La naturaleza cubana cuenta con incontables maravillas. Un espacio ecológico perfectamente conservado que regodea el color verde con una elegancia inusual y capaz de sublimar al más encumbrado viajero.
Precisamente, la Sociedad Espeleológica de Cuba tiene en este escenario un elemento constante de indagación y reflejo de cómo fue la Isla en otros tiempos.
Las Cuevas de Bellamar se encuentran en la occidental provincia cubana de Matanzas, pero constituyen uno de los atractivos más emblemáticos del turismo cubano.
Descubiertas en 1861 son catalogadas por espeleólogos como joyas de la naturaleza insular, sitio público, con una parte de sus galerías abiertas a los visitantes, con luces y escaleras, mientras un buen espacio de ellas es solo escenario de investigadores.
Precisamente, estas cuevas se cerraron durante la guerra de independencia de los cubanos contra la colonización española, por preverlas como escondites de los insurrectos, nombrados mambises.
En estas cuevas los exploradores encontraron fósiles marinos de animales con vida en fondos de poca profundidad; también marcaron entierros indígenas y una flora propia sumamente interesante.
Cuba cuenta con muchas cuevas de interés como La Gran Caverna de Santo Tomás, Las Cuevas de Sumidero, y de San Miguel, en la más occidental provincia cubana de Pinar del Río, entre una muy larga lista.
Pero de todas, Bellamar es como una especie de símbolo para el turismo, con excursiones programadas, un restaurante en la entrada y las condiciones propicias para poder recorrer una parte de esta joya natural.
Precisamente, Matanza es una provincia cubana con muchos atractivos, pues en ella está el principal balneario de Cuba, Varadero, distante unos 140 kilómetros hacia el Este de La Habana, la capital insular.
Las de Bellamar fueron descubiertas en el siglo XIX, con cerca de dos kilómetros de extensión y compuestas por formaciones cristalinas con gran cantidad de estalagmitas y estalactitas, en un conjunto donde sus salones descienden en busca del manto freático y terminan en lagos.
Estas cavernas tienen una antigüedad evaluada en 300 mil años, y están conformadas por tres cavernas, que se considera eran una en otros tiempos: Bellamar, El Jarrito y Soto Jíbaro.
De acuerdo con narraciones, el azar abrió el camino en 1861 en una cantera de Matanzas, cuando un esclavo perdió su instrumento de trabajo que se hundió en la tierra.
Posteriormente realizaron excavaciones y descubrieron Bellamar. Para los espeleólogos son laboratorio potencial para el estudio de la cristalografía subterránea, particularmente las derivadas del carbonato de calcio.
En un recorrido se pueden observar galerías con sugestivos nombres como el «Baño de la americana» o la «Fuente de la juventud», siempre con una leyenda a su alrededor.
Matanzas también cuenta con la cueva de Saturno, con una profundidad de 20 metros, la cual se muestra como una caverna inundada en la que llaman la atención las estalactitas y estalagmitas, entre otras.
Los especialistas consideran que en Cuba existen alrededor de 10 mil cuevas, muchas de ellas con 25 millones de años.
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