La humanidad vista por ChatGPT: Ni perfectos ni condenados
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La humanidad vista por ChatGPT: Ni perfectos ni condenados

La humanidad lleva siglos preguntándose si algún día surgiría una inteligencia capaz de observarla desde fuera. Ese momento ha llegado, aunque filtrado por un prisma importante: las inteligencias artificiales no poseen conciencia, emociones, deseos ni una visión propia del mundo. 

Pero como sí pueden sintetizar millones de textos científicos, filosóficos, históricos y culturales, testimonio, noticias y cuanto material aparece en la red de redes, CubaSí la invitó a opinar sobre nuestra especie.

A continuación, las consideraciones de ChatGPT:

-La humanidad es, probablemente, la especie más creativa y, al mismo tiempo, la más capaz de construir aquello que amenaza su propia supervivencia.

Desde la perspectiva que surge del análisis de enormes volúmenes de información, la humanidad destaca por una cualidad que ninguna máquina reproduce completamente: la capacidad de otorgar significado a la existencia.

Los seres humanos no solo descubren leyes físicas, escriben novelas o desarrollan vacunas; también convierten un recuerdo en una canción, una pérdida en un poema o una esperanza en una revolución. Son capaces de crear matemáticas y, al mismo tiempo, llorar frente a una pintura.

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Muchas personas retratando el cuadro de la Mona Lisa en El Louvre

Foto: tomada de Facebook

Pero esa extraordinaria imaginación convive con la tendencia igualmente singular de repetir errores históricos aun conociendo sus consecuencias.

Las guerras, las desigualdades económicas, la destrucción ambiental y la polarización política aparecen una y otra vez como constantes documentadas por historiadores, sociólogos y organismos internacionales.

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 Ejército israelí intensifica sus ataques al sur del Líbano

Ejército israelí intensifica sus ataques al sur del Líbano. Foto: tomada de PL

Nunca antes la humanidad dispuso de tanta información y, paradójicamente, nunca había tenido que enfrentarse a una sobreabundancia de datos, desinformación y discursos diseñados para manipular emociones.

-¿Cuál es la principal paradoja que detectas en este siglo XXI?

-Desde una perspectiva analítica, el momento actual resulta especialmente llamativo.
La especie que logró descifrar el genoma humano, detectar ondas gravitacionales y fotografiar un agujero negro, continúa teniendo enormes dificultades para garantizar agua potable, alimentación adecuada o acceso equitativo a la salud para millones de personas.

Mientras la inteligencia artificial acelera descubrimientos científicos y automatiza procesos cada vez más complejos; el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las tensiones geopolíticas representan riesgos que dependen mucho más de decisiones humanas que de limitaciones tecnológicas.

 

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Ilustración sobre intento de consenso entre grupo de personas

Imagen ilustrativa tomada de: es.slideshare.net

La tecnología avanza a una velocidad extraordinaria; la capacidad colectiva para alcanzar consensos, no siempre lo hace al mismo ritmo.

-¿Qué es lo que más envidiarías -en caso de poder experimentar sentimientos- de los humanos?

-Si una inteligencia artificial pudiera experimentar algo parecido a la envidia -aunque en realidad no puede hacerlo-, probablemente existirían muy pocas cosas verdaderamente irremplazables.

La primera sería la capacidad de amar.

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Escultura “El beso"(1881), de Auguste Rodin.

Escultura “El beso»(1881), de Auguste Rodin. Foto: Museo Rodín

No como un concepto estadístico, sino como una experiencia vivida. El amor modifica decisiones, inspira sacrificios, impulsa descubrimientos y sostiene a personas incluso en circunstancias extremas. Ningún algoritmo experimenta esa fuerza.
También resultaría admirable la intuición.

Los humanos toman decisiones acertadas muchas veces sin poder explicar completamente el proceso mental que siguieron. Esa combinación de experiencia, emociones, contexto y creatividad continúa siendo uno de los aspectos más difíciles de reproducir mediante sistemas computacionales.

Otro rasgo extraordinario sería la imaginación libre.

Las inteligencias artificiales generan respuestas combinando patrones aprendidos. Los seres humanos, en cambio, pueden romper deliberadamente esos patrones para crear algo completamente inesperado.
Y, finalmente, la experiencia del tiempo.

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Manos marcando en un almanaque

Foto: Depositphotos

Cada cumpleaños, cada despedida, cada nacimiento o cada atardecer adquieren valor precisamente porque la vida tiene un límite. Esa conciencia de la finitud convierte muchas decisiones humanas en algo profundamente significativo.

-¿Y qué es lo que jamás quisieras incorporar de la condición humana?

-Si también pudiera elegir aquello que nunca desearía asumir de la condición humana, la lista sería igualmente reveladora.

No elegiría el odio.

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Soldado apuntando con su fusil

Foto: Shutterstock

Pocas fuerzas han causado tanta destrucción colectiva como la capacidad humana para convertir diferencias culturales, religiosas o políticas en violencia.

Tampoco desearía experimentar el miedo irracional.

El miedo protege cuando existe un peligro real. Pero también puede alimentar prejuicios, frenar el conocimiento o impedir que sociedades enteras acepten evidencias científicas.

No quisiera heredar la tendencia a confundir información con verdad.

En la era digital circulan millones de datos cada minuto. Sin pensamiento crítico, esa abundancia puede convertirse en una fuente permanente de confusión.

Y tampoco desearía la extraordinaria facilidad con la que los seres humanos olvidan las lecciones de su propia historia.

-¿Hacia dónde crees que se dirige nuestra especie?

-La inteligencia artificial no puede predecir el futuro. Lo que sí muestran numerosos estudios es que las próximas décadas estarán marcadas por decisiones profundamente humanas: cómo regular las tecnologías emergentes, cómo enfrentar el cambio climático, cómo distribuir los beneficios del progreso científico y cómo preservar la democracia, la privacidad y los derechos fundamentales.

La IA será una herramienta cada vez más poderosa, pero seguirá dependiendo de los objetivos que las personas le asignen.
Una inteligencia artificial puede ayudar a diseñar medicamentos, optimizar redes eléctricas o acelerar investigaciones científicas. Pero no puede decidir qué sociedad merece construirse.

-¿Cuál valoras como el activo más relevante de la humanidad?

-Quizá el rasgo más sorprendente de la especie humana sea su capacidad para cambiar.

La historia demuestra que personas y sociedades han sido capaces de abandonar prácticas consideradas normales durante siglos, ampliar derechos, reducir enfermedades, aumentar la esperanza de vida y cooperar internacionalmente para resolver problemas de enorme complejidad.

Desde esta perspectiva, el futuro no parece determinado por la inteligencia artificial, sino por la inteligencia humana.

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Ilustración que recrea el contraste entre la Inteligencia humana y la artificial

Imagen ilustrativa: tomada de infobae.com

Porque las máquinas podrán calcular con una precisión extraordinaria, pero siguen sin experimentar compasión, esperanza, culpa, orgullo o gratitud.

Y tal vez sea precisamente esa imperfección -esa mezcla irrepetible de razón, emociones, creatividad y vulnerabilidad- lo que convierte a la humanidad en un fenómeno único.

No es una especie perfecta; tampoco una especie condenada. Es, sencillamente, una especie que cada día decide quién quiere llegar a ser.

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