Las elecciones del 3 de noviembre ya están a menos de 100 días de distancia y los datos de las encuestas nacionales señalan un rechazo sostenido y creciente a las políticas del presidente Donald Trump, lo que apunta a la probabilidad de la pérdida de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes y la posibilidad de ese mismo resultado en la de Senadores.
El resultado de 928 encuestas nacionales realizadas desde enero de 2025 hasta la fecha muestra un patrón de una opinión pública contraria a las políticas del presidente Donald Trump: cerca del 60 por ciento de los estadounidenses rechaza las políticas del gobierno y el 70 por ciento piensa que la economía está en mal estado.
Las encuestas realizadas durante los últimos tres meses sitúan la aprobación presidencial en alrededor del 39 por ciento y la desaprobación cerca del 57 por ciento, una diferencia promedio superior a los 18 puntos porcentuales. Prácticamente ninguna encuesta reciente ubica a Trump con una aprobación superior a su desaprobación.
Según la encuesta más reciente de AP-NORC, divulgada por la agencia de noticias La Prensa Asociada, apenas el 37 por ciento de los estadounidenses aprueba la gestión presidencial, mientras el 62 por ciento la desaprueba. El dato adquiere mayor relevancia porque prácticamente coincide con los resultados obtenidos simultáneamente por Reuters-Ipsos, YouGov, CBS News, Fox News, Quinnipiac y Pew Research.
Normalmente, los presidentes pierden apoyo público en las elecciones intermedias donde se renueva la totalidad de los 435 escaños en la Cámara de Representantes y un tercio de los 100 asientos en el Senado, pero en el caso de Trump estamos presenciando niveles muy altos de desaprobación, quizá comparables a los que tenía el presidente Harry S. Truman, quien tenía el 67 por ciento de desaprobación previo a los comicios de 1946 donde perdió ambas cámaras.
Apenas el 37 por ciento de los estadounidenses aprueba la gestión presidencial, mientras el 62 por ciento la desaprueba según la encuesta más reciente de AP-NORC, divulgada por la agencia de noticias La Prensa Asociada
Históricamente, cuando la aprobación presidencial cae por debajo del 45 por ciento, las pérdidas para el partido en el poder suelen ser significativas. Bill Clinton perdió ambas cámaras en 1994; Barack Obama perdió la Cámara de Representantes en 2010; el propio Trump sufrió una derrota similar en 2018; y Joe Biden perdió la Cámara en 2022 pese a mantener niveles de aprobación superiores a los que hoy registra Trump.
La debilidad presidencial no se limita a la evaluación general del gobierno. Los indicadores temáticos muestran un desgaste igualmente profundo. Solamente un tercio de los estadounidenses aprueba la conducción económica de Trump, mientras dos terceras partes la desaprueban. Siete de cada diez estadounidenses consideran que la economía atraviesa una mala situación y tres cuartas partes opinan que el país avanza en la dirección equivocada.
Naturalmente, la aprobación presidencial no determina por sí sola el resultado electoral. Otros factores como la distribución territorial del voto, la calidad de los candidatos, el grado de movilización partidista y la composición específica del mapa electoral juegan un papel importante en el resultado final de las elecciones intermedias. Sin embargo, la aprobación presidencial es uno de los indicadores estructurales más sólidos para anticipar el ambiente político nacional que, hoy, favorece claramente a la oposición y predice un voto de castigo.
La vulnerabilidad de los republicanos parece ser más alta en la Cámara de Representantes. A diferencia del Senado, donde únicamente se renueva un tercio de los escaños y las dinámicas estatales adquieren un peso considerable, la Cámara responde mucho más directamente al clima político nacional. Con una mayoría republicana relativamente estrecha, bastaría un desplazamiento moderado del voto independiente en algunos distritos suburbanos para alterar el control legislativo.
Solamente un tercio de los estadounidenses aprueba la conducción económica de Trump, mientras dos terceras partes la desaprueban según los indicadores temáticos que muestran un desgaste profundo
La encuestadora Cook Political Report identifica un número creciente de distritos competitivos que anteriormente favorecían a los republicanos y ha comenzado a mover varias contiendas hacia el campo demócrata. Sin embargo, la misma agencia afirma que el resultado potencial en por lo menos 221 de los 435 distritos electorales del país será favorable a los candidatos republicanos.
El Senado ofrece un panorama más complejo. Los republicanos mantienen una ventaja inicial de 53 a 47 escaños y los demócratas necesitan obtener una ganancia neta significativa para recuperar el control. Las elecciones senatoriales dependen mucho más de factores locales y algunos candidatos republicanos podrían superar el desempeño nacional de Trump en estados donde conservan un fuerte respaldo personal. En consecuencia, la pérdida del Senado resulta posible, pero considerablemente menos segura que la de la Cámara.
Existe además un elemento que modera cualquier conclusión demasiado categórica. Los demócratas tampoco disfrutan de niveles elevados de popularidad. Las mismas encuestas muestran que ambos partidos registran opiniones desfavorables cercanas al 50 por ciento. En otras palabras, el desgaste de Trump no se ha traducido automáticamente en un entusiasmo equivalente hacia la oposición. Parte importante del electorado parece expresar más un rechazo al gobierno que un respaldo decidido al Partido Demócrata.
Precisamente por ello, el principal desafío republicano no consiste únicamente en mejorar la imagen del presidente, sino en evitar que el creciente malestar económico y político se transforme en un voto correctivo durante noviembre. Las elecciones intermedias suelen funcionar como un mecanismo mediante el cual los votantes restablecen contrapesos institucionales frente al Ejecutivo.
A poco más de tres meses de la elección, el escenario todavía puede modificarse
Cuando además coinciden una desaprobación presidencial cercana al 60 por ciento, una evaluación económica predominantemente negativa y una percepción ampliamente compartida de que el país marcha por el rumbo equivocado, las condiciones históricas para ese voto de corrección se fortalecen considerablemente.
A poco más de tres meses de la elección, el escenario todavía puede modificarse. Una recuperación económica, un cambio en la percepción sobre la inflación, un éxito importante en política exterior o errores estratégicos de los demócratas podrían alterar parcialmente la trayectoria actual.
Sin embargo, si las tendencias observadas en casi un millar de encuestas nacionales continúan durante el otoño, los republicanos llegarán a las urnas defendiendo el Congreso desde una posición de debilidad poco habitual para un presidente que apenas habrá cumplido dos años de mandato.
Más que una simple caída en las encuestas, lo que muestran estos datos es la consolidación de un clima político adverso. Y en la historia contemporánea de Estados Unidos, pocos gobiernos han logrado conservar intacto su poder legislativo cuando ese clima se instala de manera tan persistente.



