La imagen de los primeros remedianos congregados bajo un frondoso tamarindo para escuchar la primera misa que daría origen a Santa Clara resulta una de las estampas más arraigadas en el imaginario colectivo de la ciudad.
Sin embargo, los historiadores coinciden en que la fundación de la villa -ocurrida el 15 de julio de 1689- fue un proceso impulsado por intereses económicos, y no por el temor a los piratas, como durante siglos se creyó.
El desplazamiento de los vecinos de San Juan de los Remedios hacia el interior no respondió a una huida desesperada ante los ataques corsarios, sino a una estrategia de poblamiento y explotación ganadera de las tierras del centro de Cuba.

Los historiadores Hernán Venegas Delgado, Carmen Guerra Díaz y Natalia Raola Ramos demostraron entre 1985 y 1999 que el verdadero móvil fue económico, aunque el miedo a la piratería sí influyó como un elemento subjetivo.
De 1667 a 1668 ocurrieron los últimos ataques de envergadura a Remedios, y la aprobación del traslado aconteció en 1684. Si la causa principal hubiera sido la piratería, se habría ejecutado de inmediato, no 17 años después, explicó a la Agencia Cubana de Noticias Judiel Reyes Aguilar, secretario de Comunicación y Relaciones Públicas de la Unión de Historiadores de Cuba en Villa Clara.
Asimismo, la historiadora Hedy Hermina Águila Zamora señala que, a finales del siglo XVII, las tierras costeras ya se habían mercedado y existía la necesidad de poblar y mercedar hatos y corrales para el fomento de la cría de ganado en las zonas mediterráneas.
“El interior de la isla adquiría cada vez más importancia y valor. El traslado fue una decisión económica, no un acto de pánico”, afirmó.

La división de los propios remedianos, en defensa de sus tierras, es otra prueba de que primó el factor económico.
Destacan las luchas entre el cura Cristóbal Bejarano, que abogaba por el traslado a su hacienda Santa Fe, y el cura José González de la Cruz, quien creó un andamiaje de fantasías con el alegato de que la villa estaba endemoniada para favorecer su hacienda El Copey.
Estos enfrentamientos fueron tema de inspiración para la obra Historia de una pelea cubana contra los demonios (1959), de Fernando Ortiz.
La propuesta de González de la Cruz triunfó temporalmente y se decretó, por Real Cédula del 29 de enero de 1684, el permiso para trasladarse a su hacienda Santa Marta de Guadalupe. Sin embargo, las divergencias impidieron la ejecución.
Fue el 11 de febrero de 1688 cuando el Capitán General Diego Antonio de Viana Hinojosa y el Obispo Diego Evelino de Compostela ordenaron que el traslado se efectuara de inmediato, y en marzo de 1688 el Cabildo envió emisarios a La Habana para solicitar que se desechara El Copey y se realizara en la hacienda de Antonio Díaz, argumentando que aquel sitio no reunía condiciones propicias.
Finalmente, el 14 de junio de 1689 fue aprobado el traslado para la hacienda de Antonio Díaz, ejecutado el 15 de julio de ese año, fecha que devino fundación de la villa.
“El temor a la piratería solo fue parte de la narración legendaria”, concluye Águila Zamora.



En la obra literaria Leyendas santaclareñas se recoge cómo este miedo a los piratas se arraigó en el imaginario popular, pese a que la ciudad está enclavada en el interior, sin acceso al mar.
La leyenda La casa de los muertos, narrada por Manuel García Garófalo Mesa, es un ejemplo de cómo el personaje del pirata John O’Burke atormentó a los habitantes de la recién fundada villa y se alimentó así un relato que, aunque ficticio, ha perdurado por generaciones.
(Con información de la Agencia Cubana de Noticias)
