Lo virtual y lo real han dejado de ser categorías estrictamente opuestas, inundando en su desborde mutuo una fiesta de los sentidos, interactuando fértil y beneficiosamente de un modo mutuo, sin establecer cruciales conflictos de principios. Lo cual se potencia y expresa con plenitud y osadía en la realidad aumentada, en ese saber convivir de la realidad física y lo virtual, sin entrar en contradicciones. Al contrario, estableciendo interacciones en la doble dirección de una a otra, como partes no en conflicto sino en una verdadera colaboración, con la conveniencia de ser puesta en relación de contigüidad y no de separación entre ellas.
En la realidad aumentada, lo virtual y la realidad física abandonan los presupuestos de pertenecer cada una por separado a nociones duras y excluyentes, para en plena consonancia cognoscitiva con las transformaciones conceptuales desarrolladas desde comienzos del nuevo milenio, dar paso a la fertilidad de los procedimientos basados en hibridaciones. Ello denota que la fijeza basada en oposiciones excluyentes, levantada antaño como basamento sustancial por las ideas de la cultura moderna, era resultado de una arbitraria y manipulada imposición, adscrita en una fijación a cierto orden cerrado de cosas y valores. Al contrario, en la RA lo real en su condición física puede existir sin contradicciones con lo virtual, fecundándose mutuamente. En esa interdependencia, lo virtual amplía su incidencia sobre lo material y ganan ambos recíprocamente, siendo lo hibridado un terreno conceptual y operacional muy ventajoso, aplicado en numerosas esferas y cada vez más extendido de la sociedad, que muestra ser un nuevo modelo epistémico que abre novedosos horizontes interpretativos y filosóficos para esta época, caracterizada por profundos cambios epistemológicos.
Deja contemplar el poder seductor que ejercen las imágenes virtuales en los públicos más diversos, sometidos en la actualidad a necesidades y dinámicas perceptivas novedosas, que las nuevas tecnologías han posibilitado en las últimas décadas, resultando cautivados hasta el pleno arrebato exaltado. Ello se testimonia al contemplar la realidad aumentada conviviendo con la realidad física, ante la cual se disponen a dialogar favorablemente lo real y lo virtual, a establecer recíprocas y fecundas vinculaciones, sin plegarse y reducirse la connotación e importancia de lo virtual a lo real ni tampoco a la inversa. Es señal de un mundo cada vez más enfáticamente plural. Son dos estatutos de realidad, no contradictorios, sino con cualidades diferentes. Pueden ser realidades coetáneas, y manifestarse en el mismo horizonte, sin crear tensiones conflictivas entre ellas.
“La experiencia aplicada de la realidad aumentada es sorprendente. Puede recrear o reconstruir con fidedignidad una realidad ya inexistente por acción del tiempo en ese lugar (…)”.
Se debe reflexionar sobre cómo pueden darse los diálogos entre elementos dispares sin que eso implique una contraposición agónica de ninguna de las dos partes, sino todo lo contrario, muy fructífera, y crear estados armónicos, que marcan de manera significativa a los tiempos presentes en muchos órdenes de la vida cultural y social. La actitud de encierros se abandona para mediar ventajosos intercambios transfronterizos que denotan una mudanza significativa en las concepciones. Los antiguos estamentos separados muestran ahora la formación de interrelaciones, en nexos donde la conflictividad de las partes ha dejado atrás esos roles en que las polarizaciones excluyentes propiciaban e instauraban concepciones y sistemas de valor bajo tensos alejamientos.
La experiencia aplicada de la realidad aumentada es sorprendente. Puede recrear o reconstruir con fidedignidad una realidad ya inexistente por acción del tiempo en ese lugar, con un notable grado de impacto sobre el receptor, sin perder por eso la conciencia de estar presenciando imágenes virtuales, mediante un dispositivo tecnológico en medio de un entorno real que se presencia y contrasta físicamente. Los elementos dispares perceptibles se integran pues en una unidad superior cognoscitiva. El resultado es que la RA desarrolla nuevos paisajes culturales en la medida que, al superponerse a un interior, bien en una habitación o en un paisaje de la ciudad, lo complementa de manera superpuesta con imágenes, gráficos, textos, voces y sonidos, de acuerdo a cómo esté condicionado. Por consiguiente, amplía siempre la realidad perceptible. Esa es una de sus grandes ventajas.

Una de las tareas en cualquier sistema de realidad aumentada es identificar previamente el escenario que se desea aumentar. Funciona como una guía especializada para viajes a lugares turísticos, visitas a museos y ciudades, sobre cuyos elementos seleccionados por los organizadores se espera causen en los visitantes mayor atracción al haberle agregado la información, sobre todo visual, pero no solo, útil a los fines de su identificación y de ofrecer datos valiosos sobre esos elementos físicos. Se potencia de ese modo una nueva imagen turística sin requerir el auxilio de personas guías. Esa función la realiza el aparato digital, del cual se auxilia la persona en su desplazamiento por la tienda, el museo, los sitios de interés y frente a la arquitectura monumental de la ciudad.
Existen numerosas experiencias en entornos museísticos o lugares de interés para la difusión y el conocimiento del objeto cultural mediante el uso de la realidad aumentada. Aplicada en los museos, se facilita información sobre muchas obras de arte o piezas históricas, arqueológicas, etnográficas y científicas, de acuerdo con las colecciones expuestas, preparadas preliminarmente con ese recurso. Se trata de objetos situados a la vista pública del visitante, no de piezas almacenadas. La realidad aumentada es un acto público de comunicación masiva, aunque esa experiencia se asume de una forma individualizada por el usuario.
“La información de la RA se hace particularizada a cada objeto de gran relevancia del museo, y por supuesto no a todos los expuestos, pues su uso constante pudiera resultar agotador”.
Pueden reconocerse varias aplicaciones en su equipo que funcionan como guías o asistentes digitales, cuya información puede personalizarse por el usuario de acuerdo a lo dispuesto en el software. Permiten a los visitantes realizar un recorrido por las diferentes salas accediendo a información adicional sobre las piezas que contienen, mediante el uso de dispositivos portátiles como teléfonos móviles inteligentes o smartphones (equipados con GPS), tabletas y gafas de realidad aumentada. Esto posibilita incrementar y diversificar la información disponible al usuario sin recurrir en los museos a las incómodas y obsoletas pancartas físicas con textos, por demás solamente posibles de darse de manera reducida a informaciones de textos generales, dejando fuera la riqueza de informaciones múltiples de esa realidad seleccionada.
La información de la RA se hace particularizada a cada objeto de gran relevancia del museo, y por supuesto no a todos los expuestos, pues su uso constante pudiera resultar agotador. Es un método dedicado a enfatizar aquellas piezas o aspectos más significativos, destacándolos del resto del conjunto. Viene a resultar un procedimiento comunicativo cercano en principio a cómo una persona marca con resaltador un texto en un libro o artículo, aunque la naturaleza de la realidad aumentada se da con la ventaja inmediata de la información adjunta, añadida al objeto en cuestión, resaltando información significativa a ser revelada como complementación.
El interés por el campo cultural y específicamente por los espacios de exhibición, que ocupan parte del interés en los estudios comunicativos, ha centrado gran parte de trabajos en instituciones de investigación y académicas con vistas a recuperar en forma virtual de RA a la imagen íntegra o parcial de edificaciones desaparecidas, superpuestas a las excavaciones, donde aún quedan restos de los cimientos o paredes. Mediante esta técnica, se muestran de manera virtual pormenores detallados de las estructuras de esas edificaciones, ahora reconstruidas virtualmente y dispuesta para ser más efectista, sensorial y cognoscitivamente, en reconstrucciones minuciosas de los modos de vida de sus habitantes en diferentes épocas. De esa manera se torna más abarcadora y subyugante la atracción sobre el público que accede a esos lugares o piezas, auxiliado de los medios técnicos requeridos por la RA, para hacer resaltar lo especifico informacional de esos elementos destacados.

Como resultado de su uso se posibilita que el aspecto observacional árido y vacío de zonas arqueológicas en ruinas se presente virtualmente cambiado de una manera muy transformada, con imágenes reconstructoras de su pasado de un modo espectacular, contribuyendo emocionalmente y cognoscitivamente a la aprehensión de contenidos ya ausentes de por sí. Se prueba renovadamente cuánta eficacia comunicativa se da en la carga de atracción que despierta hacia esos sitios, incapaces de arrojar información visual por sí mismos, dado lo fragmentario y ruinoso de su estado presencial actual.
Al superponer la reconstrucción parcial o total en imágenes virtuales a edificaciones desaparecidas o muy transformadas, inimaginables de sospechar por el público cómo eran originalmente en su espacialidad, volumetría y aspecto general, esos lugares u objetos cobran un interés inusitado para los que acuden al lugar arqueológico o sitio de la ciudad con esta posibilidad de observar, in situ y de manera sintética, la reconstrucción virtual de sus paisajes culturales o naturales precedentes, ya desaparecidos irremisiblemente que la tecnología de la realidad aumentada permite reconstruir.
Sale el espectador maravillado al contemplar superpuestas esas imágenes virtuales en los mismos escenarios físicos donde tuvieron lugar. Permite dar de una manera superpuesta, virtualmente, las imágenes evocadas de esas edificaciones del pasado y los ambientes de vida que tuvieron en épocas ya desaparecidas, sin modificarlas en la realidad física. Con ello se crea una asombrosa empatía hacia esos objetos, sitios o paisajes, con un desplegado y fuerte impacto perceptivo y emocional que perdura por mucho tiempo, al ser recordada esa experiencia en momentos ulteriores de tranquilidad de la persona, o al referir esas experiencias a otros, incluso al paso del tiempo.
“La imagen de la realidad aumentada tiene la ventaja de exceder con mucho la condición perceptiva fija y plana de la fotografía (…)”.
El público puede contrastar la imagen física actual en ruinas (realidad perceptible por todos) a la que se superponen, gracias a los recursos técnicos a ese fin, los modos reconstruidos virtualmente en que estaban esos sitios décadas, siglos o hasta milenios atrás. Es un viaje riguroso en el tiempo, y admite incluso lo fantástico en una visión recreada de los mismos. Adaptadas en su diseño a las necesidades de los tiempos actuales como se constata en los procedimientos de estudios científicos de esos lugares naturales, arqueológicos o históricos, o bien de reconsideraciones arquitectónicas y urbanísticas, deseables de ser emprendidas respetando en gran medida los testimonios de esas épocas.
Otra ventaja es que permite brindar informaciones no solo visuales, sino con textos cortos añadidos que complementan y precisan el conocimiento de ser necesario. Estos se pueden activar nuevamente y reconsiderar de nuevo, de una manera individual muy interactiva, incidiendo en la perdurabilidad del conocimiento adquirido, al dirigir de nuevo la persona hacia ellos el instrumental auxiliar de la RA. Ello contribuye a recordar las informaciones añadidas de modo virtual.
Eso genera un mayor impacto comunicativo emocional en los asistentes a esos recorridos. El efecto es de una riqueza informacional enorme, imposible de hacer imaginar mediante relatos verbales al público, por muy locuaz y conocedor que sea la persona guía que los acompañe, si es que hay un guía encargado a esa finalidad, y de acuerdo a la capacidad de imaginación reconstructiva de los presentes. Simplemente haciendo uso la persona de su dispositivo portátil, podrá configurar, y además según su preferencia y según las posibilidades tecnológicas del programa empleado, alcanzar los aspectos informacionales ofrecidos en el menú de esa aplicación en el idioma deseado. Además de complementar esas imágenes con información virtual adicional muy instructiva, en forma de textos o gráficos esclarecedores, sin por eso sentir el peculiar cansancio o apremio que suscita tanto en la ciudad como en la visita a museos, la lectura de textos en extensas pancartas.

Anula lo disparatado que resultaría llenar de carteles explicativos a la ciudad en cada edificación o sitio de relevante interés, los cuales por demás la gente casi nunca lee de modo completo, porque implica un tipo de lectura textual que exige detenerse y un tiempo de permanencia en el lugar frente a esos grandes carteles ―por lo general de pobre y anodina visualidad con efecto de agobio― que el dinamismo de la vida y la impaciencia psicológica no favorecen nunca, por sintéticas que estas informaciones auxiliares pretendan ser. Todo lo contrario de la inmediatez y fuerza comunicativa de las imágenes virtuales en 3D de la realidad aumentada, que aparecen y desaparecen a voluntad del observador, permitiendo detenerse a contemplar solo el motivo de su atención puesto en realidad aumentada, con la sensación y convicción en el público de la sensación de estar situado ahí, en ese espacio físico, con el auxilio informacional en escala real o reducida del modelo de lo que fue, con su volumetría y espacialidad, en contrastada correspondencia con las que tuvo otrora. Es una visión nueva de lo cultural, manejada su presentación como un espectáculo museográfico dentro de instituciones museales y galerísticas, ampliada a los recorridos por sitios de interés de la ciudad.
La imagen de la realidad aumentada tiene la ventaja de exceder con mucho la condición perceptiva fija y plana de la fotografía, recurso antes y aun ahora muy utilizado. En su lugar, la 3D introduce un acercamiento directo a la volumetría de lo mostrado, lo cual es tremendamente convincente a pesar de su condición de imagen virtual, pues multiplica el nivel de información espacial por varias vías sensoriales asociadas, y no solo la visual, si así está dispuesto. De modo que la novedosa experiencia de la realidad aumentada resulta más vivencial, directa e inolvidable al recuerdo, incluso después de un extenso paso del tiempo transcurrido de esa experiencia emocional muy fuerte.
La RA puede servir para instruir al usuario sobre el proceso de restauración e intervención de una obra de arte, edificación o sitio, además de acercar a un público mayoritario no especializado, para dar a conocer acerca de las tareas de conservación y restauración realizadas sobre ese objeto cultural (mueble o inmueble), contribuyendo a la difusión de las recientes investigaciones en el campo del patrimonio cultural y al conocimiento público más abarcador de esas obras.
“La RA puede servir para instruir al usuario sobre el proceso de restauración e intervención de una obra de arte, edificación o sitio (…)”.
Con lo logrado hasta hoy puede imaginarse el grado de espectacularidad que podrían lograr en las próximas décadas los museos y centros de interpretación, a partir del empleo de las nuevas tecnologías de la RA en continuo desarrollo, como un modo efectivo de atraer de modo educativo a grandes públicos de muy diversas edades, formaciones culturales y pluralidad de intereses. Ha entrañado un paso técnico de gigante respecto a las antiguas reconstrucciones de la vida animal o humana, recreadas en los museos en los antiguos dioramas [1] y maquetas [2] aun utilizados, y en la técnica del cine décadas atrás, de superponer cristales pintados delante de la cámara para ubicar la escena en contextos originarios imposibles ya de filmar o reconstruir físicamente. Es una apertura a la imaginación. Un modo diferente a lo relatado, respecto a los textos de historiadores, novelistas y a la propia radiodifusión que en los años treinta y cuarenta impactó por novedosa en la imaginación del público, sugiriendo los modos de ser y de haberse comportado los hechos a que se hacía referencia.
La realidad aumentada se inscribe en una cadena de oportunidades que nuevos medios tecnológicos emergentes han ido ampliando en la capacidad de información a acceder. Por tanto, ha de verse su empleo en perspectiva histórica dentro de una encadenada red de esfuerzos humanos por comunicar valores públicamente, en el cual la RA es solo un modo muy atrayente en el presente. Podría pensarse su aplicación en grandes y famosos parques de diversiones, en espectáculos musicales o grandes ferias de arte, con el reto de asumir nuevas propuestas desbordadas a la imaginación, resultando una atracción aún más seductora en sus presentaciones, y, no obstante, abaratando los costos en equipamiento de su cuantiosa inversión inicial, dada la enorme amplitud de público que acudiría a tener esas sensacionales experiencias de aproximarse a unos pasos a objetos, edificaciones y modos de vida de épocas pasadas, o recreaciones artísticas hasta fantásticas o futuristas, puestas a disposición de públicos muy diversos con la gama de intereses culturales que los puedan satisfacer.
Notas:
[1] El diorama sería en el siglo XX de un amplio uso en los museos de muchas partes del mundo con vista a recrear escenas naturales o ambientes de la vida social de épocas pasadas.
[2] Una maqueta es un montaje a menor o mayor escala de un objeto, artefacto u edificio, encargado de mostrar la función, volumetría y los detalles internos o externos, o bien para destacar algo que por su escala real es imposible presentar en el espacio de una institución. En ocasiones se ubica delante de un fondo pintado de manera que simule un entorno y escena real, pudiendo completarse con efectos de iluminación, sea de la naturaleza, ciudades, eventos históricos, batallas, etc. con fines educativos o de entretenimiento.
Bibliografía:
Abril Redondo, Daniel (S/F). Realidad Aumentada. Universidad Carlos III de Madrid.
Azuma, Ronald. (1997). A survey of augmented reality. Presence, 6(4):355–385.
Bimber, O., Raskar R., e Inami, M. (2007): “Spatial Augmented Reality”, SIGGRAPH 2007 Course 17 Notes, https://www.cct.lsu.edu/~fharhad/ganbatte/siggraph2007/CD1/content/courses/ c17/c17.pdf
Raskar, R., Welch, G., y Fuchs, H. (1999): “Spacially augmented reality”, en Reinhold Behringer, Gudrun Klinker, y David W. Mizell (Eds.), Proceedings of the international workshop on augmented reality: placing artificial objects in real scenes, USA: A. K. Peters, Ltd., Natick, MA, pp. 63-72.
Rigueros, C. (2017). La realidad aumentada: lo que debemos conocer. TIA (Tecnología, Investigación y Academia), 5(2), pp. 257-261.
Ruiz Torres, David. La Realidad Aumentada y su dimensión en el arte. (2011). La obra aumentada. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia. Murcia (España). Arte y políticas de identidad 2011, vol. 5 (diciembre), pp.129-144.
Zettin, Minda. Misconceptions About Augmented Reality. http://www.oracle.com/us/corporate/profit/big-ideas/012715-bi-tl-augmented-sidebar-2415737.html.


