Radio Angulo

Las redes sociales, un espejo de nuestra humanidad

El 30 de junio se conmemora el Día Mundial de las Redes Sociales, una fecha que nos invita a pensar en el mundo digital que domina cómo nos relacionamos. Y si hay algo que debemos reconocer es el impacto positivo que han tenido en nuestras vidas.

Hace apenas dos décadas, mantener una amistad a distancia significaba esperar cartas que tardaban semanas en llegar o hacer llamadas telefónicas tan caras que duraban solo unos minutos. Hoy, con solo un clic, podemos ver la cara de un ser querido al otro lado del océano en tiempo real, celebrar sus cumpleaños, consolarlo en sus días malos y sentirnos cerca aunque nos separen miles de kilómetros.

Pero su influencia va mucho más allá de lo personal. Han creado comunidades que antes no existían; han cambiado la forma en que se trabaja y se hacen negocios; han democratizado el acceso a la información y han dado voz a colectivos que históricamente fueron silenciados, permitiendo que una denuncia ciudadana tenga tanto alcance como la portada de un gran periódico.

Las redes nos han enseñado a relacionarnos de una manera más horizontal y participativa, donde cualquiera puede opinar, compartir y construir conocimiento colectivo. Han hecho que la cultura fluya como nunca antes, rompiendo fronteras geográficas y acercándonos a realidades muy distintas a las nuestras, fomentando así una empatía global que antes era impensable.

En el caso particular de Cuba, la llegada masiva de estas plataformas ha sido una auténtica revolución silenciosa. Aunque la primera conexión a Internet en la isla se remonta a 1996, durante muchos años fue un privilegio al alcance de muy pocos, restringido a centros de investigación y a ciertas instituciones. No fue hasta el año 2014 que se empezaron a instalar las primeras zonas de Wi-Fi público en parques y plazas, y para muchos cubanos ese momento fue histórico.

Por primera vez, personas comunes podían sentarse en un banco con un teléfono o una tablet y abrir una cuenta de Facebook, escribir un tuit o chatear por WhatsApp con sus familiares en el exterior. Aquello cambió por completo la vida en la isla. Luego, con la mejora de la telefonía móvil y la llegada de paquetes de datos más accesibles, sobre todo durante la pandemia de la COVID-19, el acceso se disparó y las redes se convirtieron en el principal puente que une a las familias cubanas divididas por la distancia. Esa conexión ha sido un salvavidas emocional para miles de personas que, de otro modo, apenas tendrían noticias de sus seres queridos.

Sin embargo, así como estas herramientas han abierto puertas maravillosas, también han dejado entrar corrientes de aire tóxico, y ahí está el gran desafío. La misma velocidad que nos permite abrazar virtualmente a un amigo es la que hace que una noticia falsa viaje más rápido que la luz. En Cuba, este fenómeno de la desinformación tiene una arista particularmente peligrosa.

Lea también: 

Redes sociales en la construcción de la realidad

A partir del incremento de la conectividad, se han detectado campañas que buscan distorsionar la realidad de la isla. Estas campañas aprovechan los problemas cotidianos que sí existen, como los desafíos económicos, y los exageran o los sacan de contexto para generar pánico, descontento y división interna. La velocidad con la que circulan estos bulos es tan alta que la aclaración oficial, cuando llega, suele navegar a contracorriente y rara vez recupera el terreno perdido.

Esa asimetría convierte a las plataformas en un campo de cultivo fértil para la posverdad, donde lo que genera más clics y reacciones, aunque sea mentira, termina imponiéndose sobre el periodismo riguroso. Pero el problema no se queda en el simple engaño; estas noticias falsas están meticulosamente diseñadas para tocar nuestras emociones más profundas, como el miedo o la indignación, fragmentando el consenso social y erosionando la confianza en las instituciones.

Ante este panorama tan complejo, la responsabilidad no puede recaer únicamente en los gigantes tecnológicos, aunque es urgente exigirles mayor transparencia en sus algoritmos y una lucha más efectiva contra las cuentas automatizadas. La solución exige un cambio de raíz en nuestra forma de consumir información.

Tenemos que aprender a disfrutar de toda la maravilla que nos ofrecen las redes, porque son un espejo de nuestra humanidad amplificada, con todas sus luces y sus sombras. Nos permiten movilizarnos por causas justas, tejer solidaridades increíbles y sentirnos parte de algo más grande, pero también corren el riesgo de sumirnos en un ruido ensordecedor donde la ficción compite en igualdad de condiciones con la verdad.

Por eso, en este Día Mundial de las Redes Sociales, disfrutemos de la magia de poder conectar con el mundo, de aprender algo nuevo cada día y de sentir cerca a quienes están lejos, pero hagámoslo con la conciencia de que la conectividad sin criterio nos convierte en cómplices del engaño, mientras que la conectividad con pensamiento crítico y responsabilidad tiene la fuerza ética para transformar a una audiencia pasiva en una sociedad verdaderamente informada, unida y resiliente.

La entrada Las redes sociales, un espejo de nuestra humanidad se publicó primero en Radio Angulo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *