
Foto: István Ojeda Bello
Se acabó la larga espera. Dieciséis años de frustraciones, promesas rotas y finales esquivas se desvanecieron este martes sobre la arcilla del Estadio Julio Antonio Mella.
Los Leones de Industriales, desafiando todos los pronósticos que los daban por víctimas al inicio del torneo, rugieron con fuerza en el propio terreno de sus encarnizados rivales tuneros para derrotarlos con pizarra de 8-2.
Con este triunfo, la escuadra azul sentenció la serie por la corona con un categórico balance de 4-1 y regaló nuevamente el trofeo de campeones a la capital cubana.
Los pupilos de Guillermo Carmona no solo conquistaron el campeonato en el indomable territorio verdirrojo –el equipo más estable de los últimos años con dos coronas recientes–, sino que lo hicieron desmantelando la mística de un escenario donde históricamente los sueños capitalinos solían apagarse.
La artillería de Industriales se encargó de marcar el territorio desde temprano, silenciando el entusiasmo del graderío local. Aunque los Leñadores tomaron la delantera, la respuesta azul fue implacable.
En el segundo capítulo Yasiel Santoya niveló el marcador con un oportuno doblete. En el cuarto episodio la ofensiva capitalina desató su poder de largometraje: Andrys Pérez despachó un largo cuadrangular y, poco después, el propio Santoya imitó la hazaña al desaparecer la pelota por todo el jardín izquierdo.
Ese racimo de conexiones expulsó de la loma al estelar zurdo Geonel Gutiérrez, quien cargó con el revés tras admitir cinco anotaciones, la última de ellas remolcada por un biangular de Carlos Nieto.
En las postrimerías del choque los Leones continuaron con hambre de carreras. Ariel Hechavarría empujó la séptima con un elevado de sacrificio en el octavo y Yaser Julio González le puso el cuño a la victoria en el noveno con un imparable productor frente a José Carlos Sarría.
Desde el montículo de los martirios, el joven Fher Cejas volvió a erigirse como el gran héroe de la rotación azul. Se adjudicó su segundo triunfo de esta gran final tras completar cinco sólidos episodios en los que apenas permitió tres inatrapables y una carrera limpia.
El relevista Andy Vargas asumió la responsabilidad en el sexto capítulo y toleró una anotación empujada por sencillo del experimentado Yosvani Alarcón.
Sin embargo, el cerrojo definitivo lo puso el taponero Yuniel Batista. El cerrador estelar retiró los últimos seis outs del desafío, un colofón de lujo que no solo aseguró el título, sino que le permitió ser proclamado de manera unánime el Jugador Más Valioso de la postemporada.
Este campeonato pasará a la historia como el triunfo de un colectivo que eligió creer cuando pocos lo hacían. Debilitado inicialmente por la ausencia de figuras consolidadas en ligas profesionales extranjeras, Industriales apostó por el trabajo silencioso.
El mánager Guillermo Carmona, de conjunto con la Dirección de Deportes de La Habana, estructuró un plan de refuerzos preciso que encajó a la perfección dentro del engranaje.
Los peloteros incorporados aportaron rendimiento técnico, respetaron y honraron la mística de la camiseta de letras góticas, fusionándose con la base del plantel para crear una química de camerino indestructible.
Industriales demostró ser, de principio a fin, el indiscutible rey de la temporada. Dominó con holgura la fase clasificatoria, impuso su jerarquía en semifinales ante los combativos Huracanes de Mayabeque y coronó su obra sometiendo a un digno rival como Las Tunas en el cuartel general de estos.
Con este triunfo, los Leones reviven el linaje de la histórica franquicia de 12 Series Nacionales. El equipo que despierta las mayores pasiones y controversias en el país vuelve a poner a La Habana en el epicentro dorado del beisbol cubano.
