En la época dorada del béisbol aficionado en Cuba, entre tantos peloteros de alta valía, el nombre del jardinero central pinareño Luis Crespo Capote no pasaba inadvertido.
Luis era una verdadera llave en la pradera central, en la cual se movía con destreza de tigre y con guante más que seguro, al punto que el estelar lanzador zurdo y coequipero Félix Pino, jamás volvía la vista cuando un jugador bateaba de fly o de línea hacia esa zona del terreno.
Tan seguro estaba Félix de las habilidades de Luis, que ni falta le hacía preocuparse. Y cuando un batazo hacia el centro significaba el tercer out de la entrada, el estelar lanzador salía caminando frescamente en dirección al dogaut, dando por más que segura la atrapada de Luis.
Tuve la suerte de entrevistar a Luis Crespo en un asilo de Artemisa, donde residía gracias al apoyo de un amigo generoso, y también la dicha de ganar un premio con aquella entrevista, titulada: Una llave en el center field, en la que Luis relataba incontables momentos de su vida como internacionalista y atleta.
Recuerdo que, al evocar a muy queridos compañeros como el estelar jardinero Luis Giraldo Casanova y el memorable lanzador y entrenador Jesús Guerra, miembros de equipos pinareños de alto calibre, aportaba Luis un elemento fundamental a la hora de llegar lejos en el deporte: entrenar duro, como profesionales, sin miedo al sacrificio, para que los resultados sean grandes y las victorias no se hagan esperar.
Se despide para siempre Luis Crespo Capote, se despide el rapidísimo corredor y magnifico primer bate, no solo de muchas novenas pinareñas, sino también de varios equipos habaneros.
A quienes lo vimos brillar tantas veces nos queda el gratísimo sabor de haber disfrutado de un jugador de esos tiempos en que la piel, el alma y el corazón solían dejarse en cada centímetro del terreno.
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