Notificaciones de emergencia han salvado vidas al avisar escasos segundos antes del desastre. A petición de Sandra Gómez de Granma, BOHEMIA desmitifica la supuesta capacidad predictiva del gigante tecnológico
Durante los recientes eventos sísmicos en Venezuela, un fenómeno tecnológico llamó la atención de los ciudadanos casi tanto como el propio temblor. Una alarma en los teléfonos móviles advirtió del movimiento escasos segundos antes de la tragedia.
Esta antelación ha alimentado rápidamente el mito de que la tecnología actual es capaz de “predecir” los sismos. Sin embargo, la ciencia detrás de este aviso es muy distinta.
El mito de la predicción
Según destaca BBC Mundo, el aviso de terremoto fue enviado a 11.4 millones de personas en Venezuela quienes dispusieron de un lapso entre pocos segundos hasta dos minutos para reaccionar antes de sentir la arremetida del poderoso sismo de magnitud 7.2, seguido segundos más tarde por otro de magnitud 7.5.
El primer punto a aclarar es que Google no predice los terremotos. Según establece el Servicio Geológico de los Estados Unidos, ningún científico ni algoritmo informático en el mundo ha logrado predecir un gran temblor de tierra. Esto implicaría saber la fecha, la hora, la ubicación exacta y la magnitud antes de la ruptura geológica, algo biológica y físicamente imposible con la tecnología actual, no obstante, es posible ganarle una carrera de velocidad a las ondas sísmicas.
El Sistema de Alertas de Terremotos de Android detecta el siniestro en el instante en que comienza a ocurrir en su epicentro y avisa a las zonas periféricas antes de que la onda expansiva llegue hasta ellas.
Un sismógrafo en miniatura
La clave de este sistema, implementado globalmente desde 2020 reside en un pequeño componente de hardware que todos llevamos en el bolsillo: el acelerómetro.
Este sensor es el encargado de detectar cuándo giramos la pantalla del teléfono. Cuando un terminal Android está enchufado a la corriente y sin movimiento, el acelerómetro se vuelve lo suficientemente sensible como para percibir las vibraciones iniciales de un terremoto.
Un sismo libera dos tipos principales de ondas que viajan desde el subsuelo hacia la superficie. Las ondas P (primarias) son extremadamente rápidas, viajan a unos 6 o 7 kilómetros por segundo, son un simple zumbido o vibración inicial y rara vez causan daños. Mientras las ondas S (secundarias) son más lentas y viajan a unos 3 o 4 kilómetros por segundo, pero son las responsables del movimiento destructivo y ondulante causante del derribo de estructuras.
Cuando el acelerómetro detecta el leve paso de una onda P, asume la ocurrencia de un temblor y envía de inmediato una señal cifrada con la ubicación aproximada al servidor central de detección de sismos de Google.
Velocidad de la luz contra velocidad de la roca
Si un solo teléfono envía la señal el servidor la ignora, asumiéndola, por ejemplo, como una caída de la mesa. Pero si cientos o miles de teléfonos en una misma ciudad envían la misma señal en el mismo milisegundo, el algoritmo confirma el fenómeno natural. En cuestión de una fracción de segundo, triangula el epicentro y estima la magnitud.
Aquí es donde ocurre la “magia” del aviso previo. La información a través de Internet viaja a la velocidad de la luz, mientras la onda destructiva del terremoto viaja a través de la roca a solo 4 km/s.
Por lo tanto, el servidor de Google emite una alerta masiva que llega a los teléfonos de los ciudadanos ubicados a decenas de kilómetros del epicentro antes de que la onda física logre recorrer esa misma distancia. Cuanto más lejos estés del epicentro, más segundos de advertencia tendrás. Quienes se encuentran exactamente sobre el punto de ruptura geológica, lamentablemente, no reciben el aviso a tiempo, pues la onda de radio y la onda sísmica parten simultáneamente.
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