motivos de salud me fue imposible saltar. Tuve que esperar otro largo año para, luego de participar en el Primer Concentrado Femenino de Paracaidismo, que se realizó aquí y en el cual participaron mujeres de todo el país, poder realizar mi primer salto”.
¿Y cómo resultó la experiencia?
“Es muy impresionante pararse en la puerta de ese avión y mirar a cualquier parte, pues es lo mismo hacerlo a un lado, al otro, al frente. De verdad que impresiona. Todo ocurre en cuestiones de segundos. Saltas y se abre tu paracaídas, pues así está diseñado para los principiantes, ya que el instructor cuando sales del aparato es el que lo acciona, y a los tres segundos se abre. Pero son tres segundos en los que desciendes 50 metros en cada uno de ellos, así que cuando lo piensas es una verdadera locura.
“Ya luego, cuando chequeas que todo marcha bien, comienzas a repasar los pasos a seguir. Me sorprendí hablando en voz alta conmigo misma, es impresionante. Después el aterrizaje fue también exitoso y de verdad es una experiencia inolvidable. En esa ocasión tuvimos tres días de saltos, y aprendí que ninguno es igual a otro. Todos tienen el mismo riesgo, pero en cada intento aprendes cosas nuevas. Además, he podido interactuar con mujeres con muchísima experiencia, veteranas miembros del equipo nacional de paracaidismo, para el cual nos han estado preparando”.
¿La decisión tiene que ver con tu instinto de afrontar retos, aventura, riesgos?
“Sí, de verdad. Incluso mis familiares y amigos cercanos también se asombraron, pues jamás pensaron en mí ligada al paracaidismo. Pero desde el primer momento me apasionó. Y te cuento que tenemos un refrán interno, que reza que cuando pruebas algo extremo, ya quieres incursionar en el resto. Por ello, muchos de los miembros del club, a falta de aviones para mantener esta actividad, realizan escaladas, descubren o redescubren cuevas, hacen ciclismo. Y a todo esto me quiero sumar. Creo que cuando subes a ese avión es como si se activara un chip que te empuja hacia la aventura, el deporte de riesgos, los retos. Es muy emocionante.
¿Es por eso que llegas al parapentismo?
“Ese giro lo debo al Club de Parapentismo de Villa Clara Escaleras al Cielo, que nos abrió las puertas, por ahora, a cinco paracaidistas cienfuegueros. Esta modalidad surge precisamente como alternativa al paracaidismo, debido a los recursos muy costosos que son imprescindibles para llevarlo a cabo. Aquí dependes, primero, de tus piernas, para escalar a la altura necesaria. Incluso, aunque no es recomendable hacerlo solo, algunos deportistas lo practican sin equipo acompañante.
“En Cienfuegos hay dos excelentes parapentistas, vinculados por más de diez años al club villaclareño, ya que acá no se han creado las condiciones para fundar uno propio. Y sí, tenemos el Escambray y sus hermosas alturas, desde donde pudiéramos volar, pero no existen sitios seguros de aterrizaje. En la hermana provincia viajamos hasta un lugar ubicado en una Cooperativa llamada Primero de Enero, en el kilómetro 290 de la Autopista Nacional. Allí subimos a una loma que recibe el calificativo de Vista Hermosa, muy justo por cierto, pues el paisaje es idílico. Gracias a los esfuerzos de muchos que apoyaron nuestra petición, estoy viviendo otra experiencia maravillosa”.
¿Sientes lo mismo que al saltar de un avión?
“No. Aunque existen similitudes, claro que no es lo mismo. En el caso del paracaidismo hay mucha más adrenalina en juego, mucho más riesgo, muchas más cosas que pueden salir mal. Desde que sales del avión solo desciendes, y el tiempo para llegar a tierra depende de la altura de la que saltaste, que en el caso de los estudiantes es mucho menor que los consagrados. En el parapentismo simplemente vuelas. Puedes estar horas en el cielo y viajar kilómetros y kilómetros. Lógico que aquí, por cuestiones de lo complejo de la movilidad, tenemos que tratar de aterrizar en el lugar fijado. Es mucho más tranquilo, disfrutas el paisaje. Incluso puedes elevarte muchísimo si logras aprovechar ciertas condiciones climáticas, por lo que te obliga a estudiar y conocer muchos aspectos”.
¿Está en los planes de Liz integrar el Equipo Nacional?
“Te decía que nos han preparado para ello, y para mí sería un honor vestiré ese traje de las cuatro letras en representación de nuestro país. Ojalá podamos retomar los saltos y hacer posible ese sueño”.
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