
AP
El embajador de Cuba ante Naciones Unidas, Ernesto Soberón Guzmán, afirmó que quiere saber por qué Washington sigue acumulando sanciones que obstaculizan la apertura económica que lleva décadas demandando en la Isla y que el régimen estaría facilitando con sus 176 medidas anunciadas en junio.
En una entrevista con la agencia de noticias AP, el funcionario dirigió su pregunta al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio: «¿A qué le tienen miedo? Si están tan convencidos de que el Gobierno cubano es un Gobierno incompetente, ¿por qué necesitan implementar casi cada dos semanas nuevas sanciones?», cuestionó.
El Departamento de Estado respondió a una solicitud de comentarios de AP con una cita de Rubio en la que señala que se seguirán anunciando sanciones cada par de semanas para cerrar «las válvulas de escape que están tratando de crear en cada mecanismo».
El jueves, Estados Unidos impuso más penalizaciones económicas al tejido industrial cubano apuntando a empresas estatales de minería, metalurgia y construcción.
De acuerdo con Soberón Guzmán, las sanciones son el principal obstáculo para que Cuba abra su economía. Señaló que el impacto de las medidas de Estados Unidos —en especial la escasez de electricidad y la falta de combustible para operar un negocio o viajar— ha ahuyentado a inversionistas y turistas, una fuente importante de ingresos para el país.
Algunas empresas se han marchado de la Isla, como la cadena hotelera española Meliá, así como otras empresas similares, que administraban decenas de instalaciones turísticas.
«Literalmente, Estados Unidos ha hecho todo lo imaginable para tratar de disuadir a los inversionistas extranjeros», afirmó a AP William LeoGrande, profesor en la American University y experto en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
«Cuando dicen ‘Bueno, queremos ver a Cuba abrirse a la inversión extranjera’, no están siendo sinceros (…) No es posible que lo logren sin algún tipo de alivio de sanciones», dijo.
No obstante, añadió, el objetivo del Gobierno de Donald Trump «no es solo abrir Cuba económicamente, sino derrocar al Gobierno cubano, cambiar la naturaleza del sistema político cubano». Esto último ha sido reconocido por varios funcionarios de EEUU, en especial por Rubio, quien ha insistido en que sin un cambio de régimen una reforma económica no atenderá el origen del problema.
John Kavulich, presidente del Consejo de Comercio y Economía Estados Unidos-Cuba, dijo que La Habana se vio obligada a hacer cambios cuando perdió su salvavidas económico con al arresto por parte de Estados Unidos del dictador de Venezuela, Nicolás Maduro, en enero.
«El resultado es que, en los últimos ocho meses, el Gobierno cubano ha hecho más cambios comerciales, económicos y financieros en el país que todos los realizados en conjunto desde la revolución», apuntó.
«Pero desde nuestro punto de vista, faltan dos elementos: por un lado, que Cuba implemente mediante regulaciones todo lo que ha anunciado, y en segundo lugar, que el Gobierno de Trump permita a las empresas estadounidenses tener más acceso al mercado cubano mientras estos cambios están en marcha», afirmó.
Las 176 medidas anunciadas a bombo y platillo por La Habana incluyen un mayor margen para los negocios privados, importaciones y exportaciones sin el Estado como intermediario, la contratación libre de personal, la autorización de bancos privados, la posibilidad de que los cubanos inviertan en el extranjero, entre otras.
No obstante, no existen regulaciones ni seguridad jurídica que garanticen que no serán revertidas. De hecho, luego de derogarlos, en una presunta señal de apertura, días atrás las autoridades restablecieron los topes de precios sobre productos alimenticios críticos, provocando un aumento de sus precios y empeorando la escasez de estos.
Christopher Hernández-Roy, director interino del programa de las Américas en el Center for Strategic and International Studies, recordó que la última apertura económica bajo el Gobierno demócrata del presidente Barack Obama «fue frenada más tarde por los propios dirigentes cubanos, que temían que la apertura fuera demasiado lejos y pareciera amenazar el control político».
En la actualidad, agregó, parece que los cubanos quieren realmente reformas económicas e inversión externa. Las reformas económicas de Díaz-Canel no son imposibles, pero las sanciones de Estados Unidos «limitan significativamente sus perspectivas de éxito», señaló Hernández-Roy.
Destacó la ironía de que la presión estadounidense «está ayudando a empujar a los cubanos hacia una mayor liberalización económica por necesidad, al tiempo que limita los recursos y el acceso necesarios para que esas reformas realmente mejoren la economía».
Marco Rubio calificó a Cuba en julio como un «Estado fallido» con «un mal modelo económico» y manifestó que sus dirigentes «no saben lo que hacen» ni «cómo arreglar su economía».
«Creo que el desafío que Cuba ha enfrentado durante los últimos 15 años es que quieren mejorar un poco su economía, pero temen que si la mejoran demasiado perderán el control político sobre la gente», dijo.
Rubio sostuvo que Estados Unidos está preparado «para hacer lo que podamos para concretar un cambio positivo en Cuba, porque afecta directamente a nuestra seguridad nacional. Y queremos que Cuba sea próspera. Queremos que Cuba sea libre», enfatizó.
Por su parte, Soberón Guzmán afirmó que en medio del conflicto bilateral la buena noticia es que hay contactos entre Washington y La Habana. Pero rechazó dar detalles de lo que describió como «conversaciones muy sensibles».
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La dictadura tiene la solución, entreguen Cuba y todo se arregla.
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