“La Revolución tiene en las mujeres cubanas hoy día un verdadero ejército, una impresionante fuerza política”
Fidel Castro
María Cristina Santamaría Hernández se considera una mujer de pocas
palabras, sobre todo si siente la presión de algún micrófono inquieto que le
embosca y busca capturar sus esencias. Escueta en expresiones, denota ser
de las que esquiva decir sobre sí misma, porque prefiere predicar con el
ejemplo, dar fe del buen actuar con la contundencia de los hechos.
Pero basta observarla para entender que su silencio no es vacío, sino una
pausa elocuente. Su mirada, serena pero firme, cuenta historias que sus labios
no pronuncian. Esa es la paradoja de María Cristina: una mujer que se define
como parca en palabras, pero cuya vida es un discurso entero sobre la
entrega, la disciplina y el amor por lo que hace.
Durante tres décadas esta espirituana, devenida matancera, estuvo vinculada
al Ministerio del Interior (Minint), donde obtuvo el grado de mayor. Las
jerarquías militares le enseñaron que el verdadero liderazgo se ejerce desde la
cercanía, desde el ejemplo, desde la convicción de que servir es la más alta de
las dignidades. Hoy, la pedagogía es su nueva razón de ser, junto al quehacer
dentro de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), donde sobresale por su
entrega incondicional.
“Soy militante del Partido Comunista de Cuba —dice con la naturalidad de
quien asume su militancia como un latido más de su existencia—, pertenezco a
los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), a la FMC y, por supuesto, a la
Asociación de Combatientes de la Revolución. Me dedico a apoyar a las
organizaciones de masa, junto a mi rol como docente en una secundaria
básica”.

Decir mujer es decir vida, fuerza, memoria y futuro. Es semilla y cosecha, río
que avanza aun cuando las piedras pretenden detenerlo, voz que transforma
silencios, y adversidad que se vuelve horizonte. María Cristina encarna cada
una de esas metáforas con la naturalidad de quien no necesita adornos para
ser extraordinaria.
“Pese a la edad que tengo, y de estar ya jubilada, me mantengo activa en
todas las actividades que puedan ayudar en el proceso revolucionario”. No
concibe la quietud. Su energía parece inagotable, como si el tiempo, en lugar
de pasar sobre ella, lo hiciera por su lado, respetando su pisada firme.
“A los 14 años fue que comencé en la FMC, ocupando diferentes cargos, ya
sea en la base o en la delegación con el bloque. Actualmente, me desempeño
como secretaria del bloque 90, de la circunscripción 46, en La Playa. He
participado en asambleas municipales y provinciales, aportando mis ideas, mi
granito de arena”.
Con esa edad, 14 años, muchas niñas apenas comienzan a descubrir el
mundo; pero ella ya había encontrado su lugar en él. Desde entonces, su vida
ha sido un continuo tejer de redes, un construir colectivo que no se agota en
los títulos ni en los reconocimientos, sino en el trabajo cotidiano, en la
presencia constante, en la mano tendida.
“En este bloque hemos trabajado de forma ardua y sistemática. Cuento con
cuatro delegaciones que funcionan como equipo. Recientemente, fuimos
visitados por la secretaria general de la FMC, Teresa Amarelle Boué, por
nuestros resultados en líneas como la entrega puntual de cotización, trabajos
voluntarios y otras actividades que contribuyen al buen desarrollo de la mujer y
su inserción en la sociedad”.
Las mujeres líderes son brújulas en tiempos de incertidumbre: abren caminos
allí donde antes había muros y convierten los desafíos en oportunidades para
el cambio. Su liderazgo no se reduce a ocupar un cargo; nace de la capacidad
de escuchar, inspirar, decidir con firmeza y construir con otros una visión
compartida. María Cristina es, sin duda, una de esas brújulas. No necesita
mapas, porque su rumbo lo traza el corazón; un corazón entrenado en la
disciplina del Minint y en la ternura de la pedagogía.
“Tenemos un proyecto que queremos llevar a cabo relacionado con el rol de la
mujer en la comunidad, ideas que se están llevando a consenso, y que
considero que en próximos meses ya estará en ejecución.
“Debo agradecer a todo el colectivo de federadas que me rodean y me han
apoyado en este bonito trabajo. Gracias a ellas hemos alcanzado los
resultados deseados, que han estado acompañados de un sinnúmero de
felicitaciones por los logros”.
Versátil e indetenible, esta matancera por elección asegura que lo que más le
gusta es su quehacer con la FMC, estar en colectividad con sus delegadas,
movilizar y transformar a la comunidad. No hay para ella mayor satisfacción
que ver a otras mujeres crecer, organizarse, encontrar en la Federación un
espacio donde ser escuchadas y donde, juntas, construir una sociedad mejor.
Sus condecoraciones hablan de una vida de servicio: las distinciones por los
10, 15 y 20 años en el Minint; las medallas por el 40 y 50 aniversario del
Ministerio del Interior; la medalla 28 de Septiembre; la del 30 aniversario de los
CDR; además, tres condecoraciones por Servicio Distinguido. Pero si algo
resalta a María Cristina no es el metal en su pecho, sino su entrega ilimitada.
Pareciese que esta fémina ya ha alcanzado la cumbre, pero se mantiene
incansable en su andar, en su perseguir sueños y transformar realidades, en su
lucha constante para lograr ese mundo mejor que sí considera posible.
María Cristina Santamaría Hernández es una mujer que sigue en camino, que
cada mañana se levanta con la certeza de que aún hay mucho por hacer, y que
el verdadero ejército del que hablaba Fidel no está en los cuarteles, sino en las
calles, en los bloques, en las aulas, en la entrega cotidiana de mujeres que,
como ella, desde la base, tejen la fuerza política de la Revolución.


