La rubia y el guardaespaldas
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La rubia y el guardaespaldas

Enfrentados: Marfil

Hugo Diego García y Ester Expósito en una imagen del filme estrenado en la Televisión Cubana.
Foto: Fotograma de la Película

Bendecido por el público tanto en taquilla como en la compra de discos con su banda sonora, el largometraje El guardaespaldas (Mick Jackson, 1992) contaba una de las historias más cursis del ecléctico y erótico Hollywood de los 90.

Un Kevin Costner preocupado solamente por cobrar el cheque interpretó –en el que ha sido el peor personaje de su carrera– el papel central masculino: el de un tieso guardaespaldas encargado de proteger a una estrella del pop (Whitney Houston) bajo amenaza.

A la manera del filme de hace 34 años, en Enfrentados: Marfil (Óscar Pedraza, 2026) surge un romance entre la protegida y su protector. Ella, Marfil Cortés (Ester Expósito), hija de un empresario español radicada en Nueva York, y él, Sebastián Moore (el actor y exentrenador de boxeo hispano–francés Hugo Diego García).

Igual que en la película de 1992 –directamente citada en la actual–, ella está amenazada, de modo que debe permanecer en su apartamento largas horas del día, junto al fornido joven de 1,85 y abdominales más definidos que los de Ronaldo. A una bomba, otra, y Marfil impone todo el poderío de su sex–appeal para franquear la que parecía una inexpugnable muralla (sexual).

Las reticencias del patiseco personaje ante una Ester Expósito rendida ante la anatomía de su celador, me provocaron las mismas sonrisas que cuando Idris Elba esquivaba las intenciones eróticas de Ali Carter, otra rubia de calendario, en Obsesionada (2009). Aquí al menos son honestos. El muro humano cae, Marfil se lo lleva a la cama.

Estrenada en Cuba, Enfrentados: Marfil plantea el romance entre los físicamente atractivos actores como si fuera un spot publicitario de algún suplemento medicinal deportivo (la cámara de David Acereto va directa al centro de los músculos, sudor, guantes y sacos de box), mediante la misma sutileza visual que podría haber en un terror de la variante slasher (de desmembraciones).

Hugo Diego García –sin dicción ni porte histriónico, chapurreando un español forzado e indefinido– luce peor todavía de lo que puede ser, debido a la soltura de la Expósito, quien ha explotado a lo largo del tiempo su magnetismo sexual (Venus, Perdidos en la noche, El talento), pero también domina ya varios trucos interpretativos como para verse con cierto desenfado, incluso en anomalías como esta.

Similar a esos no–lugares (los malls, los Burger King, las cadenas hoteleras…), Enfrentados: Marfil corresponde a la categoría de no–películas. Es un cine intercambiable, con el diseño de producción globalizado e impersonal de Amazon, sin sello ni respiración, el cual el espectador no puede aprehender, a falta de personalidad.

Acéfala de identidad, esta cinta de Amazon Prime Video estrenada en Cuba –más de fórmula que diez de Netflix juntas– está basada en un díptico de la escritora argentina de novelas de romance, Mercedes Ron, de quien se han perpetrado otras adaptaciones, como la trilogía adolescente Culpa mía (2023), Culpa tuya (2024) y Culpa nuestra (2025), basada en su saga literaria Culpables.

En Enfrentados: Marfil, Sebastián no es quien dice ser, como tampoco otros personajes. Están envueltos en la ridícula, endeble y conspiranoica trama el FBI, organizaciones criminales y muchos malos (todos, puro cartón), incluido uno malísimo que corteja a la novia de Mbappé con intenciones de villano de Marvel.

Pero esto no para aquí, la historia queda torpemente trunca. La película solo resulta la primera parte de un díptico cuya continuidad será Enfrentados: Ébano. Persignémonos.

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