La era de los ordenadores que resuelven lo imposible: Computación cuántica, una realidad
5 de Septiembre Opinión Portada Tecnología

La era de los ordenadores que resuelven lo imposible: Computación cuántica, una realidad

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La computación cuántica ha dejado de ser una promesa teórica para convertirse en una realidad tangible que está redefiniendo los límites de lo posible.

El surgimiento de la computación cuántica no responde a un momento único de genialidad, sino a un proceso de maduración de ideas que conectaron la física con la teoría de la información a lo largo del siglo XX. Aunque los fundamentos se remontan a los primeros postulados de la mecánica cuántica, el concepto de un ordenador cuántico empezó a tomar forma en 1980, cuando el matemático ruso Yuri Manin publicó “Computable and Uncomputable” (Computable y no computable) y, casi simultáneamente, el físico Paul Benioff describió un modelo de computadora operando bajo leyes cuánticas.

El verdadero catalizador llegó en 1981, cuando Richard Feynman pronunció su célebre frase “la naturaleza no es clásica, maldita sea” en la primera conferencia sobre Física de la Computación organizada por el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts), argumentando que ningún ordenador clásico podría simular eficientemente un sistema cuántico y proponiendo construir una máquina que lo hiciera utilizando las propias reglas cuánticas.

Cuatro años después, en 1985, David Deutsch formalizó esta visión al describir el primer ordenador cuántico universal, estableciendo el concepto de puertas cuánticas y demostrando que podría simular cualquier sistema físico, lo que se considera el primer diseño concreto para una máquina de este tipo.

Foto: Creada por el autor con IA

La revolución teórica se consolidó en 1994, cuando Peter Shor, entonces en los laboratorios Bell, presentó su algoritmo de factorización de números enteros en tiempo polinómico, un descubrimiento que demostró no solo la superioridad de la computación cuántica para un problema práctico sin relación directa con la física, sino que también puso en jaque los sistemas de cifrado RSA (Rivest, Shamir y Adleman) que protegen las comunicaciones globales, despertando un interés masivo que impulsó la investigación gubernamental y corporativa.

Ya en 1998, se produjo la primera demostración experimental de un algoritmo cuántico cuando Jonathan Jones y Michele Mosca, en Oxford, ejecutaron el algoritmo de Deutsch en un sistema de dos qubits basado en resonancia magnética nuclear (RMN), un logro replicado poco después por el equipo de Isaac Chuang en IBM, marcando el inicio de la era de los prototipos físicos y sentando las bases para la carrera tecnológica que hoy define el panorama de la computación cuántica.

En octubre de 2025, Google Quantum AI anunció un hito que marca un antes y un después: su chip Willow, de 105 qubits, ejecutó el algoritmo Quantum Echoes para calcular estructuras moleculares con una velocidad 13.000 veces superior a la del superordenador clásico más potente del mundo, el Frontier, que habría necesitado más de tres años para completar la misma tarea.

Poco antes, en marzo de ese mismo año, la empresa D-Wave publicaba en la prestigiosa revista Science la primera demostración de supremacía cuántica útil: su computadora de recocido resolvió en minutos una simulación de materiales magnéticos que a un superordenador clásico le habría llevado casi un millón de años y consumido más electricidad que la que genera el planeta en un año. Este salto cualitativo, el paso de la “supremacía” abstracta a la “utilidad” práctica, abre las puertas a aplicaciones que hasta hace poco parecían ciencia ficción.

Foto: Tomada de Internet

El impacto potencial de esta tecnología es tan vasto como prometedor. En el ámbito farmacéutico, la capacidad de simular interacciones moleculares con una precisión sin precedentes podría acortar de décadas a meses el desarrollo de fármacos contra el cáncer o el Alzheimer.

En energía, permitiría diseñar baterías de estado sólido más eficientes y catalizadores para capturar CO₂, herramientas imprescindibles para la transición ecológica. Incluso en ciberseguridad, la computación cuántica plantea una paradoja: aunque amenaza con quebrar los sistemas de encriptación actuales, también ofrece la posibilidad de crear códigos matemáticamente inquebrantables.

Pero el verdadero desafío no es tecnológico: la revolución cuántica está profundamente polarizada. Un informe de la UNESCO publicado en mayo de 2026 revela que Europa y Norteamérica organizaron siete veces más eventos científicos sobre tecnología cuántica que África, una región que apenas ha logrado sumarse a la conversación. Los mismos países que lideran la carrera también están levantando barreras: la Ley COINS, incluida en la Ley de Autorización de Defensa Nacional de EE.UU. para 2026, prohíbe o restringe la inversión estadounidense en sistemas de información cuántica en naciones consideradas “de preocupación” .

La brecha digital que ya conocemos amenaza con ampliarse en la era cuántica, creando un abismo tecnológico que podría resultar insalvable. El informe de la UNESCO señala que una de cada tres personas investigadoras en el mundo no tiene acceso a instalaciones de investigación cuántica en sus instituciones, y dos tercios de los expertos encuestados citan el alto costo de los equipos como la barrera principal.

Pero el verdadero desafío no es tecnológico: la revolución cuántica está profundamente polarizada. Un informe de la UNESCO publicado en mayo de 2026 revela que Europa y Norteamérica organizaron siete veces más eventos científicos sobre tecnología cuántica que África, una región que apenas ha logrado sumarse a la conversación. Los mismos países que lideran la carrera también están levantando barreras: la Ley COINS, incluida en la Ley de Autorización de Defensa Nacional de EE.UU. para 2026, prohíbe o restringe la inversión estadounidense en sistemas de información cuántica en naciones consideradas “de preocupación” .

La brecha digital que ya conocemos amenaza con ampliarse en la era cuántica, creando un abismo tecnológico que podría resultar insalvable. El informe de la UNESCO señala que una de cada tres personas investigadoras en el mundo no tiene acceso a instalaciones de investigación cuántica en sus instituciones, y dos tercios de los expertos encuestados citan el alto costo de los equipos como la barrera principal.

Aunque la inversión global en tecnologías cuánticas superó los 557 mil millones de dólares en 2025, más de 150 países carecen de cualquier estrategia nacional en la materia. Esta concentración geográfica no es casual: Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y algunos países asiáticos han diseñado programas nacionales ambiciosos, mientras que el Sur Global observa desde la periferia cómo se configura una tecnología que podría determinar el desarrollo económico de las próximas décadas . La UNESCO ha lanzado la Iniciativa Global de Cuántica para intentar paliar esta desigualdad, ofreciendo acceso remoto a sistemas como el IBM Quantum System One en Cleveland para investigadores de países en desarrollo, pero el camino hacia una verdadera democratización es todavía incierto.

Foto: Creada por el autor con IA

Para Cuba, la exclusión del ecosistema cuántico global no es una casualidad histórica ni una consecuencia inevitable de su nivel de desarrollo, sino el resultado directo de un cerco deliberado que lleva más de seis décadas. La Ley COINS de 2025 incluye a la isla entre los países de preocupación, bloqueando cualquier inversión o transferencia tecnológica desde Estados Unidos en sectores críticos como la computación cuántica, los semiconductores o la inteligencia artificial. Mayra Arevich, ministra de Comunicaciones de Cuba, denunció ante la Cumbre Impact AI en Nueva Delhi que el bloqueo económico, comercial y financiero es el principal obstáculo para el desarrollo digital y tecnológico de nuestra nación, limitando el acceso a tecnologías y plataformas esenciales y comprometiendo incluso la sostenibilidad energética de su infraestructura digital.

Mientras otros países en desarrollo luchan contra la falta de inversión y la escasez de talento, Cuba enfrenta además una barrera política que convierte cualquier intento de modernización en una batalla cuesta arriba. La pregunta que surge, entonces, no es si la computación cuántica transformará el mundo, lo hará, y a una velocidad vertiginosa, sino quién estará en condiciones de beneficiarse de esa transformación y quién quedará atrapado en la periferia de la nueva era, mirando desde la oscuridad cómo otros construyen el futuro.

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