
Foto: AFP
Más de 221 personas han sido convertidas en polvo, como para que nadie las encuentre y mucho menos las identifique.
Las aguas del Caribe y el Pacífico Oriental han sido los lugares usados como una especie de campo de tiro –en este caso cohetes lanzados desde barcos de guerra estadounidenses–, en una operación denominada Lanza del Sur, que bien pudo tener el patronímico de «festín sangriento en aguas pacíficas».
Las víctimas pudieron haber salido a su faena de pesca, desde las costas de Venezuela, Ecuador, Colombia.
En el caso de los familiares de estos seres humanos, ni siquiera una comunicación para informar de sus muertes. Ni siquiera la más mínima posibilidad de poder llorar junto al féretro de los cadáveres del padre, hermano, hijo.
Esa realidad y ese escenario marítimo ensangrentado comenzó en el mes de septiembre del año 2025, y las víctimas contabilizadas corresponden a cifras hasta julio de 2026, según reportes noticiosos de The Washington Post.
El propio medio señala que el presidente Trump ha proclamado que los bombardeos han «prácticamente acabado» con el narcotráfico marítimo. Sin embargo, una evaluación no publicada de la DEA, citada por el diario, concluye que los ataques no han afectado el suministro ni el precio de la cocaína.
Los precios de la cocaína en las calles estadounidenses –publica The Washington Post– se mantienen estables (60-100 dólares por gramo).
Las incautaciones reportadas por Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) incluso aumentaron un 2 % tras los bombardeos, pasando de 25,69 toneladas en los diez meses previos a los ataques, a 26,17 entre septiembre de 2025 y junio de 2026.
El propio jefe del Comando Sur, Francis Donovan, reconoció en marzo ante el Senado que «los bombardeos no son la respuesta».
Ante la ausencia de resultados, el gobierno de Trump ha cambiado el tablero: ya no se trata de un «combate» antidrogas, sino de una cruzada ideológica, «la lucha contra el comunismo».
Y, suponiendo que, entre las personas asesinadas por la metralla estadounidense, haya alguno que otro implicado en temas de droga, ¿por qué entonces, se pulverizan sus cadáveres, de manera que no exista huella alguna?
Si Estados Unidos –como dice Trump– es el Gobierno más democrático del mundo (lo que muy pocos se pueden creer por supuesto), ¿por qué no se presentan pruebas y a alguno de los implicados –que no esté hecho polvo– para que sea la justicia quien determine?

