Abrieron sus cortinas de amor las mismas escuelas que el odio sueña ver cerradas
Contra viento y marea, y sobre todo contra la maldad de soñadores ultramarinos, abrió sus cortinas un nuevo curso escolar para seguir iluminando el conocimiento de niños, adolescentes y jóvenes de todo el archipiélago.
Si el Ministerio de Educación, el Estado y las empresas u organismos vinculados con la enseñanza se hubieran guiado por las múltiples adversidades, carencias y dificultades de índole financiera o material, lo más fácil habría sido posponer el inicio del curso o suspenderlo.
Sin embargo, Cuba cuenta con un sistema político, gubernamental, institucional y social que no conoce la marcha atrás.
Por ello, durante las últimas jornadas volvió a ser recurrente la imagen de maestros, demás trabajadores y vecinos alistando las escuelas, limpiando aulas y desmalezando los jardines y áreas verdes de los centros.
Entretanto –y usted lector lo sabe–, padres, madres, hermanos mayores, abuelos y tíos volvieron a convertirse en “magos” para sacar de la manga soluciones en la preparación de libros, libretas, mochilas, uniformes, calzado y otros aseguramientos indispensables.
Algo similar ocurre con esos maestros que no conciben la vida sin la docencia ejercida durante décadas.
Acude a la memoria el espirituano José Ramón Plasencia Cruz, un hombre ya jubilado pero aún activo, que acumula 52 años impartiendo clases en escuelas primarias del territorio.
Días atrás, un perro le provocó serias heridas en una mano cuando acudió en auxilio de una niña de dos años agredida por el animal. Aun así, con la mano vendada e inmovilizada, el veterano pedagogo continuó asistiendo a la escuela con la finalidad de no perderse los preparativos de la nueva etapa docente.
De apasionados como él está florido este país: maestros, personal de apoyo a la docencia, padres y alumnos que este martes disfrutarán otra vez del placer –convertido desde hace años en fiesta y tradición– de caminar tomados de la mano hacia la escuela, fundirse en abrazos con los compañeros de aula, contarse las historias del verano y prestar atención al profesor desde el primer día, aun cuando no siempre ni en todas partes sea posible el uso de medios audiovisuales.
Esa es una realidad. La otra es que, a contrapelo de cualquier hostilidad, el curso empieza. Nada lo detiene.

La entrada La vida sigue su curso se publicó primero en Revista Bohemia.
